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El lago Kivu, que se encuentra a caballo entre Ruanda y la República Democrática del Congo, es famoso por tener en sus profundas aguas, miles de millones de metros cúbicos de metano y dióxido de carbono, que proceden de la cercana actividad volcánica. 

Ahora, la energética estadounidense Contour Global ha inaugurado esta semana la primera fase de KivuWatt, una instalación de 200 millones de dólares (unos 178 millones de euros), que bombea agua desde una embarcación adentrada en el lago Kiwu, la cual extrae el metano y lo envía por un gasoducto a una planta eléctrica de 26 megavatios ubicada en tierra.

En una segunda fase, Contour Global tiene planes de construir dos o tres embarcaciones más, aumentando así la capacidad hasta alcanzar unos 100 megavatios. Otra empresa estadounidense, Symbion Power, firmó un acuerdo con el Gobierno ruandés para construir un proyecto de 50 megavatios el pasado diciembre.

El potencial de generación energética del lago a largo plazo sigue siendo incierto. Un equipo de expertos reunidos en 2009 calculó que el metano del lago Kivu podría proporcionar entre 160 y 960 megavatios durante un período de 50 años, en función de la eficiencia del proceso de extracción y la tecnología de conversión energética. Incluso la parte más baja de esa escala representa una capacidad mayor que la actual capacidad ruandesa de generación energética.

Representantes de Contour Global afirman que las primeras mediciones son alentadoras. Según su CEO, Joseph C. Brandt, la calidad y pureza del gas han superado las proyecciones oficiales. Esto tiene muchas probabilidades de permitir añadir otros ocho megavatios procedentes de la embarcación existente, posiblemente para principios de 2017.

Además de propocionar una energía crítica, KivuWatt también fue concebido para mitigar una catástrofe en potencia. Las mediciones recopiladas a mediados de la década de 2000 demostraron que los niveles de metano del lago estaban subiendo a un ritmo que podría provocar que la concentración general de gas del lago Kivu podría acercarse a su punto de saturación para finales de siglo. Llegados a ese punto, un terremoto o una erupción volcánica podría liberar el gas, sofocando ciudades al completo a orillas del lago y amenazando la vida de más de dos millones de personas.

Los experimentos que monitorizan el lago dicen que el riesgo de que eso suceda en un futuro cercano es casi inexistente. Aun así, la mayoría se muestra de acuerdo en que extraer el metano reduciría significativamente la amenaza a largo plazo. Brandt recuerda: “A medida que fuimos conociendo a los científicos que realmente conocen el lago, nos dimos cuenta de que representa una [de esas situaciones] tan poco frecuentes en las que todos salen beneficiados: la ciencia, la sociedad, el Estado y los intereses privados están todos alineados. Rara vez te encuentras con esto durante la comercialización de un producto”.

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