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¿Se ha quedado Arabia Saudí sin dinero? ¿Le está pasando factura su política de hundir los precios en un intento de golpear a la competencia? Porque en menos de un año, el país árabe ha tendido que acudir a los mercados en busca de capital. Primero en octubre pasado, cuando salió al mercado internacional de deuda con la primera emisión de su historia en bonos para captar 17.500 millones de dólares, y ahora de la mano de la petrolera estatal que lidera la producción mundial de crudo, Saudi Aramco.

Saudí Aramco también va a emitir bonos por primera vez en su historia por un valor de 10.000 millones de dólares, justo un poco antes de sacar un 5% de sus acciones a Bolsa en 2018. La firma ha seleccionado a cuatro entidades bancarias de reconocido prestigio para que les asesore en esta venta de bonos. Por un lado, la filial de HSBC Holdings Plc’s en el país y Riyad Capital para la venta en el mercado ‘sukuk’ o bonos islámicos antes de final de junio, y por otro, NCB Capital Co. y Alinma Investment Co. para realizar la misma acción en dólares tiempo después, según cuenta Bloomberg.

Para ser exactos, no es la primera vez que Aramco emite bonos, ya que dos de sus filiales lo hicieron años atrás: Sadara Chemical Co., una empresa conjunta entre Aramco y Dow Chemical Co., que recaudó 7.500 millones de riyals (2.000 millones de dólares) en 2013, y la empresa conjunta con la francesa Total, que vendió 3.750 millones de riyals (1.000 millones de dólares) en bonos islámicos (‘sukuk’) en 2011.

La economía del país árabe está haciendo aguas. El príncipe Mohammed Bin Salman, de 31 años de edad, y futuro rey de Arabia, junto con su joven equipo, ha esbozado una visión del país que pretenden crear antes de 2030, con una economía más innovadora y diversa, no tan dependiente de los combustibles fósiles y tal vez menos limitada por la tradición y la religión.

Pero Riad y la corte real no es el país. La crisis del petróleo de estos dos últimos años ha puesto de manifiesto el abismo que hay entre los centros metropolitanos donde se moldea la política y el resto del territorio. La visión futurista, según los expertos, y su industrialización está todavía muy verde. Arabia Saudí se mueve porque el petróleo lo paga todo. No hay impuestos y sí muchos servicios públicos gratuitos, como el sistema de salud pública, la educación, pública desde infantil hasta la universidad, y hasta la electricidad y la gasolina, que tienen precios simbólicos.

Por eso no queda otra que la venta de acciones de la compañía petrolera estatal Saudi Aramco. El gobierno saudí la ha valorado en 2 billones de dólares y los ingresos que consigan ayudarán a crear el mayor fondo de riqueza soberana del mundo, con la misión de invertir en el extranjero. El príncipe quiere importar capital extranjero y traer el conocimiento económico al país. 

Ya tiene experiencia con la Fundación que creó en Riyadh, llevando ejecutivos de Siemens AG, Cisco Systems Inc. y Breyer Capital.

De su buen hacer depende que el país salga de un déficit brutal que ya suma el 21% de su PIB, un lastre que puede hacer peligrar su estabilidad económica futura.

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