Isolux vuelve al punto de partida, a ‘preconcurso de acreedores’, tras retirarle su apoyo el Santander

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Isolux Corsán.
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Isolux Corsán ha acordado acogerse al ‘preconcurso’ de acreedores para contar con cuatro meses más para negociar con los bancos una inyección de capital de unos 400 millones que garantice la viabilidad de la compañía y, en último término, evitar el concurso.

La compañía de construcción e ingeniería toma esta decisión después de que aún no haya podido fructificar la negociación que mantiene desde finales de 2016 con sus tres principales bancos acreedores y accionistas, Santander, Bankia y CaixaBank.

Por ello, el consejo de Isolux ha acordado este viernes por “unanimidad” acogerse al artículo 5 bis de la Ley Concursal. De esta forma, la empresa cuenta con un margen de cuatro meses para ultimar un acuerdo con la banca que garantice su viabilidad bajo el paraguas de la ley, esto es, sin que un acreedor pueda instar su concurso.

El plazo de los cuatro meses comenzará una vez que el correspondiente Juzgado de lo Mercantil admita la solicitud de ‘preconcurso’.

Isolux aseguró en un comunicado que solicitar el amparo de la Ley Concursal no afectará al mantenimiento de su actividad ni a la capacidad de ejecución de los proyectos iniciados en los últimos meses.

SEGUNDO APLAZAMIENTO DE LAS CUENTAS.

En paralelo, el máximo órgano de gestión de la compañía ha convenido volver a aplazar la formulación de sus cuentas de 2016, dada la “importancia” que la negociación sobre la nueva financiación tiene sobre los resultados.

La compañía que preside Nemesio Fernández-Cuesta necesita una aportación de entre 300 y 400 millones de euros para garantizar la liquidez y el funcionamiento de la empresa y, por tanto, su viabilidad.

Isolux negocia con la banca este nuevo rescate sin que se haya cumplido un año del primero, el pactado en julio de 2016, con el que reestructuró la deuda de 2.200 millones que soportaba la compañía.

En virtud de este primer rescate, una veintena de bancos, liderados por Santander, Bankia y CaixaBank, se convirtieron en socios de control del grupo, al convertir el grueso del pasivo en acciones. Estas tres entidades, con las que ahora negocia, controlan un 30% de su capital.

El plan supuso además una reestructuración de la empresa, tanto en plantilla como en dirección y organización, y el lanzamiento de un programa de desinversiones de activos no estratégicos para lograr recursos con los que pagar parte de su deuda, el denominado ‘tramo B’, de unos 750 millones.

Así, tras vender un parque eólico en Argentina y la filial de plantas fotovoltaicas T-Solar, trabaja para desprenderse del resto de activos en los que tiene colgado el cartel de ‘se vende’. Se trata de un conjunto de líneas de transmisión eléctrica de Brasil, la división de aparcamientos, la filial de ingeniería y varios proyectos de edificación.

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