El climatólogo James Hansen señala a Trump como un obstáculo pasajero en la lucha contra el calentamiento

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La ciencia del cambio climático no puede entenderse sin las aportaciones del investigador James Hansen, pero tampoco la lucha por combatir ese fenómeno, por la que va a llevar a los tribunales al presidente estadounidense, Donald Trump, a pesar de que cree que “sólo es un obstáculo pasajero en esta batalla”.

Hansen (Iowa, 1941), profesor del Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia, ha pasado el vuelo que le ha traído de Nueva York a Madrid para recoger el premio BBVA Fronteras del Conocimiento en Cambio Climático redactando la base científica del caso por el que el próximo mes de noviembre llevará a los tribunales a Trump por no actuar para reducir emisiones.

El científico estadounidense, pionero en desarrollar modelos matemáticos para calcular la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera y su impacto en el clima de la Tierra, presenta el caso junto a 21 jóvenes que, apoyados por la organización Our Children Trust, acusan al presidente y a varias agencias federales de “incumplir la Constitución”.

“Incumple su deber de proteger los derechos fundamentales de nuestros jóvenes no haciendo nada para estabilizar el clima, lo que implicaría una reducción de emisiones de un 7 % anualmente, algo perfectamente factible con una tasa al carbono de 10 dólares por tonelada emitida”, explica Hansen en una entrevista con Efe.

“El Gobierno federal ha tratado de impedir el juicio -que tendrá lugar en la Corte del Distrito de Oregón- pero los jueces se lo han denegado con argumentos que nos llenan de esperanza de que podremos ganar, e ir mucho más lejos, a la Corte Suprema que es el siguiente paso”, agrega.

Además de en la investigación del cambio climático, Hansen fue pionero en el activismo científico, compareciendo en el Congreso estadounidense en 1988 para dar cuenta de la gravedad del calentamiento.

Preguntado por cómo ve esa comparecencia a día de hoy contesta que “con frustración”. “Han pasado treinta años y es irracional que no se ha hecho nada para combatir un problema que afecta al bien común”, lamenta.

Los Gobiernos fueron capaces de dar una respuesta rápida al problema de la capa de ozono mediante el Protocolo de Montreal. Con el cambio climático no se ha hecho nada debido a la influencia tan descomunal de la industria de los combustibles fósiles en los partidos políticos”, añade.

Hansen no alberga la más mínima duda de cuál es la solución para evitar las peores consecuencias del clima de la tierra, “y no es el Acuerdo de París, que aunque no hace daño, no va a cambiar la trayectoria de emisiones que llevamos”.

“La ciencia ha dejado claro que estabilizar el clima de la tierra exige poner un precio real a los combustibles fósiles que incluya su coste social, es decir, establecer una cuota a las transacciones comerciales de fósiles en todo el mundo que revierta directamente en incentivos a las energías limpias”, subraya.

“Se trata de establecer un mecanismo de mercado, que va a funcionar mejor que cualquier tipo de regulación. Sin esa tasa no habrá transición hacia un modelo bajo en carbono, porque seguiremos consumiendo combustibles fósiles baratos cuyo precio no incluye el daño tan grave que supone su quema”, incide.

Hansen, que forma parte del “Lobby de Ciudadanos por el Clima” que reclama al Congreso estadounidense esa tasa, aboga por que “las cada vez más personas, especialmente jóvenes, preocupadas por el cambio climático en Estados Unidos creen un nuevo partido político, ya que los dos que existen en la actualidad son absolutamente dependientes de las donaciones de la industria fósil”.

Este es el principal mensaje que quiere a hacer llegar a través de su próximo libro, “El Planeta de Sofía”, dedicado a la generación de su nieta mayor, Sofía, de 18 años: “Defender el derecho a no heredar un planeta en unas condiciones deplorables”.

“Esa energía de los jóvenes y esa capacidad de movilización a través de las redes sociales debe canalizarse mediante la creación de un nuevo partido que no le deba nada a la industria de los combustibles fósiles. Si logran ponerlo en marcha antes de 2020 puede que tengamos un cambio importante que permita evitar las peores consecuencias del cambio climático”, insiste.

Hasta ese momento, “Trump es problema de corta duración y puede ser hasta un revulsivo para que más gente preste atención al tema y haga uso de la democracia para proteger a las generaciones futuras”.

Preguntado por cuál es la pregunta más acuciante a la que debe responder la ciencia del clima, Hansen destaca que “a cuándo y cómo se va a producir el deshielo de los casquetes polares”, en tanto que “más de la mitad de grandes ciudades están al borde de un océano, cuyo nivel puede subir varios metros de forma abrupta”.

Hansen, ex director del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de NASA, no se arrepiente ni un ápice del activismo que le ha llevado a ser arrestado en varias ocasiones por protestar frente a la Casa Blanca contra la construcción de nuevos oleoductos: “El cambio climático es el problema más crucial que afronta nuestra civilización”.

FUENTE: Caty Arévalo – Agencia EFE

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