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Antes de que Donald Trump se convirtiera en presidente, no tenía una muy buena opinión de la energía eólica marina (ni de las renovables en general). Más aún, durante su campaña electoral se hizo fuerte en la lucha contra la construcción de un parque eólico que pensó que arruinaría las vistas de su campo de golf de lujo cerca de Aberdeen Bay, en el Mar del Norte, frente a las costas escocesas. Y al inicio de su etapa como presidente electo, se reunió con el poderoso político derechista británico Nigel Farage, alentándolo a luchar contra el desarrollo de parques eólicos en el Reino Unido.

Sin embargo, con la Administración Trump en marcha, las cosas parecen haber cambiado. Así lo señala la organización Climate Central. Dice que el Departamento del Interior está ofertando grandes territorios en la Costa Este de Estados Unidos para ser alquilados. “Es un gran triunfo”, dijo en marzo el secretario del Interior Ryan Zinke después de que la empresa española Avangrid pagara nueve millones de dólares para alquilar cerca de 500 kilómetros cuadrados en Carolina del Norte.

El cambio de actitud tiene su razón de ser. Durante muchos años, se había hablado sobre las posibilidades de la eólica marina en EEUU, pero siempre parecía que no terminaba de arrancar, hasta que finalmente se puso en marcha el año pasado.

Y el pistoletazo de salida, el primer parque eólico offshore de la primera potencia, lo dio el de la pequeña isla de Rhode Island, que además suministra energía principalmente a sus residentes. Es cierto que no es muy impresionante en comparación con las grandes instalaciones europeas que se han estado construyendo durante años y continúan creciendo rápidamente. Pero parece que se han puesto las cosas en marcha.

Desde entonces, la empresa que construyó el proyecto Block Island, Deepwater Wind, ha obtenido una aprobación adicional para construir un parque mucho más grande en Long Island, en Nueva York. El Departamento del Interior también ha anunciado planes para alquilar más de 1.600 kilómetros cuadrados de mar en las costas de Nueva Inglaterra después de que Statoil y la filial estadounidense de la alemana PNE Wind anunciaran su intención de participar en el sector offshore.

En cualquier caso, no deja de ser curioso que en una Administración en donde el lider de la EPA (la Agencia de Medio Ambiente) es un negacionista climático, el secretario de Estado es un magnate del petróleo y el objetivo político es restaurar una industria nacional de carbón en declive, quiera ahora abrazar el desarrollo de la energía eólica marina. Pero todo tiene su explicación.

Podría ser que la presencia de Rick Perry como secretario de energía de Trump influya en estas decisiones. A pesar de sus vínculos con la industria petrolera, como gobernador de Texas, Perry ayudó a convertir a este Estado en una potencia eólica, y podría ver ventajas de hacer lo mismo para la costa este.

Otra razón, y tal vez más importante, podría ser que la eólica representa un mercado de trabajo en auge. Como señala Climate Central, el sector representa 100.000 empleos, y la Oficina de Estadísticas Laborales dice que continuará creciendo rápidamente en la dédaca de 2020. Al ser un presidente que quiere pasar a la historia como el creador y generador de trabajo, Trump lo podría ver con buenos ojos – incluso si no le gusta la idea.

Fuente: MIT Technology Review

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