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Si alguien pensaba que la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca iba a ser pura formalidad, se equivocaba. El nuevo presidente de EEUU prometió un plan para sus primeros 100 días y ya se ha puesto en marcha.

Entre las medidas de ese plan se incluye la desprogramación de la lucha contra el cambio climático, un viraje de 180 grados del legado de Barack Obama. Porque el magnate neoyorquino desconfía de lo que afirma el 97% de la comunidad científica internacional, que el cambio climático es causado por la quema de los combustibles fósiles realizada por los seres humanos. Por eso, detendrá los “miles de millones de dólares que se iban a destinar a financiar los programas de cambio climático de Naciones Unidas” tras la firma y ratificación de los Acuerdos de París.

Estados Unidos es ahora uno de los máximos contribuyentes económicos tras la Cumbre de Cambio Climático pero Trump no está de acuerdo. Prefiere “financiar proyectos domésticos” antes que gastarlos en el cuidado del planeta. Esos proyectos se centrarán en mejorar las infraestructuras de agua y de medio ambiente del país.

Un medio ambiente que sufrirá las consecuencias de una política que levantará las restricciones sobre la producción de gas esquisto, petróleo, gas natural y carbón de las reservas energéticas del país, destinando 50 billones de dólares para ello. También impulsará los proyectos energéticos considerados vitales, como el oleoducto Keystone XL, que trasladaría petróleo desde Alberta (Canadá) hasta Nebraska, y cuya construcción rechazó Obama en 2015. Para estas infraestructuras, Trump ha pensado que la unión de financiación público-privada y las inversiones privadas a través de incentivos fiscales podrían llegar hasta el 1 billón de dólares durante diez años.

Los números asustan.

Y para ello debe elegir sus hombres de confianza. Algunos de ellos son el magnate del carbón y el petróleo Harold Hamm como secretario de Estado de Energía y el negacionista del cambio climático Myron Ebell para la Agencia de Protección Ambiental. Pero la lista puede continuar.

Los defensores del medio ambiente se echan las manos a la cabeza. El coportavoz federal de Equo, Juantxo López de Uralde, considera que lo “esperable” es que la administración de Trump trabaje para bloquear el Acuerdo de París y posteriormente desmantelarlo desde dentro, una posición que “condiciona siempre la actitud de otros países grandes”, como China, India, Brasil o Rusia, lo que califica de “nefasto”.

Por su parte, la ONG SEO/BirdLife señala la actitud “anti cambio climático” del mandatario estadounidense como “preocupante”, y ha recalcado que el Acuerdo de París “forma parte del Derecho Internacional y está apoyado por una amplia variedad de sectores en todo el mundo”.

También el secretario general de WWF, Juan Carlos del Olmo, manifiesta que “el discurso previo de Trump ha sido muy negativo porque, que a estas alturas alguien niegue la existencia del cambio climático y que haga una apuesta firme por las energías sucias es realmente un mensaje muy negativo”.

“Estamos todos conmocionados, pero no es la primera vez en la historia que ocurre algo así, recordemos cuando Bush junior ganó las elecciones”, añade Jose Luis García Ortega de Greenpeace, “pero el reto de la humanidad esta ahí, el Acuerdo de París está en vigor y China y la Unión Europea no tienen ninguna razón objetiva para retirarse”. Además, señala que “no hay que olvidar la capacidad de resistencia de la sociedad, veremos a ver qué pasa pero bastaría con una rebelión social para presionar y que se evite una catástrofe de dimensiones históricas”.

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