Los productores de crudo impulsan los “petroprecios” con un recorte de oferta

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De izda a dcha; el ministro de Energía ruso Alexander Novak, el de Qatar Mohammed Al-Sada y el de Arabia Saudi Khalid Al-Falih. FOTO: EFE
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Los productores de crudo cierran un año de arduas y tensas negociaciones, que comenzó con el precio del barril cayendo al nivel más bajo desde 2003 y concluye con el primer recorte de la oferta desde 2008 y una apreciación del valor del “oro negro” en torno al 100% respecto a enero.

El punto final de todo el proceso tuvo lugar el 10 de diciembre en Viena, con una inusitada reunión ministerial de 25 naciones, incluidos los trece miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), así como Rusia y México.

Nunca antes en la historia habían participado tantos Estados en un pacto para reducir los suministros de crudo: el resultado fue el compromiso de retirar del mercado 1,758 millones de barriles diarios (mbd) a partir del 1 de enero de 2017.

A causa de unos suministros excesivos, los “petroprecios“, que venían cayendo de forma sostenida desde junio de 2014 -cuando estaban a 100 dólares/barril-, se derrumbaron a menos de 30 dólares.

El 20 de enero de este año llegaron a “tocar fondo” con apenas 22,48 dólares, su nivel más bajo en más de una década.

Esta bajada coincidió con la puesta en vigor del acuerdo nuclear con Irán, que puso fin a sanciones internacionales impuestas al sector petrolero de Teherán y que significó el regreso de las exportaciones iraníes a un mercado ya muy saturado.

La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) se hallaba, desde fines de 2014, en una auténtica “guerra de precios” impulsada por Arabia Saudí, el mayor exportador mundial de “oro negro”, y sus socios del Golfo Pérsico.

Con la estrategia de abrir las espitas y dejar a las cotizaciones en caída libre, la OPEP combatía la rentabilidad del petróleo rival, sobre todo el de esquisto en Estados Unidos, que se había disparado en más de 4 millones de barriles diarios (mbd) entre 2008 y 2014.

Pero esa política de defensa de la cuota de mercado provocó crecientes tensiones en el seno de la OPEP.

Por un lado estaban las ricas monarquías del Golfo Pérsico que, si bien tuvieron que recortar sus presupuestos para hacer frente a la caída de sus ingresos petroleros, se veían con suficiente capacidad para mantener el pulso con la industria estadounidense.

Por el otro, los miembros con economías más débiles y costes más altos de producción, como Venezuela, Nigeria, Argelia o Ecuador, para los que la situación se hizo insostenible.

Por eso, se lanzaron a una intensa campaña diplomática, entre sus socios de la OPEP y los países no miembros del grupo, para coordinar una medida que acelere el reequilibrio del mercado.

El 17 de abril se celebró un primer encuentro en Doha al que acudieron, salvo Irán, todos los miembros de la OPEP y otros productores como Rusia, con la idea de pactar una congelación del 75 por ciento de la producción de “oro negro” del planeta.

Pero el intento fracasó en el último momento por la negativa de Riad a limitar sus extracciones si no lo hacía también Teherán.

Irán había avisado de que no aplicaría ninguna medida para frenar sus suministros hasta que no hubiera recuperado el nivel que tenía antes de la imposición internacional de sanciones en 2011.

Tampoco en la 169 conferencia de la OPEP de junio los ministros lograron fijar un nuevo tope de producción y concluyeron la cita con la única decisión de nombrar al nigeriano Mohammed Barkindo nuevo secretario general de la organización.

Arabia Saudí, por su parte, reiteró su posición a favor de dejar que el mercado se reequilibre solo, es decir, que los bajos precios vayan minando la explotación más cara del crudo.

También los analistas reconocieron que la pérdida de capacidad de inversión de las compañías petroleras pasarían factura al nivel de producción global y provocarían un paulatino incremento del precio.

Esa estrategia comenzó a dar resultado y los principales competidores de la OPEP, especialmente EEUU, bajaron forzosamente su producción en 2016 por primera vez en siete años.

No así Rusia, el principal productor del planeta, que aumentó sus extracciones hasta niveles inéditos, de más de 11 millones de barriles diarios (mbd), ni la OPEP, cuyo bombeo batió varios récords históricos hasta alcanzar en octubre la cota inédita de 33,6 mbd.

No obstante, para entonces los ministros de la organización, reunidos al margen del Foro Internacional de la Energía en Argel a fines de septiembre, habían acordado limitar sus extracciones a un nivel de entre 32,5 y 33 mbd en 2017, siempre y cuando también rebajaran sus extracciones otros productores, sobre todo Rusia.

Finalmente, la OPEP anunció en su 171 conferencia ministerial, el 30 de noviembre en Viena, que a partir del 1 de enero de 2017 limitará su producción a un máximo de 32,5 mbd, lo que supone la retirada de 1,2 mbd, a los que se añadirán otros 0,6 mbd de sus rivales.

Finalmente, la OPEP anunció en su 171 conferencia ministerial, el 30 de noviembre en Viena, que a partir del 1 de enero de 2017 limitará su producción a un máximo de 32,5 mbd, lo que supone la retirada de 1,2 mbd, y sus rivales accedieron, diez días después, a unirse al acuerdo retirando otros 0,558 mbd.

La reacción: los precios del crudo se dispararon más del 20% hasta mediados de diciembre, acercándose el barril de Brent, la principal referencia internacional, a los 60 dólares, y auguran una notable subida de la factura energética para los hogares y consumidores en 2017.

Un reportaje de Wanda Rudich para la Agencia EFE

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