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La fiebre del oro solar ya se ha cobrado nuevas víctimas. Se trata de Yingli Solar, el mayor fabricante chino de paneles fotovoltaicos, y de SolarCity, propiedad de Elon Musk, el genio de la innovación, la tecnología… y el marketing. En el camino se han quedado la bancarrota del gigante estadounidense SunEdison y el preconcurso de acreedores del icono de las renovables españolas Abengoa.

“En el caso de Yingli Solar, la causa está clara, hay un cambio en la política china“, explica un experto del sector fotovoltaico, “hasta ahora el gobierno les permitía hacer dumping, y si había problemas de caja, ‘papá Gobierno’ lo resolvía, pero China quiere evolucionar hacia un sistema empresarial más internacional, sin tanto intervencionismo, quiere que sus empresas apliquen criterios empresariales y las que se sepan gestionar bien saldrán adelante, las que no, desaparecerán”.

En los últimos cinco años, la capacidad de energía solar fotovoltaica se ha multiplicado por 168 veces en el gigante asiático. “Y el principal mercado de Yingli es su propio país, pero la mayoría de los paneles que ha instalado allí está en parques fotovoltaicos sin punto de conexión“. Según el experto, incluso en eólica ha llegado a haber un 70% de parques que no podían abastecer de electricidad a la población por no estar conectados a la red. “La falta de planificación, la necesidad del Gobierno chino de impulsar su propia industria y las políticas antidumping de la Unión Europea han sido su ruina”.

El fabricante chino tiene una deuda de 260 millones de dólares que probablemente no pueda pagar y por eso está en conversaciones con sus acreedores para refinanciarla. Una de las soluciones para conseguir liquidez es la venta de activos y la incorporación de nuevos accionistas a la empresa pero el tiempo le apremia y los plazos vencen esta semana.

Si no lo consigue, no será la única en caer. El Gobierno chino ya anunció hace un año que solo iba a salvar al 20% de las 500 empresas fotovoltaicas que existen en el país. Pronto sabremos cuál es la siguiente.

SolarCity

En la otra punta del planeta, SolarCity, la niña mimada de Elon Musk, está despertando las alarmas entre los analistas estadounidenses. Los resultados del primer trimestre del año revelan unas pérdidas un 54% superiores a los gastos operativos totales. “El genio de la tecnología se ha pegado un buen golpe”, explican fuentes del sector, “la economía espectáculo acaba pasando factura porque detrás del marketing y del show tiene que haber una buena gestión y Elon Musk tenía demasiados frentes abiertos que requerían mucho pulmón financiero como el desarrollo de su coche eléctrico Tesla, su revolucionaria batería Powerwall y su apuesta fallida por el autoconsumo en el Estado de Nevada“.

El cambio de regulación de Nevada, el único estado de EEUU que ha aprobado el ‘impuesto al sol’, ha hecho más daño de lo que se esperaba. “Los excesos en las gestiones poco prudentes tienen un coste”, concluyen las fuentes, “y si tienes ventaja competitiva en un producto debes explotarlo, porque al final quien mucho abarca poco aprieta”.

Para SolarCity no está todo perdido, los planes de Elon Musk para salvarla aún nos pueden sorprender. Está “tocada” pero habrá que esperar a sus resultados del segundo trimestre para saber si está además “hundida”.

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