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Mark Zuckerberg, el dueño de Facebook, tenía un sueño: quería llevar Internet a los lugares más recónditos del planeta. Y no se le ocurrió nada mejor que crear un dron no tripulado y que vuela gracias a la energía solar.

Su plan inicial era utilizar grandes aviones que volaran a gran altura para conectar áreas del mundo que tradicionalmente no han tenido acceso a Internet. Para ello necesitaba una enorme flota aérea conectada entre ella y que se mantuviera mucho tiempo en el aire conectando a la red a poblaciones en donde no hay conexión.

Y así nació Aquila, su primer avión funcional, tan grande como un Boing 737, que ha completado su segundo vuelo de prueba con éxito, al igual que su aterrizaje. Y es que la primera vez, fracasó precisamente cuando iba a tomar tierra, lo que provocó un conflicto grave con las autoridades estadounidenses.

Esta vez no ha sido así. El segundo vuelo de Aquila ocurrió el 22 de mayo, despegando justo después del amanecer y volando alrededor de una hora y 46 minutos. Aquila consiguió alcanzar más de 3.000 pies de altura y su velocidad que era el doble que la del primer vuelo de prueba (180 pies/minuto).

Facebook señala que por diseño, Aquila no es una nave de movimientos rápidos, solo vuela a unos 10-15 mph contra el viento, pero su objetivo es proporcionar acceso seguro a Internet durante un tiempo relativamente largo, así que la velocidad no es un problema. Lo que se tiene que solucionar son sus maratonianas horas en funcionamiento y también lo han conseguido, gracias a que este dron consume la energía generada por los paneles solares fotovoltaicos que están en sus alas. Aún así, Aquila no necesita mucha, funciona con la misma cantidad de energía que consumen tres secadores, dice Facebook.

El plan eventualmente es que Aquila vuele durante 90 días ininterrumpidamente, ofreciendo acceso a Internet a un área de unos 100 kilómetros de ancho.

En este segundo vuelo también se quiso recopilar datos, sobre todo para ayudar al equipo a ajustar los modelos que utilizan para predecir el uso de energía y optimizar el diseño de la batería y la instalación solar. Hasta ahora los cálculos se habían hecho en el modelado de la simulación pero necesitaban ver su funcionamiento en vuelo real. Y lo han conseguido. Gracias a ello, ya es posible que drones en condiciones similares puedan ser lanzados comercialmente.

Aquila también probó nuevos alerones incorporados en el último diseño para ayudar a aumentar la resistencia y reducir la velocidad, y probó la fuerza de la señal de radio a bordo de la nave. Las mejoras incluyeron, además, el bloqueo de las hélices horizontalmente para reducir el daño. Cuando los cuatro motores se detuvieron en este segundo vuelo, la nave aterrizó suavemente sobre una superficie de grava, lo que dio como resultado “unos pocos golpes menores, fácilmente reparables”.

Así que Aquila ya está preparada para surcar los aires y pronto habrá muchos más como ella.

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