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La noche del miércoles, el presidente Donald Trump realizó una concentración en Cedar Rapids, Iowa, donde elogió el carbón y ridiculizó la energía eólica. “Confío en que el viento no sople para iluminar sus casas”, dijo Trump a la multitud.

Iowa es el principal estado productor de energía eólica del país y generó el 36,6% de su electricidad a partir de esta tecnología en 2016. A nivel estatal, la industria eólica emplea a entre 8.000 y 9.000 personas y ha añadido 11.800 millones de dólares a la economía del estado mediante inversiones de capital.

Los parques eólicos que se construyen en terrenos privados hacen ganar colectivamente a agricultores y propietarios unos 20 millones de dólares anuales. La industria minera en Iowa, por el contrario, emplea a unas 2.200 personas, sobre todo  en minas y canteras de piedra. Debido a la forma en que Iowa estructura sus datos de empleo, ese número también incluye al gas natural y la extracción de petróleo.

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El mayor parque eólico de EEUU está en Iowa.

Según el Bureau of Labor Statistics, la industria eólica emplea actualmente a más de 100.000 personas en Estados Unidos, y el puesto de técnico de turbinas eólicas es la ocupación de más rápido crecimiento en el país. En 2016, la capacidad eólica superó a la energía hidroeléctrica como fuente renovable con mayor capacidad en Estados Unidos.

Durante su intervención, Trump también hizo referencia a las turbinas eólicas matan a numerosas aves, añadiendo que “los pájaros caen al suelo” cuando se genera energía eólica.

Las turbinas eólicas provocan la muerte de entre 140.000 y 368.000 aves. Y aunque parezcan muchas, la cifra está muy por debajo del número de muertes que cada año generan las torres de telefonía celular ( 6,8 millones )  o las colisiones con edificios de cristal ( mil millones ). Y, como señala la Audubon Society, al margen de la energía eólica, las aves se enfrentan a una amenaza mucho mayor: el cambio climático podría poner en peligro a cerca de la mitad de las aves de Estados Unidos a finales del siglo.

Trump hace tiempo que tiene un resentimiento contra la energía eólica, que se remonta a antes de su llegada a la política. Como empresario, luchó contra los planes de instalar un parque eólico en la costa junto a uno de sus campos de golf en Aberdeen, Escocia, argumentando que destruiría el valor estético de su propiedad.

En 2012, envió una carta al entonces jefe del gobierno escocés en la que calificaba a las turbinas eólicas de “monstruos” y al proyecto de parque eólico de “locura”.

La lucha de Trump en contra del parque eólico fue infructuosa ya que el gobierno escocés aprobó la construcción del parque en 2013, y los intentos de Trump de hacer fracasar el proyecto se rechazaron dos veces en los tribunales.

Trump no siempre ha mostrado una actitud tan dura contra la energía eólica, sin embargo. Durante un acto de campaña en Iowa durante las presidenciales de 2016, le dijo a los votantes que apoyaba los subsidios la industria eólica, como el crédito fiscal a la producción.

Como presidente, sin embargo, Trump ha estado mucho menos a favor del poder “increíble” de la energía eólica y renovable. Él designó a Daniel Simmons, un fuerte crítico de las energías renovables, para dirigir la Oficina del Departamento de Energía de Eficiencia Energética y Energía Renovable (EERE) y solicitó que se realizaran profundos recortes a la investigación en energías renovables en los presupuestos.

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