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Para todos aquellos que les haya llegado el momento de tomar conciencia y ser respetuosos con el medio ambiente, cambiar de coche y buscar uno más limpio al convencional, de diésel o gasolina, se convierte en el primer propósito. Pero ¿cuál escoger? El abanico es muy variado, desde el de hidrógeno, el eléctrico 100%, el eléctrico híbrido (enchufable o no), el de gas natural vehicular o autogas, y el de Gas licuado del petróleo.

Por el momento, el híbrido (enchufable y no enchufable) es el líder indiscutible de ventas en todo el mundo, pero los expertos señalan que el futuro es para el vehículo eléctrico 100% y, pisándole los talones, la del autogas o GNV. ¿Cuál ganará?

En 2012, Elon Musk y el presidente ejecutivo de Nissan, Carlos Ghosn, pronosticaron que los vehículos eléctricos representarían cerca del 20% de las ventas en 2020. Estando como estamos, a la vuelta de la esquina, ya podemos decir que esa predicción resultó ser muy optimista. Aunque en 2016 se vendieron más de 750.000 unidades en todo el mundo (incluidos híbridos enchufables y 100%), los vehículos eléctricos constituyen sólo alrededor del 1% de los automóviles en circulación, según Bloomberg New Energy Finance. Sin embargo, la disminución de los precios de las baterías y otros factores podrían impulsar las ventas al 35% para 2040: la posibilidad de acertar sigue en pie.

Y mientras tanto, los fabricantes de coches, tanto norteamericanos, como europeos y chinos, ya están lanzándose a una carrera vertiginosa para lanzar cada vez más módelos eléctricos, buscando nichos de mercado del segmento de lujo pero también utilitarios. Incluso Volvo ya ha anunciado que a partir de 2019 dejará de fabricar motores convencionales.

El mercado del Gas Natural Vehicular no ha sido tan emocionante. Honda fue la única compañía que presentó un modelo especial alimentado por Gas Natural Comprimido (GNC) en Estados Unidos en 2012. Vendió alrededor de 1.500 vehículos ese año, muy por debajo de su estimación anterior, de unos 4.000 coches. Y el número cayó a 751 en 2014. Y en 2015, el fabricante anunció que dejaría de hacer más CNG Civic.

Hasta la fecha, muy pocos quieren recoger el guante dejado por Honda. Sin embargo, los fabricantes de coches dan otra opción, se puede comprar un vehículo de combustible flexible, es decir, que puede funcionar con GNC. Una opción muy recomendada para flotas de empresas.

Como punto a favor, al menos en España, tambien está la extensa red de estaciones de servicio que ya incorporan un surtido de gas a diferencia de la falta de puntos de recarga para los vehículos eléctricos. Caso distinto si se cruza la frontera en Pirineos, porque en Europa ya se puede conducir largas distancias e incluso cruzar de norte a sur sin temor a quedarse sin batería.

Pero hay que tener en cuenta el precio de adquisición. Los coches eléctricos son todavía un poco más caros que sus homólogos de combustible convencional y de gas natural. Sobre todo por el coste de la batería. Y no solo por su precio inicial. La mayoría de estos vehículos eléctricos se venden sin batería en propiedad, hay que alquilarla y pagar un precio fijo o calculado en base a la duración del contrato de alquiler y del kilometraje que se conduzca cada año. Estas baterías cuestan varios miles de euros y no durarán toda la vida, por lo que interesa pagar una cantidad anual y no tener que reemplazar la batería.

En este punto, un coche de CNG le gana, de lejos la partida. Es más caro que comprar un coche de gasolina, pero suele ser más barato que sus primos diesel y eléctricos.

Además, como el gas natural es un 10% más barato que el diesel y un 30% más barato que la gasolina, podría suponer otra ventaja respecto al eléctrico. Y el llenado es tan rápido como el de un vehículo convencional y, por supuesto, mucho más rápido que un vehículo eléctrico. Por si fuera poco, el tanque de GNV se instala en el suelo del coche, lo que significa que no se pierde ningún espacio para su uso, aunque es pesado y bastante grande, lo que influye en el consumo del combustible y por tanto en las distancias que puede conducir.

Para rematar, por tan solo unos pocos miles de euros, se puede convertir el coche tradicional por un GNC. En precio, el coche a gas gana por goleada al eléctrico.

Entonces, si el dinero es uno de los principales motivos a la hora de comprar un vehículo, ¿ganará la batalla el autogas?

No parece. Muy pocas personas de las que compran un Tesla lo hacen porque piensan que es una buena inversión. Los consumidores de vehículos eléctricos los compran porque los quieren, al igual que la mayoría de los propietarios de un Cadillac Escalades nunca necesitarán todos esos caballos de fuerza para salir de un banco de nieve.

Los coches no son compras pensadas para ser solo útiles. Lo que significa cada modelo importa mucho. Y hay que tener en cuenta el importantísimo factor del deseo. Por eso, la pregunta es: ¿hay gente capaz de esperar largas colas para llevarse ‘ese coche’ a casa pese a que está fuera de su alcance?

La respuesta es fácil. Existe muy poco deseo para los coches de GNC, y el coche eléctrico simboliza uno de los mitos del progreso, de la sostenibilidad y de la movilidad respetuosa con el planeta. ¿Quién compite con eso?

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