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Carbón, gas y petróleo. Donald Trump dice que el futuro energético del país y su independencia del exterior pasa por el desarrollo de estas tecnologías, justo en dirección contraria al resto de los países, y va a dar carta blanca a los combustibles fósiles. Un nuevo plan al que ha llamado “la dominación de Estados Unidos de la producción mundial de energía” y al que va a dedicar una “Energy Week” para darlo a conocer por todos los rincones de su país.

En su plan lo primero que quiere conseguir es aumentar las exportaciones norteamericanas de petróleo y gas natural. El presidente ha anunciado que tras décadas de dependencia energética, su país está a punto de convertirse en un exportador neto de petróleo, gas, carbón y otros recursos energéticos, según cuenta Bloomberg.

Trump quiere impulsar las industrias a la que ha estado vinculado desde hace años, las de carbón, petróleo y gas. Fue todo un símbolo que su primer discurso importante durante la campaña electoral se hiciera en la plataforma de perforación petrolera de Dakota del Norte en 2016, y los siguientes han sido en los primeros cinco meses de la era Trump, durante los que ha ido revocando una por una las políticas de Obama que pretendían ir cerrando el grifo tanto a la producción como al consumo de los combustibles fósiles.

El presidente de EEUU hablará durante una semana casi exclusivamente de las exportaciones de combustibles, porque cree que contribuirá así a fortalecer la influencia del país a nivel mundial, fortalecerá alianzas internacionales y ayudará a estabilizar los mercados globales. El secretario de Energía, Rick Perry, hará lo propio días después cuando se reúna con analistas y ejecutivos en Washington.

“Ya no tenemos escasez de suministro -estamos en la era de la abundancia de energía-, lo que sitúa a Estados Unidos en un lugar totalmente diferente”, señaló Dave Banks, un asesor del presidente en energía, “porque permite que nuestro país tenga energía segura y asequible además de una ventaja competitiva importante”.

Pero su plan no tiene un único objetivo. Además, le sirve para cubrir sus prioridades políticas, como mejorar la balanza comercial, reconstruir la industria pesada, modernizar las infraestructuras del país… La administración Trump parece apreciar la sinergia entre las industrias de extracción y las manufactureras, porque si se genera energía barata y a su vez se está fabricando el material necesario para producir y exportar esos recursos, todos ganan.

Prohibir la prohibición de aumentar la producción de crudo

Con el auge de la producción de petróleo de Estados Unidos, el ex presidente Barack Obama firmó una ley en diciembre de 2015 que levantó una prohibición impuesta hace décadas para la mayoría de las exportaciones de crudo. Desde entonces, Estados Unidos ha exportado más de 157 millones de barriles a otros países.

El gobierno federal también autorizó 600.000 millones de litros diarios de gas natural para ser licuado y enviado a países que no tienen acuerdos de libre comercio con Estados Unidos. Desde que comenzó a funcionar la terminal de Sabine Pass de Cheniere Energy Inc. en Louisiana el año pasado, (la primera gran instalación que envía gas de esquisto al extranjero), ya se ha enviado más de 100 cargamentos de GNL a países como México, China y Turquía.

Pero no solo exportará gas y petróleo. También carbón. Y vendérselo a Europa y a Asia. Por lo visto, recientemente ha aumentado la producción de acero cuyas industrias funcionan con carbón y desde la Costa Este se quiere enviar más recursos al extranjero.

¿Y la eólica, la solar y las nucleares?

Las energías renovables y las nucleares casi ni se asoman en el plan de Trump. Se espera que los estadounidenses aprovechen el poder del viento y el sol pero también que la nueva presidencia dé el impulso definitivo a una nueva generación de reactores nucleares avanzados y modulares, aunque esto último no convence a los analistas. Por lo visto, las licencias de diseños avanzados de reactores tardan tanto en concederse que desalienta la inversión.

Y en el caso de las renovables, la Casa Blanca también está investigando una propuesta para derogar el Plan de Energía Limpia de la administración de Obama, en donde se obligaba a los estados a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de la producción de electricidad. No le interesa. La nueva administración prefiere ofertar más territorio para las prospecciones de petróleo y gas en los océanos Ártico y Atlántico.

El gobierno de Trump ha comenzado a revertir una serie de regulaciones y políticas, como poner fin a una moratoria que bloqueaba la posibilidad de explotar más tierras federales para la producción de carbón además de anular una norma que gestionaba la contaminación minera en ríos y arroyos.

A día de hoy, el Departamento del Interior del país está empezando a derogar o revisar las normativas aprobadas por Obama que regulaban la fracturación hidráulica y endurecía las medidas a las fugas de metano de los pozos petroleros.

El carbón

“Se trata de utilizar nuestra abundancia de recursos naturales para crear empleos y hacer crecer la economía, y al mismo tiempo usarlos para fortalecer el liderazgo y la influencia de Estados Unidos en el exterior”, señalaba Michael Catanzaro, asesor del presidente en energía nacional.

Sin embargo, irónicamente, algunas de las políticas de Trump podrían enfrentar a los mercados del petróleo, el gas y el carbón, porque si hay más producción nacional precisamente cuando ya hay un exceso de oferta, provocaría un derrumbe de los precios.

Estados Unidos prevé producir 10 millones de barriles de petróleo por día de promedio en 2018, según un pronóstico de la Administración de Información de Energía, superando así el récord de 1970.

Dominar el mercado de la energía

Durante años el eslogan de su campaña electoral ha sido la “independencia energética” porque tanto los políticos y como la industria han defendido que era posible en una nueva era de abundancia. Pero Trump quiere más. Quiere dominar el mercado energético mundial.

“Trump está reorientando nuestra retórica nacional hacia el dominio”, ha anunciado Kevin Book, analista de ClearView Energy Partners LLC., “los cautivos anhelan la independencia, los competidores se esfuerzan por dominar. Es un cambio de pasar a seguir adelante”.

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