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El próximo 23 de abril, once candidatos concurrirán a la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Francia para sustituir al socialista François Hollande en la jefatura del Estado.

De ellos, las encuestas solo ven con probabilidad de llegar a la segunda vuelta a cinco, Marie Le Pen, del ultraderechista Frente Nacional, Emmanuel Macron, del partido centrista y europeísta En Marche!, François Fillon, del partido conservador Los Republicanos, Benoît Hamon, del Partido Socialista, apoyado por Los Verdes, y Jean-Luc Melenchon, el candidato izquierdista “Francia insumisa” (antisistema y apoyado por el Partido Comunista). Y la cita será el 7 de mayo.

A partir de entonces, se comenzará a diseñar el futuro energético de un país que se cuestiona cuál va a ser el papel de la nuclear en su transición energética hacia una profunda descarbonización. Y es que en el país galo, el 75% de la electricidad es de origen nuclear. Cuenta con un impresionante parque de 58 reactores nucleares dispersados por todo el territorio, y cada formación política coloca sus fichas de manera diferente.

Y sobre todo en dos aspectos: la intensidad de la acción sobre el control de la demanda y la combinación de la generación de electricidad. Es cierto que ambos se discutieron en 2013 cuando Hollande anunció una transición energética más ecológica y menos nuclearizada, pero vuelven de nuevo a estar en boca de todos los candidatos al Elíseo.

La derecha francesa

La ultraderechista Marine Le Pen y el conservador François Fillon comparten muchas líneas programáticas en materia energética. Los dos defienden el modelo actual, que plantea la nuclear como la columna vertebral del sistema energético francés. Ambos abogan por mantener ese parque y su producción en los niveles actuales: 63 GW de potencia instalada y 400 TWh de la producción nuclear anual en promedio. Y además, ninguno hace mención de la necesidad de reducir la demanda de energía, tal y como se incluía en la Ley de Transición Energética de 2015, según relata Michel Colombier, del IDDRI, en un reciente artículo.

Sin embargo, hay diferencias entre estos dos candidatos. Marine Le Pen quiere promover las energías nacionales y evitar la importación de energía (sobre todo si procede de Oriente Medio), pero tiene claro que no va a apoyar la energía eólica, ya que hay una fuerte oposición entre muchos ciudadanos franceses a esta tecnología. No ocurre lo mismo con el hidrógeno, que goza de un gran apoyo.

Por su parte, François Fillon propone fortalecer la nuclear pero con el apoyo de las energías renovables, descentralizar la energía con un mayor papel de las regiones, y reformar el mercado europeo de derechos de emisión para las grandes industrias y el sector eléctrico.

Posicionamiento de la izquierda

En el lado opuesto del arco ideológico se encuentra Jean-Luc Melénchon, cuyas propuestas son diametralmente opuestas. Aboga por una planificación ambiental, la nacionalización de EDF y Engie, un mix eléctrico 100% renovable y la salida completa de la energía nuclear.

Su homólogo socialista, Benoît Hamon, adoptó esta última opción tras el acuerdo con Yannick Jadot (el ex candidato verde). Se ha comprometido en cerrar de manera completa y permanente todas las nucleares en 25 años, rompiendo así con una larga tradición de un partido socialista más bien favorable a esa energía. Pero además, paralelamente, presenta un plan de acción para desarrollar la eficiencia energética.

La propuesta del centro

Por último, el centrista y europeísta Emmanuel Macron propone una alternativa intermedia. Su objetivo es reducir la nuclear en un 50% en 2025, para promover el desarrollo de las energías renovables duplicando su capacidad en el año 2022 y llevar a cabo un programa acelerado de rehabilitación de las viviendas (los llamados “coladores térmicos”).

En el ámbito nuclear, pone de relieve el hecho de que esta energía es un activo real para Francia, pero también señala que todas las decisiones relativas a la renovación de las centrales, a su desmantelamiento o el lanzamiento de una nueva ola de inversiones estarán condicionados por el resultado de las próximas “inspecciones” de los reactores existentes.

Sea cual sea el ganador, de lo que no cabe duda es que el debate se centra en elegir entre la energía nuclear o la renovable, y de quien se erija como nuevo presidente francés dependerá su futuro.

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