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A solo cinco días de la trascendental reunión en Viena de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) en la que está previsto alcanzar un acuerdo sobre la producción de crudo, Rusia ha despejado sus intenciones y no está dispuesta a rebajar su producción.

La intención de la OPEP es que todos bajen la producción. Los países miembros del cártel y los que no lo son, principalmente Rusia, con la que parecía haber un entendimiento. Pero las diferencias son cuantiosas entre los objetivos que se marcan unos y el otro.

Una congelación de la producción significaría para Rusia dejar de bombear entre 200.000 y 300.000 barriles diarios menos de lo previsto en 2017, aseguró este jueves el ministro de Energía, Alexander Novak. Eso significa que la congelación sería ya “una situación bastante difícil y dura para nosotros porque nuestros planes prevén un crecimiento de la producción el próximo año”, explicó.

El ministro ruso contó a los medios los planes de la OPEP. El cártel pretende que entre sus miembros se recorte la producción de petróleo en 1,1 millones de barriles diarios. Pero ha pedido que los productores no OPEP también hagan un esfuerzo. Ese esfuerzo es de un recorte mínimo de otros 500.000 barriles día.

Vladimir Putin no quiere ceder esta vez. Parece que no se fía mucho del recorte de la producción y solo está dispuesto a congelar. La OPEP ya sabe lo que hay, sobre todo Arabia Saudí e Irán, que tienen ahora la pelota en su tejado para ver qué decisión tomar.

Ayudar a sus amigos y colegas de mesa (leáse Venezuela, Nigeria, etc) o quedarse como están y no perder posiciones frente a Rusia, el gran rival junto a EEUU por la hegemonía del oro negro.

¿Quién ganará? Las cartas están sobre la mesa. La respuesta en cinco días.

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