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Ni las grandes petroleras, ni el sector del carbón, ni el fracking. El gran ganador de la victoria de Donald Trump es Rusia, al manifestarse el presidente electo en contra del Acuerdo de París y de luchar contra el cambio climático.

Trump se ha comprometido a desistir del contrato internacional al que se llegó hace un año para establecer un plan de acción mundial que pone el límite del calentamiento global muy por debajo de 2 ºC. La política nacional de Estados Unidos parece lista para un cambio épico alejado de las energías alternativas y la reducción del carbono.

Pero si solo fuera por las decisiones de Trump durante los próximos cuatro años probablemente no sería suficiente para cambiar el curso del planeta. Porque el emisor de carbón más grande del mundo es, con diferencia, China, y la gran mayoría del aumento de las emisiones de CO2 provienen de los países en desarrollo.

No solo eso. Trump será el presidente de la nación más poderosa del mundo, pero sus estados y sus ciudades continuarán con los esfuerzos para frenar el calentamiento del planeta y, además, las constantes mejoras en la tecnología solar y las baterías no se detendrán. Una nueva industria, cada vez más poderosa, empuja con fuerza para liderar un cambio energético sin precedentes.

Pero no hay que tener los ojos vendados. Si otros países siguen el ejemplo de Trump, el esfuerzo incipiente para hacer retroceder el calentamiento global podría sufrir grandes contratiempos. Y ¿quién ganaría en este enfrentamiento? Obviamente las industrias del petróleo, del carbón y del gas en todo el mundo, así como las compañías eléctricas que queman carbón. Pero el verdadero ganador sería un país: Rusia.

Rusia gana cuando los esfuerzos contra el cambio climático fallan porque, en primer lugar, se trata de un petroestado. Petróleo y gas comprenden el grueso de las exportaciones de Rusia. No en vano hace unas semanas su presidente, Vladimir Putin, anunciaba  que el consorcio estatal Gazprom marcaba un récord histórico en el suministro de gas a la Unión Europea al alcanzar los 600 millones de metros cúbicos diarios. El petróleo y el gas han representado alrededor del 50% de los ingresos presupuestarios de Rusia durante la última década.

Sin petróleo y gas, la economía de Rusia sería un caos. Ya ocurrió en la década de los 90, cuando una fuerte caída en los precios de la energía envió a su economía a una profunda recesión, y nuevamente lo ha vuelto a sufrir en los últimos tres años.

¿Y en el largo plazo? Ese es el verdadero peligro para Rusia, sobre todo si hay un cambio permanente en el uso de los combustibles fósiles, según explica el experto de Bloomberg, Noah Smith. Si la energía solar continúa rebajando precios y, por fin, el almacenamiento empieza a ser una realidad a escala, desplazaría definitivamente al gas y al carbón primero, y después al petróleo. Un escenario catastrófico para Rusia.

Sería el final de la Edad de los Combustibles Fósiles, si las baterías siguen mejorando y llega un momento en que los coches eléctricos y el almacenamiento de energía dominan el mundo.

La única pregunta que queda por hacerse es saber si a Rusia le asustan las consecuencias del cambio climático. En realidad, debido a su geografía, el vasto territorio ruso no sufriría, en su mayoría, los principales riesgos del calentamiento global, de hecho podría incluso beneficiarse.

Gran parte de Rusia está cubierta de permafrost y tundra, inutilizable para la agricultura y también un lugar desagradable para vivir. El calentamiento global podría cambiar esa situación. Investigadores de la Universidad Ludwig-Maximilians de Alemania estiman que el aumento de las temperaturas podría añadir más de 3 millones de kilómetros cuadrados de tierra cultivable de Rusia. Todo lo contrario de lo que ocurriría en países más cálidos, que se verían gravemente perjudicados por la desertificación de sus suelos.

Además, si continúa adelante el calentamiento global, se fundiría una gran cantidad de hielo ártico, por lo que el país podría abrir canales de navegación imposibles hasta ahora. Y más aún, el derretimiento del hielo también abriría nuevos depósitos de combustibles fósiles.

Pero que Putin no se frote las manos. Con el cambio climático se alteraría el equilibro ambiental del planeta y sus consecuencias son incluso desconocidas por los científicos más avezados. Aún así, se podría arriesgar pensando que así salvará su economía mientras el resto de países se hunden en manos de un clima más agresivo y destructor. En realidad, solo sería una de las últimas piezas del dominó en caer, aunque finalmente lo haría.

 

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