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La idea de convertir el carbón nacional en reserva estratégica nacional no es nueva, pero se ha vuelto a poner de moda. Desde hace más de diez años, las comarcas mineras llevan pidiendo soluciones que salven la industria de la zona y entre ellas está incluir parte del carbón nacional como Reserva Estratégica.

La chispa ha saltado con el anuncio de Enel de la posibilidad de cerrar las centrales térmicas de Compostilla (Cubillos del Sil, León) y de Andorra (Teruel). Responsables de ambas comunidades autónomas han rescatado la idea y así se lo han transmitido al Ministerio de Energía. Por un lado, el presidente de Aragón, Javier Lambán, le recordaba,  hace unas semanas, que “todavía estamos a tiempo de darle una solución de viabilidad y perdurabilidad a la central térmica de Andorra” y reclamaba al Ejecutivo central que negociara en Bruselas la reserva estratégica del carbón para evitar su cierre.

Unos argumentos que hace dos años también defendía la entonces alcaldesa de Villablino, Ana Luisa Durán, en Bruselas, en la sede del Parlamento Europeo, para exigir que los yacimientos de carbón de los países integrantes de la Asociación de Comarcas Mineras Europeas (Euracom) se declarasen reserva estratégica, (lo volvieron a solicitar en marzo pasado pero esta vez en el Congreso), y que también lo han defendido los responsables de la estatal minera Hunosa, que aseguran que se podría mantener esa reserva estratégica en España.

Pero, por el momento, la obligación de mantener existencias para hacer frente a posibles crisis de abastecimiento en España solo se refiere a los hidrocarburos: productos petrolíferos, GLP y gas natural, 120 millones de barriles, unas reservas suficientes para garantizar el suministro durante unos 90 días. Y tanto es así, que nuestro país forma parte de los cuatro países con mayores reservas estratégicas de petróleo del mundo, por detrás de EEUU (693,4 millones de barriles según se estima en la actualidad), China (lo mantiene en secreto), Japón (324 millones de barriles) y Corea del Sur (146 millones de barriles).

Aún así, ¿podría considerarse el carbón como otra reserva estratégica más? El sector argumenta que sí es posible, porque hay países, como Alemania que ya lo ha hecho. Hace dos años, el gobierno germano, dentro del “Programa de Acción para el Clima 2020”, llegó a un acuerdo con los sindicatos y los operadores de las centrales para que 2.700 MW de capacidad de generación de electricidad con lignito se transfirieran gradualmente a una reserva estratégica de seguridad, que comenzaría en octubre de 2016 y terminaría en octubre de 2023. El objetivo era mantener estas centrales térmicas en espera por un período de cuatro años después del cual serían cerradas.

Pero la broma le puede salir cara a Alemania, porque la UE investiga si estos planes alemanes de crear una reserva estratégica de electricidad equivalen a ayudas estatales ilegales que distorsionarán la competencia en el mercado de la electricidad.

Si el carbón autóctono defiende esa vía para salvar sus centrales térmicas y su industria minera, antes habría que conocer cuál es la decisión de las autoridades europeas en el caso concreto alemán. ‘Donde veas a tu vecino las barbas cortar…’

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