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España podría alcanzar los objetivos de descenso de dióxido de carbono (CO2) si la nueva ley de cambio climático y transición energética contemplara el gas como “energía clave”, según ha comunicado la Asociación Española del Gas (Sedigás).

Para Sedigás, el gas natural es hoy, la “única energía” capaz de ser “pieza angular” en el mix energético y una solución “fácil a corto plazo”, y que tendría un “impacto inmediato”.

Las propuestas que plantea Sedigás para la futura ley española de cambio climático son cinco. Se centran en utilizar las “fortalezas” del gas en la transición hacia una economía baja en carbono en sectores como el transporte, el residencial y el de generación eléctrica, sustituyendo por gas otros combustibles más contaminantes, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y mejorar la calidad el aire de forma económicamente sostenible.

La primera medida pasaría por establecer un modelo energético sostenible económicamente, que ayude a conseguir los objetivos de cambio climático, que mejore la calidad del aire y que contribuya a aumentar la seguridad de suministro y a crear nuevas oportunidades de crecimiento y empleo.

Para ello, habría que priorizar las acciones con tecnologías probadas y de coste asumible, promocionar la sustitución de combustibles por otros menos contaminantes aprovechando las infraestructuras existentes y disponer de un precio del CO2 que permita el desarrollo económico de la industria.

La segunda, tendría que ver con la calidad del aire. El gas natural es intrínsecamente un combustible limpio que garantiza una combustión libre de partículas y con cero emisiones de dióxido de nitrógeno (NO2), gas que determina la mala calidad del aire.

La tercera aboga por utilizar las fortalezas del gas en la transición hacia una economía baja en carbono en sectores como el transporte, el residencial y el de generación. Ya que la sustitución de otras tecnologías más contaminantes por gas reduciría las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de forma “económicamente sostenible”.

El cambio a sistemas modernos de calefacción a gas es una forma “rápida y barata” de reducir las emisiones del sector residencial hasta en un 55%. Las calderas de condensación presentan hasta un 65% más de eficiencia que sus tecnologías competidoras. Los ciclos combinados, que aportan firmeza, flexibilidad y una potencia ya instalada, son “garantes” de la estabilidad del sistema eléctrico además de una tecnología limpia, pues aumentar la generación a gas disminuiría las emisiones hasta en un 66%.

La cuarta es el uso del gas como combustible alternativo para transporte marítimo y terrestre, que podría reducir hasta un 21% y un 23%, respectivamente, las emisiones de GEI. Medida que necesitaría el desarrollo de infraestructuras y apoyo al desarrollo para su introducción en el mercado.

Para terminar, la quinta propuesta es la del uso de biometano, gas procedente de fuentes renovables que con tan solo inyectar un 20% en el sistema de distribución, reduciría un 36% las emisiones globales de GEI en comparación con los combustibles derivados del petróleo.

Según recoge Sedigás, el secretario general de Ngva Europa, Andrea Gerini, asegura que más de dos millones de vehículos podrían emplear biometano procedente de residuos sólidos urbanos, “transformando la basura doméstica” en un combustible sostenible, producido localmente y además renovable.

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