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En el año 1991, Shell produjo una película donde advertía de los peligros del cambio climático para el planeta. El gigante del petróleo, hace un cuarto de siglo, conocía y tenía una clara comprensión del calentamiento global pero no hizo nada para evitarlo, según revela el diario británico The Guardian.

El film, de 28 minutos, hace una severa advertencia sobre los riesgos catastróficos del cambio climático en todo el mundo pero desde entonces, la compañía ha continuado buscando nuevas reservas de petróleo mientras hacía contracampaña a los que luchaban por evitarlo.

Pero, ¿dónde está esa película? Inicialmente, según cuenta el diario británico, se presentó en escuelas y universidades, creando un clima de preocupación, pero luego se metió en un cajón. Se advertía de los fenómenos meteorológicos extremos que provocaría la subida de la temperatura media del planeta: inundaciones, hambrunas y refugiados climáticos como consecuencia de la quema de combustibles fósiles. E incluso daba la razón al IPCC: “aprobamos el amplio consenso de los científicos en el informe que presentaron a las Naciones Unidas a finales de 1990”, decía la película.

“Si la máquina del clima estuviera expuesta a mayores nuevos niveles de generación de energía fosil, todos los países se verían afectados”, explica, “el calentamiento global es todavía incierto, pero sería irresponsable esperar a ver qué pasa al final. Actuar ahora es la única salida segura”.

Las predicciones en la película 1991 sobre el aumento de la temperatura, la consecuente subida del nivel del mar y sus impactos eran extraordinariamente precisas, según los científicos, y Shell fue una de las primeras grandes compañías petroleras que vio la realidad y los peligros del cambio climático.

Pero, a pesar de esta visión temprana, Shell ha continuado con su negocio, incluso invirtiendo miles de millones de dólares en la generación de petróleo en las arenas bituminosas, altamente contaminantes, y en la exploración de nuevos yacimientos en el Ártico. También se ha manifestado a favor del fracking como una “oportunidad de futuro”, a pesar de que sus propios datos de 1998 muestran que la explotación de petróleo no convencional y de gas esquisto eran incompatibles con los objetivos climáticos.

La película llegó a las manos de The Correspondent, una plataforma holandesa de periodismo digital, que nació en 2013 después de recaudar en tan solo ocho días más de un millón de euros a través de crowdfunding, estableciendo un récord mundial para los medios de comunicación.

Y a día de hoy, mientras se conoce la verdad, Shell sigue presionado para socavar los objetivos de energía renovable en Europa, destinando para ello un gasto estimado de 22 millones de dólares solo en 2015 para presionar y detener las políticas de lucha contra el cambio climático. Las inversiones de la compañía en tecnologías bajas en carbono han sido mínimas en comparación con la financiación destinada a combustibles fósiles.

Shell también ha sido miembro de grupos negacionistas del cambio climático, como la Global Climate Coalition hasta 1998, del American Legislative Exchange Council (ALEC), una organización de extrema derecha, hasta 2015; y en la actualidad sigue siendo miembro de Business Roundtable, la asociación de los principales ejecutivos de las mayores empresas estadounidenses, y del American Petroleum Institute.

Pero podría no ser el único gigante del petróleo que ya supiera de las consecuencias de quemar combustibles fósiles. Exxon Mobil está siendo investigado por la Comisión de Valores de Estados Unidos y los fiscales generales por engañar, supuestamente, a los inversores sobre los riesgos que plantea el cambio climático para su negocio.

“Ellos lo sabían. Shell ya publicó la verdad sobre el cambio climático en 1991 y es evidente que su propia junta directiva nunca lo quiso contar”, ha denunciado Tom Burke de E3G, un ‘think tank’ ambientalista.

Bill McKibben, un líder ecologista de Estados Unidos, también ha señalado que “el hecho de que Shell sabía de todo esto en 1991, y que un cuarto de siglo más tarde esté tratando de perforar el Ártico para encontrar más petróleo, dice todo lo que se necesita saber sobre la ética corporativa de la industria de los combustibles fósiles”.

El profesor Tom Wigley, científico y jefe de la Unidad de Investigación del Clima de la Universidad de East Anglia, fue uno de los guionistas de la película de Shell en 1991, y ahora, después de los años, reconoce que “es uno de los mejores cortometrajes documentales que he visto sobre el cambio climático nunca. Incluso viéndolo hoy en día sigue siendo relevante la información que aporta”.

Pero ¿qué dice Shell con todo este revuelo creado? Que su posición sobre el cambio climático es bien conocida, reconoce el problema pero la energía permite tener una calidad de vida decente, por eso “pedimos una política eficaz para apoyar una economía baja en carbono pero también que se den opciones al consumidor y planes de fijación de precios en el comercio de derechos de emisión”.

Patricia Espinosa, secretaria ejecutiva de la Convención sobre Cambio Climático de la ONU, ha advertido de que el cambio de rumbo en las grandes compañías petroleras es vital para la lucha contra el calentamiento y sus inversiones en renovables son “muy pequeñas, con lo que no tienen el impacto que realmente necesitamos”, porque “todas ellas tienen claro que aceptar el cambio climático supondrá la pérdida de sus negocios”.

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