Acostumbrarse a la luz cara es empobrecer a todo el país

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Javier García Breva.
Javier García Breva.

Pasado el subidón de los precios de la electricidad de enero, España sigue teniendo la luz más cara de Europa. El Gobierno decidió esperar a la lluvia y no hacer nada, instando a los consumidores a acostumbrarse. Mientras tanto, la CNMC investiga el misterio del suministro de gas argelino y nuestro diferencial de inflación con la media europea demuestra que la energía empobrece a España.

¿Por qué sube la luz?

En primer lugar, por errores de diagnóstico. Se hizo un análisis del déficit tarifario confundiendo, sin transparencia alguna, los costes reconocidos con los costes reales del sistema eléctrico y gasista. Se ha culpado únicamente a las renovables de la subida de la luz ignorando todos los demás costes. Aunque el principal error ha sido no reconocer la evidencia de que una mayor penetración de renovables reduce los precios de la energía.

En segundo lugar, por los errores de la reforma energética. Se renunció a modificar la metodología de conformación de precios en el mercado mayorista, manteniendo la referencia de las energías más caras, el carbón y el gas. Se frenó en seco a las renovables y se penalizó el ahorro en el término de potencia para no reducir los ingresos del sistema. Se estableció la subida automática de peajes para eliminar los déficits del sistema. Se creó la CNMC vacía de competencias y sin que sus decisiones vincularan al ejecutivo. Finalmente, se subestimaron los impactos de la crisis y de los fenómenos climáticos en la demanda eléctrica.

Se ha hecho una reforma contra todos los instrumentos que permiten la gestión de la demanda, como las renovables distribuidas, autoconsumo, ahorro y eficiencia energética, para impulsar el consumo de hidrocarburos, principalmente gas. El resultado es que todo lo que se ha hecho para sostener los ingresos del sistema eléctrico y gasista ha resultado malo para el consumidor.

Las increíbles explicaciones oficiales

Lo más desesperanzador han sido las causas con que se ha justificado el alza de la luz. El encarecimiento de los precios del petróleo y del gas es el mismo para los 28 miembros de la UE. Sin embargo, nuestra inflación duplica la media europea y nuestra dependencia energética de los combustibles fósiles es 25 puntos superior. No solo es mayor nuestra vulnerabilidad energética sino que supone una pérdida de renta nacional y de renta disponible.

Se ha dicho que la luz ha subido por falta de lluvia y viento. Se reconoce implícitamente que con más renovables el encarecimiento se habría moderado. Pero la moratoria renovable ha impedido sumar más potencia renovable desde 2012 y con la próxima subasta de 2000 MW no se resolverá nada. Baste mirar a Francia, que va a subastar 3000 MW sólo de fotovoltaica.

Nadie ha sabido explicar la falta de suministro del gas de Argelia. Es difícil entender que con la sobrecapacidad gasista de España haya faltado gas en la ola de frio de enero. El 60% de dependencia del gas argelino es un riesgo y la actividad internacional de nuestro sector gasista, además de opaca, es otro riesgo que acabamos pagando todos.

Las nucleares francesas se han llevado la mayor culpa. Pero cuando la interconexión eléctrica con Francia ha funcionado al máximo, se han encarecido los precios. Si esto pasa con una capacidad de interconexión que no llega al 4% del sistema eléctrico, ¿qué pasará cuando esa capacidad aumente hasta el 10% y 15% que ha aprobado Bruselas?

Finalmente, se ha puesto a la CNMC a investigar. Pero las decisiones que tome no vincularán a ningún gobierno. Falta un regulador independiente para la competencia y la energía y falta una ley que sustituya a la peor ley de la democracia, la Ley 3/2013, de creación de la CNMC, que ha motivado un expediente de la Comisión Europea por falta de independencia.

¿Por qué se incumplen las directivas europeas?

La respuesta a estos errores se encuentra en las directivas europeas. Las directivas vigentes describen un modelo energético basado en la generación distribuida, incorporando las renovables en los tejados de los edificios y viviendas, desarrollando el concepto de edificio de consumo de energía casi nulo como el edificio con autoconsumo, la rehabilitación energética, y los contadores inteligentes de balance neto.

La propuesta de nuevas directivas, presentada el 30 de noviembre, da un paso más hacia un modelo basado en la gestión de la demanda como primera política energética, añadiendo al autoconsumo el almacenamiento local y el vehículo eléctrico integrado en la gestión energética del edificio.

España está inmersa en un modelo energético centralizado y carbonizado que necesita incentivar el consumo y la facturación al consumidor para su sostenibilidad económica. Europa está definiendo desde 2009 un modelo descentralizado con renovables, orientado a la demanda, para reducir las importaciones de combustibles fósiles y los costes de la energía de hogares y empresas.

Un modelo como el que está planteando Europa obliga a cambiar los modelos de negocio energéticos convencionales porque hacen innecesarios conceptos como los pagos por capacidad o energía de respaldo, que ya hemos visto para qué han servido en España.

Mientras Bruselas está situando al consumidor en el centro de las decisiones del sistema eléctrico, el regulador español prioriza la sostenibilidad económica de las grandes centrales térmicas. La recaudación del sistema obliga a cerrar la competencia a renovables, autoconsumo o ahorro de energía. La demanda, igual que el clima, está fuera de control. Y el país empobrecido.

Javier García Breva es Asesor en políticas energéticas, Líder de Opinión y Presidente de N2E

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