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Muchas veces no somos conscientes de qué ocurriría si faltara el suministro eléctrico o el energético en general, y aún menos lo hemos cuantificado. En nuestra vida diaria se perdería el nivel de confort en casa o en el trabajo y habría riesgos para la salud y la seguridad nacional. Pero a nivel económico los impactos directos serían muy grandes, como la pérdida de producción, los costes de rearranque o los daños materiales producidos en todos los sectores productivos.

Por eso, la seguridad energética es fundamental para el funcionamiento de un país pero, según el informe de Economics for Energy, “Seguridad Energética en España: Análisis económico y propuestas de actuación”, hace falta conocer su valor económico.

España disfruta de una seguridad de suministro casi absoluta y habría que cuestionarse en el futuro si es necesario tener tan altos niveles de seguridad energética, porque ello conlleva un coste. “Lo que está claro es que este informe no tendrá sentido en 2050“, ha señalado Pedro Linares, uno de los autores del informe.

El foco del informe es completar el análisis de la seguridad energética con un análisis económico y no tanto geopolítico. Y para ello, definen la seguridad energética como el suministro ininterrumpido de fuentes de energía a precios asequibles, “aunque podemos puntualizar que ininterrumpido es imposible” añade el experto, “pero si determinamos cuál es el límite admitido de ininterrumpibilidad y por último asequible, podemos fijar cuál es el precio para evitar problemas de seguridad”.

El estudio revela que hasta ahora se han elaborado indicadores sobre la dependencia energética y la diversificación, y “aunque están relativamente relacionados con la falta de suministro, es decir, que cuanto más dependiente eres de otro país, más riesgos asumes, no afectaría a la seguridad energética, porque puedes buscar ese suministro en otros países”, explica Linares. La dependencia energética mide el efecto pero no la causa de la seguridad energética, “y además, si la economía de un país es lo suficientemente flexible como para adaptarse a los nuevos horizontes energéticos, tiene más opciones que otro país para ser económicamente más independiente”.

En cualquier caso, la garantía actual de suministro convierte la volatilidad y las subidas bruscas de precios de los combustibles en el mayor riesgo para la seguridad energética en España. Por eso, el informe recomienda fomentar el uso de fuentes menos variables en sus precios, estimular el ahorro energético y promover una mayor flexibilidad del consumo de energía. “No hay más que ver qué ha ocurrido con el petróleo, en cierta medida con el gas, y con el carbón”, continúa, “este último ha variado su precio oscilando al alza y a la baja entre un 10 y un 15% en los últimos tres años, y el efecto de este baile de precio es que la economía tiene que ajustarse continuamente”.

Los factores relacionados con los precios suponen un coste para la economía de hasta un 1% del PIB, equiparable en ocasiones al 100% del precio de la propia energía. Y a pesar de que el coste de una falta de suministro eléctrico es muy alto por unidad energética (cerca de los 6.000 euros por MWh), su baja probabilidad, debida a la regulación y a la gestión del sistema, hace que su relevancia en términos absolutos se reduzca a menos del un 1% de la electricidad en España.

Y en el caso de la diversificación de suministro, la solución es clara, mantener las mayores opciones abiertas. “Con ella se puede reducir el riesgo de cantidad de energía y de precio, pero la seguridad energética no depende de la diversificación sino de la correlación entre tecnologías”, añade el responsable del informe.

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Estrategias en materia de seguridad energética

Los costes de la seguridad energética han dado lugar a distintas estrategias y políticas para lograr mitigarlos. En general, el foco ha estado en reducir el riesgo promoviendo la creación de reservas estratégicas de petróleo o imponiendo medidas técnicas en el sector eléctrico. Sin embargo, el informe propone otras alternativas.

En el caso europeo, propone reforzar los mecanismos de emergencia y solidaridad, incluyendo la coordinación de las evaluaciones de riesgosy planes de contingencia, además, de protección de las infraestructuras estratéticas; también moderar la demanda de energía, desarrollar un mercado interior efectivo e integrado, intensificar el desarrollo de las tecnologías energéticas, diversificar las fuentes externas de abastecimiento, y por último mejorar la coordinación de las políticas energéticas nacionales.

Para España, Economics for Energy aconseja un mix más diverso y autóctono, ampliando las fuentes de energía más allá de los fósiles y la nuclear, con interconexiones y con el impulso de la investigación y explotación de yacimientos de hidrocarburos para las reservas petrolíferas. En el caso de la distribución, propone mayor flexibilidad del sistema, potenciar las diferentes formas de almacenamiento (mediante bombeo hidráulico o gas), y que sea fiable. Por último, también señala que en el lado del consumo, hay que fomentar el ahorro energético.

Según los expertos, con la aplicación de estas medidas, coincidentes en gran medida con las que se derivan de la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y adaptarse al cambio climático, la economía española reduciría sus costes de inseguridad energética. Su perfil estaría marcado por una transición de los combustibles fósiles a favor de las renovables, aunque siempre garantizando la seguridad del suministro.

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