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Después de un largo y tortuoso camino, el Almacén Temporal Centralizado, el ATC, no termina de ser una realidad, y mientras pasan los años, las piscinas de las centrales nucleares empiezan a rebosar material radiactivo. Hay que buscar una solución.

Por el momento, la más sencilla es el almacén temporal individualizado, los ATIs, y las propietarias de las centrales nucleares están en ello. Por eso, aunque ya disponen de uno la central de Trillo (que fue la primera, en 2002), la de Zorita, que aunque esté cerrada sus residuos siguen allí, y la de Ascó I y Ascó II, en breve también lo tendrá Almaraz, ya que el Pleno del Consejo de Seguridad Nuclear aprobó el pasado octubre la solicitud para ejecutarlo y montarlo, Garoña, que ya empezó las obras en agosto pasado, y solo falta Cofrentes, que ya está en marcha para solicitar los permisos.

La única que no lo ha pedido todavía es Vandellós II, pero su caso es diferente porque Vandellós I se ha transformado en un sarcófago desde que en 1989 se declarara un incendio en sus turbinas y podría utilizarse como cementerio nuclear para Vandellós II.

Las peticiones de construcción de cementerios nucleares individualizados por parte de las centrales podrían suponer la definitiva defunción del almacén centralizado de Villar de Cañas (Cuenca), pero según Francisco Castejón, experto en energía nuclear, “la decisión de solicitar la construcción de ATIs en todas las centrales nucleares se debe a que el ATC no va a estar a tiempo antes de que se llenen las piscinas de combustible gastado que hay en cada una de ellas, y como quieren alargar la vida útil de las centrales, los necesitan hasta que se construya el centralizado”.

“Por ejemplo en el caso de Almaraz I y Almaraz II, según los cálculos del CSN, la capacidad de sus piscinas llegará al tope en 2018, aunque podrían aguantar hasta 2021 y 2022 respectivamente, según los míos”, añade Castejón, “porque las piscinas ya están aumentadas hasta el máximo con las operaciones de racking y re-racking, que suponen una recolocación de los depósitos radiactivos para que entren más en el mismo espacio”.

En muy poco tiempo, todas las centrales nucleares contarán con su propio cementerio radiactivo pero no es la solución definitiva. Estas instalaciones pueden albergar los residuos durante unos 20 años, pero además de tener fecha de caducidad son muy vulnerables al construirse en superficie, y ¿entonces qué?

Según las opciones que se han tomado en otros países, la solución pasa por un Almacén Temporal Centralizado, tal y como se aprobó hace cinco años en nuestro país, o por otro modelo más complejo y definitivo. El ejemplo más claro es el de Onkalo, en Finlandia, un cementerio nuclear para la eternidad, porque se prevé que pueda albergar los residuos los próximos 100.000 años. Una obra faraónica formada por una red de túneles perforando la dura roca del gneis a razón de 25 metros por semana, y que se sumerge hasta más de 400 metros de profundidad.

Mientras en España se decide qué hacer y cómo, la problemática sobre los residuos radiactivos a largo plazo sigue sin resolverse y por el momento los ATIs permiten dar un poco de aire a una solución compleja.

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