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“La llegada de Trump ha cambiado toda la geopolítica internacional, va a intentar renegociar los pactos que sus predecesores firmaron años atrás, y al menos hay dos que cambiarlos podrían provocar una mayor incertidumbre política: el Acuerdo de París y el pacto del G5+1 con Irán”. Con estas palabras, Claudio Aranzadi, ex ministro de Industria y Energía, presentaba el estudio ‘Energía y Geoestrategia 2017’.

La impredecibildad de Trump marca un antes y un después en la política internacional, y en concreto, “de estos dos acuerdos, el del cambio climático es el más difiícil de renegociar por su envergadura global pero el que crea mayor inestabilidad es el de Irán”, explicaba el también coordinador del estudio.

Del presidente de EEUU hablaba igualmente Isidoro Tapia, economista energético del Departamento de Financiación de Proyectos del Banco Europeo de Inversiones, “su programa electoral era un conjunto de eslóganes y discursos ya viejos, que están en el léxico norteamericano desde hace décadas, pero su objetivo era desmantelar todo el plan climático de Obama, intentando que el carbón vuelva a sustituir al gas y no ha sido posible, pero más por una cuestión económica que política”.

Para Tapia, la dimensión en materia energética del oleoducto XL-Keystone no es tan potente como que Ivanka Trump esté al frente de las renegociaciones del Acuerdo de París. “Esto significa que no va a retirarse del acuerdo pero sí quizás una renegociación con China para que aumente sus ambiciones en las metas climáticas”. En cualquier caso, la manera que tiene Trump de reaccionar ante los acontecimientos internacionales solo dejan lugar a dos certezas, “que su política hace más factible un escenario de precios energéticos bajos y que se aumentarán las restricciones en el comercio internacional”.

La geopolítica de los hidrocarburos sigue ocupando un lugar importante para comprender las decisiones económico-sociales en todo el mundo. Estados Unidos y Oriente Medio siguen siendo importantes, pero emergen otras áreas del mundo con fuerza, como es China en el sector energético de América Latina y la influencia del sector renovable en Europa. “El vector fundamental en la política de descarbonización de la economía mundial es la electricidad como energía fundamental en el transporte”, señalaba Tapia.

Sin embargo, en materia de seguridad energética las energías renovables no son la solución o al menos no se libran de los riesgos geoestratégicos. “Encuadrar las renovables supone un esfuerzo adicional en la seguridad energética, hay que ser muy naíf para no darse cuenta de ello”, señalaba Gonzalo Escribano, director del Programa de Energía y Cambio Climático del Real Instituto Elcano, “esta narrativa tan obsesionada con la dependencia nos demuestra que nuestras políticas son cortas de mira, porque lo mejor es la diversificación, por ejemplo, Noruega se plantea ser la pila de Europa, por lo que habría que preguntarse ¿por qué no hace lo mismo España para la Unión Europea y para Marruecos?”.

De hecho, Escribano hacía un llamamiento al gobierno porque “España tiene que hacer un esfuerzo para ser un actor pivotal y principal, Italia se ha erigido como el centro del poder energétido del Sur de Europa y yo veo muy ausente a España en todos los acuerdos y alianzas entorno al Mediterráneo, mientras que nuestro vecino está en todos”.

En el caso de América Latina, José María Pardo de Santayana, Coronel del Ejército de Tierra y analista principal del IEEE, hacía mención a que “es la que está más alejada de las tensiones políticas y energéticas, no como ocurre en Oriente Medio, en Rusia o en Asia” y por ello, China ha puesto sus ojos allí, y se está convirtiendo en “el campeón de las inversiones de su sector energético”.

La falta de infraestructuras y de integración de las energías hace que “el papel geopolítico de China en la región sea muy importante y aún más lo será en el futuro, de hecho se espera que en 2040 América Latina se convierta en el segundo exportador de petróleo del mundo”, explicaba Pardo de Santayana, “y como EEUU ha rebajado en buena medida su influencia allí, ambas potencias competirán en la región lo que llevará a una dinamización del sector energético”.

Por último el estudio se centra en una de las zonas más conflictivas y más importantes para el sector energético. Oriente Medio. José Ignacio Castro Torres, Coronel del Ejército de Tierra y jefe del Regimiento de Defensa NBQ-Valencia, enfrentaba a dos economías, Irán, con 80 millones de habitantes, y Arabia Saudí, con 30 millones, “dos territorios potentes, una serie de recursos y una población que atender”.

“En el Golfo Pérsico hay un espacio especialmente sensible, el Estrecho de Ormuz, paso obligado de los buques para llegar al mercado de Asia-Pacífico, y por donde cruza el 30% del volumen total del transporte marítimo de hidrocarburos del mundo”, advertía Castro Torres, “el intento de controlar ese paso por parte de Irán y de Arabia Saudí es cada vez mayor, pero EEUU realiza un papel muy importante como agente de moderación”.

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