Argelia utilizará el gasoducto Medgaz para llevar más gas a España

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Planta de gas en Argelia. FOTO: Sonatrach
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La empresa nacional de hidrocarburos de Argelia Sonatrach ha diseñado un ambicioso plan de trabajo para la próxima década basado en la preeminencia del gas y el desarrollo de las energías alternativas, que los expertos se preguntan si será capaz de consumar.

La primera piedra del proyecto, llamado SH2030, la puso esta semana su director general, Abdelmumen Ould Kaddour, quien anunció que el gasoducto de Medgaz, que surte a Europa a través de España, será angular en esta visión de futuro.

En una visita a la ciudad costera de Beni Saf, inicio del tramo submarino que desemboca en la vecina Almería, aseguró que el objetivo es transferir 8 millones de metros cúbicos e incrementar poco a poco el volumen hasta alcanzar los 10 millones anuales en los próximos años.

“La estrategia de Sonatrach pasa por aumentar su capacidad de producción, en particular la del gas industrial”, explicó Kaddour a la prensa.

“Es una solución idónea para Argelia teniendo en cuenta sus importantes reservas de gas y las posibilidades de exportación de este recurso a través de los gasoductos situados al este y al oeste del país”, agregó.

El responsable argelino admitió que el plan viene forzado por la larga crisis del petróleo, hasta la fecha la única riqueza, junto al gas, que explotaba Argelia.

El abrupto desplome de los precios en 2014, y el escaso éxito de las medidas adoptadas por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) para tratar de estabilizarlos al alza, han colocado al país norteafricano en una peligrosa situación.

El 60 % de los ingresos de Argelia procede del gas y el petróleo, que supone el 94 % de las exportaciones totales de un Estado sin industria, con una economía de tinte socialista, rentista y apegada a los subsidios, y que se sostiene con la tutela estatal y la importación.

En la actualidad es el tercer suministrador de gas de la Unión Europea, tras Rusia y Noruega, y el primero de países como España, que cubre el 55 por ciento de sus necesidades.

En los últimos tres años, el descenso de los ingresos petroleros le ha obligado a consumir la mitad de su reserva de divisas -estimada en 180.000 millones de euros en 2014- y a frenar algunos grandes proyectos de infraestructura para tratar de mantener la paz social.

La coyuntura se ha deteriorado tanto en los últimos meses que a principios de septiembre el gobierno decidió enmendar las leyes y recurrir a la llamada “financiación no convencional” para evitar el endeudamiento externo.

Una medida que permite al Banco Central prestar directamente al Tesoro Público y que numerosos expertos, locales y extranjeros, han criticado al advertir que puede disparar la inflación y debilitar aún más la economía.

Además, el gobierno ha reducido una parte de los subsidios -en especial al combustible, que era uno de los más baratos del mundo-, limitado el gasto público y restringido la importación en un intento por equilibrar las cuentas.

Ante la actual caída del crudo en el mercado mundial, Argelia -explicó Ould Kaddur- debe apostar por el gas para aumentar sus ingresos en divisas, y desarrollar sus capacidades productivas en este ámbito.

“Las intenciones son buenas, pero veremos hasta dónde están dispuestos a llegar. Para poder llevarla a cabo lo primero que deben hacer es cambiar la ley energética para tratar de atraer más inversión extranjera”, explica a Efe una fuente diplomática.

Un requisito que igualmente exige Ould Kaddur, convencido de que no solo Sonatrach tiene que cambiar su forma de gestionar y hacer negocios.

“Queremos tener trabajadores que innoven, en vez de limitarse a los procedimientos burocráticos y administrativos. Y estamos hablando con el gobierno para que introduzca los cambios legales necesarios para hacer el sector del petróleo y el gas mas atractivo a la inversión extranjera”, admitió.

“Entiendo que el sistema de impuestos y el marco legal para la explotación necesita cambiar”, subrayó Kaddur antes de señalar que dos grandes del sector -la francesa Total y la italiana ENI- ya están negociando aumentar su presencia.

Ambas compañías están interesadas en participar en la ampliación del sector petroquímico -en especial del refinado, ya que Argelia busca frenar la importación de combustibles- y en el desarrollo de la energía solar.

“Hay una gran parte de los responsables que comparten esta visión más moderna y abierta. El problema procede de la vieja guardia, que se resiste a abandonar las políticas más proteccionistas”, explica el diplomático, que prefiere no ser identificado.

A los obstáculos legales se suma una administración mastodóntica, lenta y obsoleta, poco transparente y en la que la corrupción está a la orden del día.

“Se trata de cambiar la forma de trabajo y la mentalidad de todo un país. Un país donde el principal empleador es el estado y donde los funcionarios no tienen muchos incentivos para desarrollar su trabajo”, advierte con pesimismo un empresario extranjero del sector, que tampoco quiere ser identificado.

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