La Reforma Energética en México y la caída en el precio del crudo: ¿un fracaso anunciado?

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El presidente Lázaro Cárdenas nacionalizó la industria petrolera mexicana en 1938. Como resultado, una compañía pública, Petróleos Mexicanos (PEMEX), fue creada para explotar los hidrocarburos, manteniendo la capacidad para asociarse con empresas privadas. No obstante, en 1960, tras una enmienda a la Constitución la participación de empresas privadas fue totalmente prohibida.

Como consecuencia, PEMEX quedó como la única entidad autorizada para explorar, explotar y comercializar hidrocarburos en México. Durante décadas esta situación se mantuvo sin cambios, siendo una industria petrolera pública símbolo de la independencia y orgullo nacional.

Todo esto cambió el 20 de diciembre de 2013, cuando el presidente Peña Nieto promovió una liberalizadora Reforma Energética aprobada con amplia mayoría en el Congreso de México, eliminando los obstáculos a la inversión privada en la industria petrolera de México.

La génesis de la Reforma Energética debe buscarse en la caída de la producción de petróleo en México. El yacimiento petrolífero más importante de la historia de México, Cantarell, fue descubierto en 1979. En su momento era uno de los campos más extensos del mundo y representó el 45% de la producción mexicana en el período 1979-2011. Desde 2004, sin embargo, este yacimiento experimenta un acusado declive, por lo que la producción de hidrocarburos en México se ha reducido en un 25%, a pesar de que otros descubrimientos importantes han mitigado la decadencia de Cantarell.

 

Pablo Cano Trilla
Pablo Cano Trilla

La caída de la producción amenaza la viabilidad de la administración pública mexicana, pues los ingresos fiscales procedentes de los impuestos que gravan a PEMEX supusieron aproximadamente el 34% de los ingresos totales en el período 2001-2012. Además, como consecuencia de la disminución de la producción, los altos impuestos y la gran inversión realizada para descubrir nuevos yacimientos, PEMEX tuvo en 2013 unas pérdidas netas de 12.590 millones de dólares.

Para cambiar esta tendencia, el Gobierno mexicano ha puesto grandes esperanzas en la Reforma Energética. Se espera que para 2018 haya aumentado en un 20% la producción de petróleo y en un 30% la de gas. Para ello, se ha estimado que será necesario invertir 10.000 millones de dólares anuales en el sector petrolero, ligando el éxito de la Reforma a la capacidad de atraer inversores.

Si México pretende aumentar la producción de hidrocarburos, es ineludible desarrollar las reservas de hidrocarburos no explotadas en las aguas profundas del Golfo de México y en los yacimientos no convencionales del norte del país. No obstante, estos yacimientos solamente son rentables si el precio de los hidrocarburos  se mantiene relativamente alto, debido a los elevados costes de explotación.

En la actualidad el precio del petróleo es relativamente bajo, ya que los mercados perciben que existe un exceso de oferta, debido al escaso ímpetu de una demanda lastrada por el débil crecimiento económico mundial. Es legítimo preguntarse si la Reforma Energética está condenada al fracaso, es decir, si, como consecuencia del bajo precio, los inversores no se verán atraídos por México.

En este sentido, conviene recordar que las inversiones en el sector de los hidrocarburos no se ven fundamentalmente condicionadas por los precios a corto plazo, sino por las previsiones a medio plazo. La actual escalada bajista, reforzada por la decisión de la OPEP de mantener los niveles de producción de crudo, expulsará del mercado a aquéllos cuya producción no sea rentable con precios moderadamente bajos.

Por consiguiente, en el medio plazo, cuando haya disminuido el número de productores y se haya corregido el exceso de oferta, los precios volverán a subir. Consecuentemente, la Reforma Energética y las finanzas del Estado mexicano no están amenazadas si los pronósticos sobre el precio del crudo se cumplen.

 

NOTA: las estadísticas y datos referentes a México utilizadas en este artículo proceden de estudios del IMCO (Instituto Mexicano para la Competitividad).

Pablo Cano Trilla es Oil & Gas Associate en el London Centre of International Law Practice.

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