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A partir de 2019 Barcelona prohibirá circular a los coches más contaminantes por la ciudad y otros 39 municipios de lunes a viernes, y Madrid lo hará un poco más tarde, en 2025, aunque ya en 2020 no podrán aparcar en la zona de Servicio de Estacionamiento Regulado (SER).

Por eso, aquellos que vivimos cerca o en las áreas metropolitanas de estas dos grandes ciudades se nos plantea la más que probable necesidad de cambiar nuestro utilitario de combustible convencional por uno eléctrico en los próximos años, pero no es tan fácil como cambiarse de coche, porque hay que tener un lugar donde recargarlo.

Lo mejor es disponer de una plaza de garaje con su propia toma de corriente especial. Aunque los puntos de recarga públicos crecen cada año, sobre todo en las ciudades, aún son insuficientes, y sobre todo, porque lo más conveniente es enchufarlo toda la noche para asegurar la completa recarga de la batería.

La Directiva de Eficiencia Energética y la de Eficiencia Energética en Edificios presentadas en noviembre pasado, “incluyen la obligación de poner puntos de recarga para vehículos eléctricos en los aparcamientos de nuevos edificios, de hecho una de cada diez plazas de garaje tendrá que tener uno”, señala Javier García Breva, experto y presidente de N2E, “pero no se podrá exigir hasta 2022, que será cuando se transponga la directiva en nuestro país”.

Mientras tanto, si tu garaje no tiene la instalación hecha, hay que llamar a una empresa especializada para que lo realice. Si la vivienda es unifamiliar, todo es muy sencillo, se instala y listo, pero como dos de cada tres españoles viven en un piso, son muchos más los que tienen que aparcar en un garaje comunitario.

“Existen varias opciones de instalación del punto de recarga en tu garaje comunitario, y en función del acceso al contador de la vivienda y si está en las plantas sótano del edificio, se puede elegir entre poner un contador colectivo para dar servicio a todos los coches eléctricos que vayan a recargar en la instalación, instalarse un punto individual que se conecte al contador de la vivienda (el que ya existe), o instalar un contador específico para el punto de recarga, pero para ello habría que solicitar un nuevo contrato con la comercializadora y el aumento de precio que ello conlleva”, explica una empresa especializada, “por eso lo que aconsejamos es la opción número dos”.

El siguiente paso es comunicárselo a la comunidad de propietarios. “El instalador electricista tiene que hacer un esquema de la instalación del punto de recarga para poder informar a la comunidad de las obras a realizar, y si está bien avenida no habrá ningún problema, y si no, hay que presentarlo por escrito al presidente o al administrador de fincas y ya está”, añade. También ha de cumplir la Instrucción Técnica Complementaria de Baja Tensión (ITC – BT52), que entró en vigor en junio de 2015.

“Una vez realizado este trámite se saca una derivación del contador de la vivienda y, mediante un cable y un tubo, se lleva hasta la pared de la plaza de garaje, donde se coloca un cofre como el que hay en las casas, con un magneto térmico y un diferencial, como medida de protección, un wallbox y una llave para evitar que nadie más use el terminal”, señala la empresa especializada, “y en la mayoría de las ocasiones se ofrece este kit con la manguera para la comodidad en la recarga”.

En poco más de una semana y por un precio entre los 1.000 y los 1.600 euros, dependiendo de cada vivienda y cada instalación, el punto de recarga está listo para usarse. Como el Plan Movea 2017 solo incluía ayudas a la implantación de puntos de recarga en zonas públicas, a no ser que a nivel autonómico o municipal se subvencione este tipo de iniciativas, el propietario tiene que asumir el coste total del proyecto.

Otro aspecto importante es decidir qué potencia debes disponer para la recarga y contratar más si no es suficiente. Aunque un enchufe doméstico para un vehículo eléctrico suele tener una potencia de 2,3 kW (220V y 10A) y se recarga por la noche cuando no hay casi consumo en el resto de la vivienda, en el caso de que se supere el límite de la potencia, “no saltaría el diferencial porque el vehículo eléctrico cuenta con un sistema para ajustar su recarga a la electricidad que haya, y lo único que pasaría es que tardaría más en cargarse”, nos explican en un concesario de coches eléctricos.

Así que, a no ser que tengas una potencia contratada muy baja, no hay que hacer ningún cambio en el contrato con la comercializadora.

Con este primer paso, ahora solo queda el siguiente: Elegir el coche eléctrico que más se adapte a tus necesidades y que se ajuste a tu presupuesto.

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