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En mitad de la inmensidad del desierto de Nevada, EEUU, irrumpe una espectacular instalación de espejos y torres y tubos, casi como un espejismo. Es la planta termosolar Crescent Dunes de 110MW, una extensión de 1,2 millones de metros cuadrados de vidrio, más de 10.000 espejos rastreadores (heliostatos), que miran y lanzan la energía del sol hacia su receptor, una torre de 200 metros de altura.

En su interior, en las paredes negras del tubo, las sales fundidas fluyen y absorben el calor de la luz concentrada. Así ha sido desde noviembre de 2015, fecha en la que alcanzó la operación comercial, hasta ahora que ha tenido que detener su funcionamiento constante.

Una pequeña fuga en uno de los tanques llenos de sal fundida ha provocado el cierre de esta central de más 1.000 millones de euros. Crescent Dunes, a más de 300 km de Las Vegas, ha tenido que ser desconectada desde finales de octubre y se espera que se mantendrá así hasta enero.

Su propietario, la compañía SolarReserve con sede en California, ha restado importancia al problema, pero lo cierto es que no lleva generando energía ni siquiera un año y ya tiene una fuga en sus instalaciones. “Realmente no hay mucha historia aquí”, ha señalado María Grikas, portavoz de la compañía, “este tema es el típico en cualquier planta de energía de nueva construcción (o cualquier nuevo proyecto industrial).”

Crescent Dunes utiliza sal fundida como sistema de almacenamiento de energía. Gracias al calor provocado por los heliostatos, se alcanza la temperatura necesaria para hervir el agua y crear así el vapor que mueve los generadores para producir energía día y noche. SolarReserve dice que su sistema de almacenamiento patentado puede suministrar electricidad a la carta como una central carbón convencional o una central eléctrica de gas, pero con cero emisiones, poco consumo de agua y sin residuos peligrosos.

Sin embargo, nadie contaba con una fuga de sal. Fue descubierta a lo largo de una costura de la soldadura del tanque donde se almacena la sal sobrecalentada. No había ningún derrame significativo asociado a la fuga, sólo “una pequeña cantidad de sal visible alrededor del zócalo de … tanque”, ha aclarado Grikas. Las reparaciones no son “significativas” pero necesitan mucho tiempo debido a que el depósito primero debe ser drenado y después debe enfriarse.

Y el descubrimiento fue casi fortuito. Ocurrió apenas unos días después del que el CEO de SolarReserve, Kevin Smith, junto con un senador y la secretaria de Energía adjunta Elizabeth Sherwood-Randall visitaran la planta para anunciar su ampliación con más paneles solares.

“Por suerte, diciembre es el mes que tenemos programado para el mantenimiento de planta, incluso habíamos planeado un cierre en diciembre de 2017 para preparar las nuevas operaciones”, ha añadido la portavoz.

Crescent Dunes ha ido operando a lo largo de este año incrementando gradualmente su producción hasta los 500.000 MWh completos de entrega anual de energía, algo que se espera que ocurra de nuevo en enero de 2017. La planta es la primera de su tipo en el mundo, tardó mucho tiempo en construirse y necesitó más de 700 millones de dólares en garantías de préstamos federales.

Si finalmente se amplía, se destinarán otros 5.000 millones de dólares y la convertirán en la instalación termosolar más grande del mundo, con una producción de entre 1.500 y 2.000 MW, suficiente para abastecer de electricidad a aproximadamente un millón de hogares, una producción equivalente a una central nuclear o a la presa Hoover.

 

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