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Aramco es la mayor petrolera del mundo, pero cuando salga a bolsa para privatizar el 5% de la compañía el próximo año, la mayor salida a Bolsa jamás registrada en el mundo, serán sus inversiones en renovables lo que atraerá a los compradores. Si no fuera por el impulso de las energías limpias, podría ser un auténtico fracaso, según informa Bloomberg.

Saudi Arabian Oil Co., como se le llama formalmente, ya anunció hace un mes que iba a iniciar su transición energética hacia las energías renovables, invirtiendo entre 30.000 y 50.000 millones de dólares. Una política con un claro objetivo, reducir la cantidad de crudo que necesita para abastecer las necesidades energéticas del reino.

Con este anuncio y las primeras decisiones que ya ha tomado el gobierno del rey Salman, los inversores han comprobado que se está tomando en serio sus promesas de ampliar drásticamente el uso de la energía fotovoltaica, y por tanto dan credibilidad a las políticas ambientales y de sostenibilidad. Precisamente lo que buscan los inversores cada vez más en Aramco.

“Desde que anunció su apuesta por las energías renovables, hay un mayor número de inversores” ha dicho Scott Gehsmann, socio de PwC, “si una empresa está buscando aumentar su capital, por lo general debe tener una estrategia donde se incorpore la sostenibilidad. Si no la tienen, puede ser percibido como algo negativo”.

Ahora la salida a bolsa de Aramco es más ecológica, y el valor de la oferta es una cuestión abierta, hay un debate muy animado sobre cuánto van a pagar los inversores y si el programa de energía renovable se va a desarrollar como se espera.

Arabia Saudita ha dicho que Aramco vale más de 2 billones de dólares. Produce alrededor de 10 millones de barriles de crudo al día, casi lo mismo que consume China. Un valor que no comparte Wood Mackenzie Ltd., que como mucho la valora en unos 400.000 millones de dólares. El gobierno de Arabia Saudí espera recaudar cerca de 100.000 millones por el 5% de la compañía que pretende poner en el mercado de capitales en algún momento del año 2018.

En cualquier caso, el Acuerdo del Clima de París ha traído más consecuencias de lo que nadie imaginaba. Los inversores exigen cada vez más tener información sobre la gobernanza ambiental y social y cuál es la estrategia de cada compañía para hacer frente a la contaminación de combustibles fósiles. Incluso los inversores institucionales ya no ponen su dinero en proyectos que no incluyan los ESG (environmental, social and corporate governance en inglés), los Principios de Inversión Responsable, es decir, que se comprometan a incorporar factores ambientales, sociales y de buen gobierno.

“Está cambiando la forma en que las empresas se dirigen a los mercados”, ha explicado Steve Waygood, jefe de inversiones en Aviva Plc., una compañía de seguros con sede en Londres, “también está cambiando el análisis de seguridad. Nuestros gestores de fondos y nuestros analistas están completamente habituados a hablar de los ESG como una categoría de riesgo, algo impensable hace 10 años”.

Empresas de Exxon Mobil Corp. o Royal Dutch Shell Plc han reaccionado a esa presión y ofrecen datos de ESG a los inversores, desde cuáles son sus emisiones de CO2 a cuántas mujeres ocupan puestos directivos. En 2014, el 75% de las compañías del índice S&P500 ya publicaban memorias de sostenibilidad, de acuerdo con un estudio de PwC, para mitigar los riesgos al inversor, según el estudio.

Pero no es lo que ocurre con Aramco y por eso todavía hay incertidumbre sobre el éxito de su salida a bolsa, ya que parece carecer de la transparencia necesaria al ni siquiera responder a la última encuesta del CDP, un grupo que pide a las empresas información sobre sus datos de ESG.

Su última carta, por tanto, son las energías renovables, que podrían ayudar a aumentar el número de inversores que quieren tener un pedazo de la mayor productora de petróleo del mundo. Pero para ello, el Gobierno y las empresas saudíes tienen que ponerse al día y poner en marcha estos programas.

Navi Brar, director de la asesoría para Oriente Medio y África de AccountAbility, ha revelado que “las empresas y las entidades gubernamentales árabes han venido a nosotros para preguntarnos cómo podrían hacer para que sus ESG tengan el rendimiento necesario para atraer a unos inversores que se muestran poco interesados”.

Arabia Saudí necesita el dinero del mercado de capitales, y una vez escuchados a los expertos, se ha puesto manos a la obra. Ha acelerado el programa de energías renovable en el reino, justo coincidiendo con el anuncio sorpresa de su salida a bolsa en enero de 2016. Y justo un año después, el ministro de Energía, Khalid Al-Falih, anunciaba inversiones entre 30.000 y 50.000 millones de dólares en su viraje “masivo” hacia las renovables, con un objetivo de 10 GW de energía solar y eólica en 2023.

Su cambio de mentalidad no es porque quieran cuidar del planeta sino porque han visto abiertamente la necesidad de diversificar su economía y dejar de ser tan dependientes del petróleo. En abril pasado, el príncipe Mohammed bin Salman ya presentó su Vision 2030, un programa para abrir el reino y utilizar la riqueza petrolera para construir otras industrias, como la banca, el turismo e incluso fabricar paneles solares.

Esta nueva visión de futuro no es única de Arabia Saudí o de su petrolera estatal Aramco. Otras grandes compañías petroleras también están sumergiendo sus pies en las energías limpias. Por ejemplo, Shell forma parte de un consorcio que construirá dos parques eólicos marinos en el Mar del Norte holandés. Total SA invirtió en 2011 en la compañía solar SunPower Corp., con sede en California, San José, y ha continuado por ese camino hasta inviertir 1,1 millones de dólares en adquirir el fabricante de baterías Saft Groupe SA en mayo pasado.

“Su futuro depende de ello”, ha concluido Rick Wheatley, de Xynteo Ltd., una consultora que asesora a Royal Dutch Shell, Statoil ASA y Eni SpA en la sostenibilidad y la planificación a largo plazo, “si quieren sobrevivir y ser negocios significativos y rentables en 30 a 40 años, es lo que toca, tienen que hacerlo”.

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1 Comentario

  1. No se trata de aparantar una especie de… “en casa del herrero, cuchara de palo”. Es una gran estrategia con un alto valor, tanto de imagen como económico. Los principales clientes del atún que se pesca en “la levantá” de Barbate (Cádiz) son los mercados asiáticos (principalmente Japón). Los comerciantes del atún prefieren vender sus capturas a este mercado, ya que el precio de venta llega a multiplicarse x 10 en muchos casos respecto al precio de venta en origen.
    Para el caso de esta empresa petrolera ¿para qué malgastar petroleo en consumo propio si tengo clientes europeos que me pagan ese producto a mejor precio?.
    ¡ Marketing y negocio, van juntos de la mano¡

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