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Cuesta decirlo pero al fin hay Gobierno. En este caso, del mismo color (azul PP), pero los nuevos inquilinos del Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital, el ministro Álvaro Nadal y el secretario de Estado de Energía, Daniel Navia, son verdaderamente distintos a los últimos conocidos.

Nadal y Navia, la doble NA, tienen un perfil que no es del gusto del sector, o al menos, no son partidarios de lo sucedido en el sector energético en los últimos 40 años. Escuchar la palabra subvención o ayuda les produce alergia. Así lo contaba el periodista Carlos Segovia en El Mundo el otro día: El mensaje de Álvaro Nadal a los empresarios del Ibex: “Aquí se viene llorado”. “No hay pasta pública para nadie”.

Estas duras palabras fueron en 2011. Pero ya han pasado cinco años de eso, y las circunstancias son otras. Además, ya no está en la Oficina Económica, sino en un Ministerio. Y ya no hay déficit de tarifa, sino superávit. No son partidarios de dar subvención a todo. Y el sector eléctrico es una subvención en sí misma. ¿Cómo cuadrará esto el nuevo equipo de Energía?

Es así. No nos engañemos. El sector eléctrico español ha vivido y vive de las subvenciones. Posiblemente, sin ellas, no tendríamos el sistema eléctrico que tenemos. Pero aquí en España existen muy pocas instalaciones, plantas eléctricas, que no han sido subvencionadas en algún momento de su vida.

Probablemente estemos ante uno de los sectores económicos con más poder. Grandes empresas, fuertes inversiones en su mayoría a largo plazo. Es el lobby por excelencia en España. Pero no solo las compañías eléctricas. También está el sector de las renovables. También está el sector de la minería de carbón. Las petroleras, las gasistas.

Todas ellas ofrecen servicios básicos para el funcionamiento de un país. Para el funcionamiento del día a día. Desde que uno se levanta y enciende la luz, se calienta la casa con gas o se va en coche a su trabajo. Y eso es poder.

Podría decirse que nuestras vidas dependen del sector energético español. ¿Se imaginan vivir sin luz? ¿O sin calefacción en invierno? ¿O sin gasolina? ¿Serían capaces de dar dos pasos sin ello? Por cuestiones económicas, muchas familias no pueden pagar por estos servicios pero ellas son el ejemplo de lo complejo que es vivir sin ello.

Para poder tener todo eso, los consumidores españoles han tenido que pagar mucho, y lo siguen haciendo, y continuarán en el futuro, porque no hay otra. Hay que pagar. Alguien lo tiene que hacer. Y en España está establecido así. Y en muchas partes del mundo. Por no decir todo.

Ahora, ¿se puede cortar con todas las subvenciones? La respuesta es sencilla: NO. Pero sí es cierto que muchas cosas que hay en la tarifa eléctrica se podrían destinar vía presupuestos. Esta será una de las grandes batallas del nuevo equipo de Energía.

Nadal y Navia, esos dos hombres antisubvenciones, van a tener que lidiar con un sector que pide mucho. Y que está acostumbrado a recibir. Uno de los últimos ejemplos se puede ver con el carbón. El hermano del ahora ministro, Alberto Nadal, ha tenido que ceder ante las presiones y darles nuevas ayudas.

Sí, fue el hombre que pegó un gran tijeretazo al sector eléctrico (a unos más que a otros). Era un hombre que no le gustaba regalar el dinero. Trajo la austeridad al sector. Y esa austeridad no se perderá en los próximos años.

La consigna desde Moncloa es clara. El déficit de tarifa no se puede volver a repetir. Nadal y Navia lo saben, y ahora tendrán que hacer malabares para contentar a todo el mundo y no se descuadre la cosa.

Ambos son economistas, como Soria y el otro Nadal o Miguel Sebastián. De números saben y mucho, algo que será necesario, por no decir vital, para salir airoso de este complejo camino que va a emprender el sector.

El diálogo se convertirá en el padrenuestro de cada día si se quiere, como dice el nuevo ministro, afrontar el reto de la transición energética. Toca remangarse para hablar con el sector y negociar las bases del futuro.

Habrá que realizar fuertes esfuerzos económicos para cambiar el modelo. Y eso conllevará repartir la tarta, ser equitativos, pero sobre todo ecuánimes a la hora del reparto. Y hablar de números. Y del ¿qué hay de lo mío? No será una tarea fácil. Ni para el nuevo equipo del Ministerio ni para el sector. Se abre un nuevo camino, el de la transición, y es el momento idóneo para iniciar los primeros pasos.

Todo el mundo tendrá que ceder en algo. Es de lógica si se pretende llegar a buen puerto. La oportunidad está ahí. Otra cosa es que al final se consiga o no. Pero, a pesar de las diferencias, hay que intentarlo. Es el momento de llegar a pactos.

Un análisis de Ramón Roca, director de El Periódico de la Energía.

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