Reducir la deforestación e incrementar la captura de CO2, una estrategia climática a seguir

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Las políticas climáticas que se centran en la agricultura y los bosques podrían llevar al aumento de los precios de los alimentos, pero reducir la deforestación e incrementar la captura de carbono en la agricultura podría reducir significativamente las emisiones de gases de efecto invernadero, evitando riesgos para la seguridad alimentaria, según un nuevo estudio publicado en ‘Environmental Research Letters’.

Aunque los países buscan reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, muchos ven potencial en sus bosques y granjas. El sector de uso de la tierra, que incluye la agricultura y la silvicultura, contribuye a aproximadamente el 25% de las emisiones de gases de efecto invernadero causadas por el hombre que están contribuyendo al cambio climático. Al mismo tiempo, la vegetación, tanto natural como agrícola, absorbe el CO2 de la atmósfera y puede almacenarlo en la biomasa y el suelo.

“El sector del uso de la tierra es clave para la mitigación exitosa del cambio climático –afirma el investigador del Instituto Internacional para el Análisis de Sistemas Aplicados (IIASA, por sus siglas en inglés), Stefan Frank, quien dirigió el estudio. “Pero proporcionar una cantidad cada vez mayor de biomasa para la producción de energía para sustituir los combustibles fósiles y al mismo tiempo reducir las emisiones del sector de uso de la tierra, por ejemplo, a través de un impuesto al carbono, también podría tener el efecto de elevar los precios de los alimentos y reducir la disponibilidad de alimentos”.

En el estudio, Frank y sus colegas exploraron los impactos de las políticas de mitigación climática sobre los precios de los alimentos. Examinaron los impactos potenciales de la acción global, representada por un impuesto sobre el carbono, y las políticas regionales y nacionales.

El estudio mostró que un objetivo de mitigación estricto para los sectores agrícola y forestal podría conducir al aumento de los precios de los alimentos y la reducción de la producción de alimentos. Aunque las políticas de mitigación coordinadas a nivel mundial superan las políticas regionales o nacionales, tanto en lo que respecta a la reducción de las emisiones como a la seguridad alimentaria, persisten impactos negativos en la seguridad alimentaria. El estudio presenta dos estrategias que podrían aportar beneficios para el clima mientras que simultáneamente mantienen la seguridad alimentaria: la reducción de la deforestación y el aumento de la captura de carbono en el suelo.

LA REDUCCIÓN DE LA DEFORESTACIÓN NO ES UNA SOLUCIÓN ÚNICA PARA TODOS

El estudio encontró que en países con gran cantidad de tierra y una alta proporción de emisiones por cambio de uso de la tierra, como Brasil o países de la Cuenca del Congo, existe un gran potencial para la restauración forestal y la prevención de la deforestación.

Sin embargo, en los países más densamente poblados con agricultura intensiva en emisiones como China e India, los esfuerzos estrictos para reducir las emisiones agrícolas podrían tener impactos sustanciales en la seguridad alimentaria, sin proporcionar grandes beneficios climáticos debido a las fugas de emisiones. La fuga de emisiones significa que las emisiones que se ahorran debido a una política dentro de un país serían reemplazadas por emisiones adicionales fuera del país.

“En algunos países, detener la deforestación podría proporcionar una gran reducción de las emisiones con sólo un efecto marginal sobre la disponibilidad de alimentos”, dice Frank. “En lugares como China e India, el enfoque debería ser la captura de carbono orgánico del suelo y otras opciones que disminuyan la intensidad de las emisiones de la agricultura”, agrega.

Ciertas prácticas agrícolas, como rotación de cultivos, cobertura de cultivos y manejo de residuos, pueden preservar mayores cantidades de carbono almacenado en los suelos. Resulta que estas prácticas generalmente también llevan a mayores rendimientos de los cultivos.

“Mantener el suelo saludable compensa las emisiones de gases de efecto invernadero y conserva las cosechas al mismo tiempo”, subraya Frank. De hecho, bajo una política de precios del carbono, las medidas de almacenamiento de carbono en el suelo podrían incluso proporcionar ingresos adicionales para los agricultores a medida que se les paga por el sumidero de carbono que proporcionan.

Dependiendo del diseño de la política climática, los investigadores descubrieron que el almacenamiento de carbono en tierras agrícolas podría proporcionar los mismos niveles de reducción de gases de efecto invernadero en el sector de uso de la tierra a costos calóricos considerablemente más bajos en comparación con una política que no considera el potencial de captura de carbono del suelo o incluso mayor reducción de los gases de efecto invernadero y beneficios menos pronunciados para la seguridad alimentaria.

El estudio estimó que el aumento del almacenamiento de carbono en el suelo podría compensar hasta 3,5 GtCO2 (7% del total de las emisiones de 2010) en 2050 y podría reducir los impactos en la seguridad alimentaria de un impuesto sobre el carbono en un 65% en comparación con un escenario sin incentivos por captura de carbono.

“Este estudio demuestra el papel principal del secuestro de carbono orgánico del suelo para garantizar la seguridad alimentaria bajo escenarios de estabilización climática”, dice Jean-Francois Soussana, coautor del Instituto Nacional de Investigación Agrícola (INRA, por sus siglas en francés), de Francia. “Los suelos agrícolas podrían proporcionar una solución clave para mitigar el cambio climático y para la adaptación y la seguridad alimentaria; pero cambiar la gestión de la tierra para almacenar el carbono en la materia orgánica del suelo requerirá grandes esfuerzos que podrían facilitarlos plataformas multipartitas como la iniciativa 4 por 1000”.

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