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Desde que en mayo pasado, el Tribunal Constitucional diera luz verde a la posibilidad de realizar instalaciones de autoconsumo compartido en España, poco se ha hecho. Quitando el esfuerzo de la comercializadora Holaluz, que montó la primera instalación de autoconsumo eléctrico compartido de España en una vivienda de Rubí (Barcelona), poco más se puede contar.

Una de las principales razones es la enorme complejidad que se presenta en todo el proceso: desde la instalación de contadores y cómo se conectan, dónde se colocan, y cómo se gestiona desde el punto de vista técnico y administrativo, hasta las trabas con la distribuidora de la zona… Y éstas son solo algunas de las cuestiones que se han planteado por parte de los asistentes a la Jornada técnica de Autoconsumo Compartido que ha organizado la patronal fotovoltaica UNEF.

“Hay pesimismo por las trabas administrativas y hay mucha desorientación, pero porque la solución requiere muchas horas de pensar en cómo hacerlo, y cada una de las instalaciones de autoconsumo compartido es un caso único”, explican fuentes jurídicas que asistieron al evento, “por eso recomendamos que se encuentre la parte alegal de la normativa y llegar hasta dónde se pueda dentro de la legalidad sin traspasar la delgada línea que cruza a la ilegalidad”. Aún así, reconocen que “el principal obstáculo al que se enfrentan las empresas instaladoras es la distribuidora, que se opone a cualquier propuesta porque pierde negocio al dejar de facturar varios contadores y quedarse con uno solo”. Por eso, si la distribuidora no deja continuar con el proceso, proponen que la única solución viable es la de “seguir adelante con la instalación y mientras tanto presentar una denuncia en la Comunidad Autónoma que le competa para que sea ésta quien dirima la cuestión”.

También se cuestionan la prohibición de que una comunidad de propietarios pueda tener un solo punto de conexión a la red. “Si una cooperativa de propietarios quiere construir su edificio entre la aportación de todos los vecinos y quiere realizar una instalación de autoconsumo compartido, ¿por qué a día de hoy no sería posible un único contador y por tanto, un único contrato?” Según el art. 76 del RD 1955/2000, solo se considera punto de suministro e instalación, y por tanto consumidor directo, si su titular es una única persona física o jurídica, así que “si una cooperativa tiene figura jurídica podría unificar los contadores tal y como hace, por ejemplo, un complejo hotelero que paga la factura de la luz pero que la electricidad se distribuye a cada una de las habitaciones de manera individual”.

Esa opción es la que quieren desarrollar tres entidades sociales de Barcelona, La Ciutat Invisible, LaCol e Impuls Cooperatiu. Se trata de una iniciativa de viviendas ecológicas y solidarias en Can Batlló donde se va a colocar un único contador para todas las que se construyan, y éstas a su vez tendrán monitorizado su consumo, con posibilidad de realizar una tarificación para la discriminación horaria que fomente e incentive el consumo a unas horas u otras. “Las posibilidades de salvar los escollos para desarrollar el autoconsumo compartido existen, solo hay que ponerse a ello”, concluyen las fuentes.

El caso concreto del consumo colectivo francés

Los obstáculos a los que se enfrentan los autoconsumidores colectivos en España en nada se parecen a la situación que viven en Francia. Según Caroline Plaza, de la empresa Sunchain, “el mercado eléctrico francés aunque es muy parecido al español, se diferencia en que la distribución es propiedad de una sola empresa pública, lo que hace que los trámites se faciliten”.

En el país vecino, el autoconsumo compartido, llamado consumo colectivo, ya tiene su propia ley que lo regula desde agosto de 2016 y la orden de abril de 2017 que ratifica el procedimiento para hacerlo. Están pendientes de la normativa que determine la documentación técnica y la regulación de la distribución pero está ya todo en marcha. “Estamos luchando para que la tasa que tenemos que pagar por usar la red de distribución sea lo más baja posible, para que las instalaciones se rentabilicen en el menor plazo posible”, señala la experta.

La única limitación es de perímetro. “Solo se puede hacer consumo colectivo bajo el mismo punto de baja tensión, la misma subestación HV/LV, y la repartición de la energía producida entre los distintos puntos de consumo debe ser comunicada al operador de red de distribución”, explica.

Como ejemplo de consumo colectivo presenta una comunidad de viviendas, varios edificios de una misma entidad siempre que todos estén tras el punto de la subestación HV/LV y un parking para la recarga de vehículos eléctricos con fotovoltaica. “En Francia, aunque no hay balance neto, se incentiva si el consumo de la autoproducción supera el 85% y si la autoproducción supone más del 15% del total del consumo, algo que es muy fácil de conseguir, por ejemplo, en un complejo de apartamentos de 100 viviendas, y no solo esto es positivo”, apunta Caroline Plaza, “además hemos demostrado que no hay picos de consumo, porque la variedad de perfiles que viven en ese edificio permiten que la curva de la demanda sea mucho más suave a lo largo de las horas del día”.

El autoconsumo compartido en Francia, concluye, “es un sector con grandes posibilidades de desarrollo”.

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