Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedintumblrmail

Si alguien tenía alguna esperanza de que Donald Trump cambiaría de opinión respecto a su política energética, se ha equivocado. Aunque esa esperanza surgiera tras haber admitido por primera vez que puede haber “alguna conexión” entre el cambio climático y la actividad humana y reconocer que examinará el Acuerdo de París con ‘mente abierta’.

Esa posibilidad se ha esfumado rápidamente tras declarar en un vídeo su intención de levantar las restricciones para estimular la producción nacional de energía.

“Voy a cancelar las restricciones que destruyen el empleo en el sector energético estadounidense, incluido en el shale gas y en el carbón ‘limpio’, creando así millones de empleos bien remunerados. Eso es lo que queremos y eso es lo que hemos estado esperando”, ha dicho en el video.

En la grabación, Trump no ha detallado cuáles eran las restricciones que tiene en mente. Y aunque los expertos en energía y las empresas del sector apuntan a una variedad de regulaciones ambientales federales sobre la extracción de petróleo y gas, se han quedado perplejos cuando Trump habló de la limitación de carbón ‘limpio‘.

Porque ¿qué es el carbón limpio? Hace menos de un año se anunciaba la quiebra del mayor productor de carbón del sector privado mundial, Peabody Energy, ahogado tras intentar vender el humo de dos estrategias que supuestamente llevarían a la empresa a alcanzar sus cotas más altas: enviar carbón a China y construir unas plantas “de carbón limpio”. Esta última opción consistía en capturar el dióxido de carbono de las chimeneas industriales de las plantas de carbón y enterrarlo a mucha profundidad bajo tierra. Una alternativa muy onerosa en términos de costes, porque competía con un gas natural barato.

La quimera del carbón limpio es solo eso. Los expertos creen que en realidad se propone derogar una gran cantidad de normas ambientales que regulan la producción de carbón y poner fin a los planes de energía limpia que aceleraría su disminución.

Y todo apunta a esa dirección. No hay más que ver a los hombres y mujeres del presidente. Ya sabemos que Harold Hamm, director ejecutivo de Continental Resources, el “rey del fracking”, podría estar al frente de la política energética, Sarah Palin, ex gobernadora de Alaska y conocida por el slogan ‘Drill, baby, drill’ (‘Taladra, nena, taladra’), que utilizó en 2008 durante su campaña electoral, podría ocupar la cartera del Ministerio del Interior, (un cargo importante por ser quien aprueba las concesiones de carbón, gas y petróleo), y el negacionista del cambio climático Myron Ebell que se queda en la Agencia de Protección Ambiental.

Pero no olvidemos que Trump además tiene mayoría en el Senado y en el Congreso, y si consigue su cooperación, que casi con seguridad tendrá, puede activar la Ley de Revisión del Congreso. Esto permite que, en determinadas circunstancias, un nuevo presidente y un Congreso afín puedan anular las últimas regulaciones de la Administración anterior.

De esta manera, la ley se podría aplicar a las regulaciones que finalizaron después del 30 de mayo, o todas las del año 2016 que no llegaron a entrar en el Congreso. Y esto apunta a algunas normas de la administración Obama en relación a las inversiones en energías limpias.

¿Cuáles son regulaciones más vulnerables? Quizás la más obvia es una norma del Departamento del Interior sobre el control de la quema, ventilación y filtración involuntaria de gas metano de las operaciones de petróleo y gas en terrenos de propiedad federal o de las reservas indígenas. También podría ser otra norma Obama sobre el control del metano, promulgada por la Agencia de Protección del Medio Ambiente, que pretendía reducir las fugas de gas metano a lo largo de su distribución. Pero la lista se podría seguir estirando y pronto se sabrá.

Artículos relacionados:

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedintumblrmail

Dejar respuesta

12 − siete =