Montes: No habrá Unión Energética si no hay reguladores independientes

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Eduardo Montes, presidente de Unesa. FOTO: EFE
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Eduardo Montes, presidente de Unesa. FOTO: EFE
Eduardo Montes, presidente de Unesa. FOTO: EFE

La transición energética hacia un modelo más sostenible y respetuoso con el medio ambiente es algo irreversible y que, mal que bien, todo el mundo ha asumido. El mundo avanza inexorablemente hacia ese nuevo modelo. Y esto resulta tan evidente como el hecho de que la UE debe caminar también hacia la Unión Energética Europea. Europa tiene que afrontar el desafío de reducir los precios energéticos, base de una competitividad real, vencer los riesgos de la alta dependencia de suministro en materia de hidrocarburos, integrar física, jurídica y regulatoriamente un mercado único de electricidad y gas natural, con infraestructuras integradas y afirmar una Autoridad común . En definitiva, como dice muy acertadamente Vicente López-Ibor en estas mismas páginas, “definir con renovada ambición una transición energética hacia una mayor descentralización, mejora en eficiencia y protagonismo de la demanda”.

El sector energético, y en particular, el sector eléctrico, ha evolucionado  a una velocidad de vértigo, y ha experimentado cambios muy sustanciales. En los últimos tiempos Europa ha asistido a una auténtica revolución: se han privatizado algunas compañías públicas, se han creado reguladores independientes y mercados para negociar la electricidad, se han separado las actividades reguladas de las competitivas en las compañías verticalmente integradas para garantizar el acceso a las redes a generadores y consumidores, hay nuevas centrales de generación que compiten con las centrales tradicionales, y lo mismo sucede con los comercializadores, los consumidores empiezan a participar en el mercado gestionando su demanda, se van eliminando poco a poco las tarifas tradicionales para transformarse ahora en tarifas de acceso, y hay un gestor de la red de transporte completamente independiente que gestiona el acceso a la red. Es decir, se han experimentado más cambios en dos décadas que en todo el siglo anterior.

Regulador independiente

“En todo este proceso de cambio la presencia de un regulador independiente ha sido clave”, decía el presidente de la patronal Unesa, Eduardo Montes, en un artículo publicado  en la revista de la Fundación de Estudios Sociológicos (FUNDES) Cuenta y Razón este verano. En él, Montes explica que la independencia del regulador es imprescindible porque solo así se asegura que las decisiones sean objetivas y, por consiguiente, estables y predecibles. “Así –dice Montes- se evitan intervenciones arbitrarias y se garantiza el mismo trato a todas las empresas. Y esto es muy relevante, porque en definitiva redunda en una menor incertidumbre para atraer las inversiones que se necesitan y, al final, en un menor precio para el consumidor”.

La finalidad de estos reguladores es fijar las reglas para el funcionamiento del mercado, supervisarlo y proteger a los consumidores, especialmente a los vulnerables. La mayoría de reguladores europeos se encargan de estas actividades, pero además regulan la inversión y el precio en las redes de transporte y distribución de electricidad, o fijan estándares para la seguridad y la fiabilidad del suministro.

euMontes, sin embargo, considera que no se puede decir que España se encuentre en el grupo más avanzado. La Comisión Europea ha sido muy clara en este sentido al meter a España en un grupo de países, junto con Portugal, Grecia, Italia, Bélgica y algunos países del Este de Europa, en los que la independencia del regulador deja bastante que desear (ver gráfico).

Liberalizar el mercado

En el esquema actual de funcionamiento del negocio eléctrico en la UE, Montes considera que se sigue avanzando hacia el objetivo de obtener un mercado único en el que, por el lado de la generación, se produzca una integración de todos los mercados y, por el lado de la comercialización, desaparezcan progresivamente los precios regulados y el consumidor tenga mayor capacidad de elección. Todo ello debe redundar en importantes beneficios para el consumidor eléctrico y pasa por tener buenas conexiones entre los países.

¿Y dónde está España en todo este proceso? Eduardo Montes cree que nuestro país se encuentra en una buena posición para integrarse dentro del mercado único europeo, aunque todavía hay lagunas. Y vuelve a insistir: “Por un lado, se debe avanzar hacia un regulador verdaderamente independiente y, por otro, se deben eliminar los precios regulados para que el consumidor pueda escoger libremente y se fomente la competencia”.

La visión del mercado eléctrico del presidente de Unesa, es optimista y positiva. De una parte, considera que el mercado está preparado, ya que España cuenta con una estructura muy similar a la del resto de países de nuestro entorno, tanto en las actividades en competencia como en las actividades reguladas. Al igual que en los mercados más avanzados contamos con miles de pequeños productores y también con grandes empresas, como también sucede en la comercialización, donde más de 30 empresas actúan en un mercado en el que conviven grandes grupos empresariales con iniciativas más pequeñas.

Y en la distribución también se cuenta con una estructura muy similar a la europea, donde las grandes empresas garantizan la fiabilidad del suministro en su mayor parte y están separadas legalmente de las actividades liberalizadas. Sólo falta, por tanto, ese último impulso que nos sitúe entre los países que están liderando este proceso y, así, unirnos a una experiencia de éxito cuyo avance es constante y muy exigente para lograr un mercado único, que permita el desarrollo de la generación sostenible y mejore la seguridad en el abastecimiento. Pero todo ello será imposible de lograr si, como dice Montes,  antes no se liberaliza el sector y se logra tener un regulador independiente

 

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