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La crisis de Abengoa, que llevó al grupo andaluz al preconcurso de acreedores, del que ha salido recientemente, es una muestra del pinchazo de la burbuja que se gestó en torno a las energías renovables, según el periodista Lalo Agustina, autor del libro “El ocaso del imperio del sol”.

La obra, editada por Península, narra el ascenso y la caída de Abengoa, que llegó a ser la mayor empresa de renovables de España y una de las más grandes del mundo.

En una entrevista concedida a Efe, Agustina -que cubre temas empresariales en La Vanguardia- destaca que Abengoa estuvo a punto de protagonizar la mayor quiebra de la historia de España.

Agustina explica que el ocaso de Abengoa fue “un duro golpe” para España, ya que la empresa llegó a tener la mitad de las plantas termosolares de todo el mundo y su deuda, de 25.000 millones de euros, suponía el 2,5 % del PIB nacional y equivalía al 60 % del dinero empleado para rescatar a la banca.

En relación al conocido como “boom” de las renovables, el autor subraya que este fenómeno se gestó por la necesidad de combatir el cambio climático y de hacer “un mundo más sostenible”.

En España, señala Agustina, el auge de las energías renovables surgió en 2004 gracias a las primas del sector, que favorecieron un desarrollo “descomunal” del mercado de las renovables.

Abengoa “se aprovechó” de ese crecimiento para apostar e invertir “miles de millones de euros” en las renovables, apostilla el periodista.

Según el autor de “El ocaso del imperio del sol”, Abengoa apostó muy fuerte por las energías limpias debido “a la ambición” de sus directivos, los hermanos Benjumea.

Entre las causas de este desproporcionado crecimiento, Agustina apunta que las renovables son “algo fantástico” e ir en contra de algo bueno “no es fácil”.

Además, entre las razones de la crisis de la compañía, Agustina subraya la expansión “desmedida” de la empresa, el endeudamiento “desaforado” y la agresiva internacionalización.

En cuanto al control de la entidad, el autor destaca que España “no tuvo la regulación y la supervisión adecuadas” para que este crecimiento fuera sostenible en el tiempo.

Sin embargo, Agustina no ve necesario implementar nuevos controles, sino conseguir que los existentes “funcionen”. Es decir, que las auditorías “sean correctas”, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) esté “vigilante” y que el gobierno corporativo funcione “correctamente”.

En relación al futuro de la compañía, Agustina reconoce que Abengoa “sigue estando en el alero” y su futuro “no está claro” por varios motivos: la cifra de deuda, la falta de confianza de los bancos y la fuga de talento que ha sufrido.

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