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El Océano Pacífico contiene tal cantidad de residuos plásticos que cubre un área equivalente a dos veces el tamaño de los Estados Unidos. Pero la basura marina no solo afecta al Pacífico. Las ONU estima que cada cinco kilómetros cuadrados de océano contiene un promedio de 92.000 pedazos de plástico flotantes.

Es un problema que está pidiendo soluciones creativas. Es cierto que ya se han puesto en marcha proyectos experimentales con bacterias que comen plásticos y otros materiales alternativos, que podrían ayudar a reducir la contaminación plástica, al igual que se reciclan los residuos de polímeros más resistentes. Pero no es suficiente, porque uno de los obstáculos es la ardua tarea de recogida de esos residuos flotantes en mitad del mar. A no ser que se obtenga de ello un beneficio.

Y en eso debieron de pensar un bio-químico y un marinero porque están tratando de hacer que merezca la pensa recogerlos al convertirlos en combustible diesel utilizable a través de un reactor semi-portátil.

Mientras que muchos plásticos son técnicamente reciclables, el sistema de procesarlos no significa que sea totalmente ecológico, ya que los productos químicos cáusticos y los subproductos tóxicos que se utilizan son la norma. Para conseguir que también ese proceso sea lo más limpio posible, un equipo de la Universidad de California Irvine y el Instituto de Química Orgánica de Shanghai demostraron el año pasado un método llamado metátesis de alúmina cruzada, que rompe los plásticos en ceras y aceites reutilizables sin producir más contaminantes y se deshace de todos sus contaminantes. Un trabajo duro pero efectivo.

Los investigadores de este nuevo reactor portátil tiene en mente metas similares. Quieren aprovechar el proceso de pirólisis – aplicando calor al “cocinar” el material en un ambiente sin oxígeno – para romper el plástico y convertirlo en un combustible de hidrocarburos similar al diesel. Esta técnica está siendo explorada actualmente por empresas como Cynar al ponerse en marcha un método para producir combustibles más limpios y reducir los residuos que terminan en vertederos y océanos.

Pero han ido más allá, y en lugar de montar una instalación a gran escala y ubicarse en un lugar fijo, los investigadores han reducido el proceso hasta crear un sistema móvil que podría caber en la parte trasera de un camión o de un barco. Esta opción permitiría mayor flexibilidad y adaptibilidad del aparato.

También las temperaturas de funcionamiento no son tan bajas con las utilizadas normalmente y funciona entre 350º y 380º C, ya que, según el equipo, el rango usual supera los 450º C y llega hasta los 600º C.

Esa severa contracción, tanto en tamaño como en temperatura, es posible debido al método utilizado durante el proceso, una “pirolosis catalizada”. El equipo utiliza un catalizador de metaloceno depositado sobre una estructura de soporte porosa para controlar la reacción, lo que descompone el plástico rápidamente en un combustible que, según los informes, es lo suficientemente puro para ser utilizado sin refinamiento adicional.

“El sistema catalítico también nos permite realizar la pirólisis como un proceso de alimentación continua y reducir la huella de todo el sistema”, dice Swaminathan Ramesh, un químico orgánico con 23 años de experiencia en BASF. “Podemos escalar la capacidad de manejar desde 91 a 4.536 kg. por un día de trabajo (10 horas) o más, y debido a su pequeño tamaño, también podemos realizar el proceso tecnológico en donde están los desechos plásticos, o sea, en mitad del océano”.

Sí, suena demasiado bueno para ser verdad, y desafortunadamente es así en un sentido práctico. La cantidad de plástico recolectada del océano tendría que ser equilibrada con el combustible gastado en el proceso, y simplemente recogiendo lo que hay en la superficie no sería ni una décima parte de lo suficiente como para que se viera cierta solución al problema.

Peor aún, el equipo admite que, por ahora, su proceso sólo funciona con ciertos tipos de plástico, lo que significa que tendría que ser ordenado antes de ser introducido en el reactor. Pero según los investigadores, la naturaleza haría la mayor parte de esa clasificación, puesto que los desechos plásticos que no pueden ser pirolizados se hundirían.

“Los tipos de plástico que flotan son los tipos de plástico que son realmente buenos candidatos para este proceso”, dicen James Holm, un veterano marinero de unos 40 años. “Eso no incluye la clásica botella de agua, la PETE, y tampoco los nylon ni los PVC, porque no flotan”.

Los investigadores creen que su reactor podría servir mejor al medio ambiente en instalaciones de reciclado terrestres, al poder ser una solución práctica al problema de los residuos plásticos (o al menos parte de la solución). Al dar a los residuos de plástico un valor económico, la gente podría estar más motivada para entregar sus viejas botellas y reducir la cantidad de plásticos que termina en los océanos.

Fuente: American Chemical Society

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