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Alcanzar los acuerdos de la Cumbre del Clima de París de 2015 (COP21), que fijó un aumento máximo de la temperatura del planeta en 2100 de 1,5º C sobre los niveles preindustriales, “es hoy por hoy una utopía”, según un estudio del Centro de Investigación y Aplicaciones Forestales (CREAF-UAB).

El estudio, publicado en la revista Nature Communications y uno de cuyos autores es el ecólogo Josep Peñuelas, advierte que “sólo un escenario donde se reduzcan mucho las emisiones humanas de CO2, haya un crecimiento importante de las renovables, y quizás con una aplicación de algún tipo de tecnología de secuestro artificial de carbono, permitiría cumplir el objetivo”.

Según Peñuelas, “revertir, o incluso frenar, las emisiones antropogénicas de dióxido de carbono y no superar el umbral de incremento de 1,5 ºC para el 2100 parece hoy por hoy imposible”.

El experto sólo ve una posibilidad si hay avances tecnológicos revolucionarios “y de momento imprevistos”, ya que las emisiones de CO2 deberían llegar a un máximo durante los próximos diez años.

“La única opción posible para frenar el cambio climático pasa por reducir drásticamente el uso de combustibles fósiles en favor de las energías renovables, y aplicar tecnologías de captura y secuestro de carbono que lo retiren artificialmente de la atmósfera”, defiende el experto.

Peñuelas ha lamentado que estos augurios “empeoran más aún” después de que Donald Trump haya anunciado la retirada de EEUU del acuerdo contra el cambio climático de la reunión de París.

“La cantidad de dióxido de carbono se puede reducir de dos maneras: parando las emisiones o retirándolo de la atmósfera gracias al secuestro que se hace en los sumideros naturales como plantas, océanos y suelos. Y quizás con nuevas tecnologías humanas, aunque de momento son inviables”, según Peñuelas.

El estudio muestra cómo, en el período de 2002 a 2011, las emisiones antropogénicas de CO2 fueron casi el doble de lo que la Tierra pudo absorber en océanos, suelos y plantas.

La investigación plantea cuatro escenarios futuros, combinando diferentes grados de desarrollo de las renovables y de uso de combustibles fósiles.

Uno de estos escenarios contempla seguir con la dinámica actual de crecimiento y consumo, lo que haría que en 2100 las emisiones de dióxido de carbono sean un 20% superiores a las de ahora, y la temperatura aumente hasta 3,3 ºC respecto a los niveles que había antes de la Revolución Industrial.

“Incluso, el mejor de los casos planteados queda lejos de los objetivos de la COP21: el aumento previsto en un escenario ideal sería de 2,5 ºC”, ha apuntado el investigador.

Para ello, se necesitaría que las energías renovables se instauren rápidamente -con un crecimiento anual sostenido del 5% (entre 2013 y 2014 sólo lo hicieron en un 2,6%)-, que las emisiones de dióxido de carbono lleguen a un máximo ya en 2022; que se reduzca más de un 75% el uso de combustibles fósiles como fuente de energía primaria en 2100; y que se detengan drásticamente otras actividades emisoras de CO2 como la deforestación.

Ante esto, el estudio plantea la opción de desarrollar tecnología a gran escala para retirar artificialmente el carbono atmosférico.

En caso de combinar el mejor de los escenarios planteados con esta tecnología, la temperatura no llegaría a subir los 1,5ºC -se quedaría en 1,4ºC-, pero en ningún caso sería posible “enfriar el planeta”.

Sin embargo, según Peñuelas, estas técnicas hipotéticas de secuestro de CO2, hoy por hoy no están suficientemente desarrolladas y son imposibles de aplicar a gran escala, con unos grandes costes económicos y problemas medioambientales asociados.

“Es imprescindible alcanzar el objetivo de sociedades estrictamente neutrales en carbono, donde las emisiones sean inferiores a la capacidad de los sumideros para capturar el CO2”, ha concluido el ecólogo, uno de los más reconocidos de Europa.

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