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En unos pocos años, términos como el de ‘edificio de consumo energético casi nulo’, ‘EECN’, ‘edificio eficiente’, ‘edificio pasivo’ o ‘edificio de energía cero’ estarán a la orden del día. La maquinaria europea está ya a punto de ponerse en marcha con la publicación de la Directiva de Eficiencia Energética y la de Eficiencia Energética en Edificios dentro de unas semanas. Ambas forman parte del conocido paquete de invierno de energía, junto al de Energías Renovables.

Además, las dos directivas van a estar íntimamente relacionadas. Tanto es así que Bruselas mantiene la exigencia a los Estados miembros para que establezcan estrategias a largo plazo para fomentar inversiones en la renovación de su parque inmobiliario nacional pero ahora esa financiación se destinará, más concretamente, a la iniciativa de construir edificios inteligentes, elaborar planes a largo plazo para edificios de energía casi nula y al objetivo de la descarbonización de los edificios.

“Las dos directivas afectarán al sistema eléctrico pero también a toda la regulación urbanística, lo que va a provocar un cambio sin precedentes”, señala Javier García Breva, experto y presidente de N2E, “la revisión de la directiva de Eficiencia Energética incluirá, por ejemplo, la obligación de poner puntos de recarga para vehículos eléctricos en los aparcamientos de nuevos edificios, de hecho una de cada diez plazas de garaje tendrá que tener uno”.

Pero no solo es el fomento del vehículo eléctrico lo que empujará al cambio del modelo eléctrico, también la obligación de incluir renovables “sobre o dentro de los edificios” en la nueva edificación, la elaboración de medidas de eficiencia energética para los hogares afectados por la pobreza energética y el impulso al autoconsumo compartido. “Todo ello va a obligar a revisar el RD 900/2015 sobre Autoconsumo y el Código Técnico de la Edificación, cuya última modificación data de 1999″, añade García Breva.

Europa está a favor del autoconsumo compartido, una modalidad totalmente prohibida en España, al igual que del balance neto y de mantener la figura del autoconsumidor como consumidor (no como productor) cuando no vierta a la red más de 10 MWh anuales o 500 MWh anuales si son personas jurídicas. “Hay que esperar a que se publiquen las directivas, porque todavía tienen que pasar el filtro del Parlamento Europeo y del Consejo Europeo“, explica el experto, “pero no queda duda de que podrían suponer requisitos muy exigentes que modificarían los reglamentos que hay en nuestro país, sin olvidar que las directivas de renovables en 2009, la de eficiencia energética en edificios de 2010 y de cambio climático de 2012 han sido instrumentos muy útiles, que han ayudado a desarrollar una industria líder en el mundo”.

Como contrapartida, la eliminación de la prioridad de despacho de las renovables “es una mala señal para el consumidor final, porque favorece la participación de los combustibles fósiles”, añade, “aunque si hubiera un impuesto al carbono lo entendería”.

En definitiva, el sistema eléctrico español se enfrenta a la incorporación de un nuevo participante, el autoconsumidor, que vierte su electricidad sobrante a la red, tanto en modalidad individual como compartida, a una mayor presencia de renovables en la nueva edificación y a su vez, a un aumento de la demanda eléctrica con la incorporación del vehículo eléctrico. De ser así, el paquete de invierno serviría para cumplir con los objetivos europeos de 2030, en materia de renovables y de eficiencia energética, y ya de paso, para cambiar el enfoque respecto al modelo actual del sector.

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