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El gas natural va a jugar un rol importantísimo en el futuro energético. Tanto que ya se están empezando a ver movimientos estratégicos de calado, sobre todo en la Unión Europea.

El último de ellos es el mayor gasoducto submarino del mundo. Irá de los yacimientos de la costa de Israel hasta Italia, pasando por las reservas de gas recientemente encontradas en la costa de Chipre.

Estos tres países (Israel, Italia y Chipre), junto a Grecia se han unido para crear la mayor infraestructura gasística submarina del mundo, cuya inversión podría irse hasta los 5.800 millones de euros.

Este proyecto podría ser la gran baza que se guarda Miguel Arias Cañete para contrarrestar la gran dependencia europea del gas ruso. De esta manera, el proyecto hispano francés de MIDCAT, ahora conocido como South Transit East Pyrenees (STEP), se podría quedar descolgado y ser protagonista de reparto en los planes de Bruselas.

La gran diferencia entre el proyecto STEP y el gasoducto submarino es que hay mayor voluntad para el desarrollo del mismo. Mientras España apuesta por el STEP con mucha fuerza, es incapaz de contrarrestar la continua negativa francesa a crear una tercera interconexión gasística entre ambos países.

Ahora, Italia, Israel, Grecia y Chipre se han comprometido a seguir con el megagasoducto submarino a pesar de que se trata de una gran inversión. Pero es que tanto Israel como Chipre tienen que dar salida a su gas recientemente encontrado en sus aguas.

Los ministros de energía de los cuatro países y el Comisario Miguel Arias Cañete se comprometieron con el proyecto. Ya se han completado los primeros estudios y esperan desarrollar un plan completo para su total desarrollo a finales del año.

La construcción de la tubería no comenzaría hasta dentro de unos años y es probable que no esté en marcha hasta 2025.

Los planes de Bruselas con STEP serían similares a los del gasoducto submarino, pero para ver una firma entre Royal y Nadal, o el nuevo presidente francés con Rajoy queda aún mucho tiempo. Las diferencias son abismales. Mientras, entre España y Francia se ve STEP como una guerra para ver quien controla ese gas, el megaproyecto del Mediterráneo parece tener las cosas bien claras y ese gas sería el contrapeso definitivo.

¿Acelerarán el proyecto España y Francia o dejarán que el gasoducto de Israel, Italia, Grecia y Chipre le gane la partida?

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