Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedintumblrmail

portada-informe-de-renovables-de-irena-en-latamSegún un nuevo informe de la Agencia Internacional de la Energía Renovable (IRENA), gracias a la rápida reducción de los costes tecnológicos y la consolidación de las políticas de energía renovable, América Latina alberga algunos de los mercados de energía renovable más dinámicos del mundo. El informe  Renewable Energy Market Analysis: Latin America considera que la región, dotada de algunos de los mejores recursos renovables del mundo, tiene una oportunidad sin precedentes para acelerar la adopción de renovables en todos los sectores.

“El probado caso empresarial de las energías renovables, combinado con el imperativo de descarbonizar el sector de la energía, brinda una justificación convincente para que los países latinoamericanos continúen desplegando más energías renovables, incluyendo energía solar y eólica”, dijo Adnan Z. Amin, director general de IRENA. “Los responsables políticos también reconocen cada vez más las renovables como un catalizador para la creación de empleo, el crecimiento del PIB, el desarrollo de las industrias locales y el acceso a la energía. Sina ello se agrega que los beneficios medioambientales y el hecho de que casi 2 millones de personas están empleadas en energías renovables en la región, el caso de las energías renovables es aún más convincente”.

distribucion-de-la-energia-primaria-en-latamAmérica Latina alberga algunos de los mercados de energía renovable más dinámicos del mundo, con más de una cuarta parte de la energía primaria total proveniente de energías renovables, el doble del promedio mundial (ver gráfico). Además del papel histórico de la energía hidroeléctrica y de ser pioneros en materia de biocombustibles, los países de la región están acelerando considerablemente otras fuentes renovables, como la eólica, solar y biomasa. En 2015, Brasil, Chile y México figuraban entre los diez primeros mercados en términos de inversión en energías renovables a nivel global, y varios países de la región, como Costa Rica, Uruguay y Paraguay, generan prácticamente toda su electricidad de fuentes renovables.

El informe de Irena ofrece la revisión más actualizada y completa del estado y las tendencias en el desarrollo de energías renovables de la región que están permitiendo este éxito. Recopila la riqueza de conocimiento de la región, saca lecciones clave de su experiencia y presenta hallazgos clave que pueden apoyar la continua expansión regional de las energías renovables en todos los sectores.

Estos incluyen: la catalización de las finanzas públicas y privadas, la adaptación de las políticas a las condiciones dinámicas del mercado, la adopción de un enfoque a nivel de sistema en el sector energético, el aprovechamiento de las complementariedades entre tecnologías, el aprovechamiento de las fuentes renovables en los sectores de uso final y el reconocimiento socio- económico del despliegue de energías renovables.

“La buena noticia es que el éxito alcanzado en América Latina, y los beneficios obtenidos, se pueden mejorar aún más con las políticas correctas que se están estableciendo”, agregó Amin. “Las políticas avanzadas de energía renovable de América Latina y los esquemas de financiación también ofrecen información valiosa para otros mercados energéticos de todo el mundo, especialmente cuando los países buscan aumentar las energías renovables para alcanzar los objetivos de reducción de emisiones del acuerdo climático de París”.

Crece la inversión

Un fiel exponente del impulso de las energías renovables en América Latina ha sido el auge de las inversiones en las tecnologías limpias. Sin contar las grandes centrales hidroeléctricas, en el periodo 2010-2015 se han contabilizado inversiones por más de 80.000 millones de dólares. Sólo en 2015, la inversión total en energías renovables en la región ascendió a 16.400 millones de dólares, que representan un 6% del total mundial. La composición de estas inversiones refleja la rápida evolución del sector energético regional hacia una gama más diversificada de fuentes de energía renovables.

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Entre 2005 y 2009, Brasil concentró más del 70% de la inversión en renovables, pero desde 2010 se ha ido cerrando la brecha entre el mercado de mayor inversión y el resto de la región. En 2015, la inversión en Brasil representaba poco más del 40% del total de la región, equivalente a 7.100 millones de dólares según los datos de Bloomberg New Energy Finance (BNEF).

El segundo país receptor fue México, donde la inversión en renovables se duplicó entre 2014 y 2015 hasta alcanzar los 4.000 millones de dólares. Chile ocupó el tercer lugar con una inversión de 3.400 millones de dólares, que suponían un crecimiento del 150% con respecto a 2014. En 2015, por primera vez, México y Chile se sumaron a Brasil en la lista de los 10 principales mercados de energías renovables del mundo. Uruguay fue cuarto con una inversión de 1.100 millones de dólares. Tras el año récord que fue 2014 en Centroamérica, la actividad se ralentizó en 2015, con la notable excepción de Honduras, el principal receptor de inversiones en renovables en proporción al PIB. Además, IRENA estima la inversión regional total en grandes hidroeléctricas en 9.000 millones de dólares en 2015.

Por tecnología, la tendencia de los últimos años refleja un descenso de la inversión en biocombustibles líquidos, compensado por un notable crecimiento de la inversión en energía eólica y, más recientemente, solar. La reducción de la inversión en biocombustibles líquidos en Brasil desde 2008 es una de las razones del descenso de la inversión total entre 2009 y 2013. En los tres últimos años, la inversión en energía eólica ha aumentado rápidamente hasta alcanzar dos tercios de la inversión en renovables, excluyendo las grandes hidroeléctricas, liderada sobre todo por Brasil, Uruguay y, más recientemente, México. Desde 2012, la energía solar fotovoltaica (FV) ha emergido como importante foco de inversión, sobre todo en Chile, Brasil y México.

Auge de las tecnologías no convencionales

Central hidroeléctrica de Itaipú.
La energía hidroeléctrica supone el 83% del mix eléctrico de América Latina.

Una característica distintiva del mix eléctrico en América Latina es el predominio de la energía hidroeléctrica, debido sobre todo a la elevada participación que tiene en Brasil, que genera casi el 40% de la electricidad regional total (casi el doble que México). Sin embargo, la participación relativa de la hidroeléctrica en la capacidad renovable total ha ido en constante descenso, desde el 95% en 2000 hasta el 83% en 2015, debido a que se han ralentizado los incrementos de capacidad y a la inquietud generada por las fuertes sequías en la región. En consecuencia, en los últimos años se ha registrado un impresionante incremento de las renovables no hidroeléctricas, cuya capacidad instalada se ha más que triplicado entre 2006 y 2015, pasando de 10 GW a 36 GW.  (ver gráfico)

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La bioenergía para generación eléctrica y la eólica terrestre son las dos tecnologías cuya capacidad ha crecido más en términos absolutos desde el año 2000. La principal fuente de generación con bioenergía es el bagazo (residuo de caña de azúcar), sobre todo en Brasil. La energía eólica crece sobre todo en Brasil, que en 2015 registró un récord de 2,7  GW de nuevas instalaciones en servicio, casi el triple de la capacidad instalada en 2013. México instaló 700 MW de energía eólica en 2015, duplicando las adiciones de 2013. Uruguay y Panamá también aumentaron notablemente su capacidad eólica en 2015, con adiciones respectivas de 300 MW y 230 MW.

La participación de la generación geotérmica en la región ha permanecido estable en México, Costa Rica, El  Salvador y Nicaragua, donde la capacidad crece al mismo ritmo que la capacidad renovable total instalada. La capacidad instalada de energía solar (sobre todo FV) sigue siendo relativamente pequeña, pero en los últimos años ha experimentado un crecimiento notable en Chile, México, Perú y Uruguay.

La diversificación hacia renovables no hidroeléctricas también queda reflejada a nivel subregional en el gráfico de arriba. En todas las subregiones latinoamericanas se observa un crecimiento exponencial de la generación renovable no hidroeléctrica, pese a que existen importantes diferencias locales. Estos avances han creado oportunidades para aprovechar las complementariedades entre las grandes centrales hidroeléctricas y otras energías renovables.

Beneficios sociales

A la vez que bajan los costos, los beneficios socioeconómicos de las tecnologías renovables van adquiriendo mayor relevancia en la región, al igual que a escala global. Las renovables crean empleo, favorecen el desarrollo de la industria local y tienen potencial para impulsar las economías de la región. Según los análisis de IRENA, un incremento de las renovables en consonancia con REmap 2030 podría aumentar el PIB de Brasil y México más de un 1% en 2030. Con esta mejora económica, también se crearía empleo neto según IRENA.

A día de hoy, cerca de dos millones de personas trabajan ya en el sector de las energías renovables en la región (ver gráfico). El principal generador de empleo son los biocombustibles líquidos, que representan casi un millón de puestos de trabajo, sobre todo en Brasil, Colombia y Argentina. A continuación están las grandes hidroeléctricas con más de medio millón de empleos y la energía eólica con 64.000 puestos de trabajo.

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Las renovables también favorecen la creación de industrias locales, sobre todo si ya existen actividades sinérgicas, como demuestra el caso del sector eólico brasileño. Esta es una propuesta atractiva para una región donde el sector manufacturero contribuye relativamente poco al PIB. Varios países como Brasil, Ecuador, Honduras, Panamá y Uruguay han combinado políticas de despliegue con requisitos de contenido local a fin de que las renovables creen el máximo valor local.

Este informe concluye que las rápidas reducciones de costes, la madurez de las tecnologías renovables y la consolidación de las políticas en esta materia, en una región dotada de algunos de los mejores recursos renovables del mundo, ofrecen una oportunidad sin precedentes de acelerar la adopción de las renovables en todos los sectores. Lo que se busca es el equilibrio entre la seguridad energética, la sostenibilidad ambiental y la competitividad económica.

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