La COP21 y sus implicaciones

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David Robinson, director del estudio 'El efecto tijera'.
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El Acuerdo de París representa un esfuerzo exitoso y monumental para evitar un fracaso total en las negociaciones sobre el cambio climático. Al mismo tiempo, no podemos suponer que los gobiernos firmantes de este acuerdo cumplirán con sus compromisos o harán compromisos más ambiciosos en el futuro. La COP21 tiene implicaciones importantes, no solo  para los países firmantes sino también para otros agentes no estatales que ofrecerán cada vez más liderazgo en este tema.

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Victoria sobre el proceso.  El proceso de las negociaciones fue tan complejo y los intereses tan diversos que la posibilidad de conseguir un consenso significativo era muy baja. En este sentido, la COP21 fue un gran logro. Casi 190 países que significan más de 96% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI) presentaron sus contribuciones previstas determinadas a nivel nacional (INDC en sus siglas en inglés) con el principal propósito de mitigar las emisiones. Estos países también reafirmaron su compromiso de limitar el incremento promedio de la temperatura del planeta este siglo a 2ºC (comparado con el nivel pre-industrial). Además, fijaron como aspiración (poco realista) limitar el incremento a 1.5ºC y acordaron un proceso para – cada cinco años – rendir cuentas de sus contribuciones y hacer sucesivamente nuevos compromisos reflejando la mayor ambición posible. Los países más desarrollados confirmaron su compromiso financiero de por lo menos 100.000 millones de dólares por año desde 2020 para los países menos desarrollados.

Ganadores y perdedores.   Los más contentos al final fueron los representantes de las Naciones Unidas y los anfitriones franceses quienes desesperadamente querían evitar repetir el fracaso de Copenhagen en 2009. La India y la China salieron bien porque consiguieron un grado de diferenciación (menos exigente) en la mitigación y en el rendimiento de cuentas comparado con los países más desarrollados.  Los EEUU lograron un texto que evita la aprobación formal del Congreso – tarea imposible dada la situación actual en Washington.  La UE pudo confirmar su acierto en haber actuado temprano y haber sido líderes en las negociaciones desde Kyoto. Los grandes perdedores fueron los mas vulnerables a las consecuencias del cambio climático, principalmente los pequeños estados-islas.  En particular, la exclusión explicita de responsabilidad y compensación por los daños y perjuicios fue una gran decepción.

La lucha contra cambio climático no se ha resuelto.  Aún si los países cumplen con sus compromisos iniciales, existe un 50% de probabilidad de un aumento de 3ºC en la temperatura global, mucho más que el limite acordado de 2ºC. Hará falta una mitigación mucho más ambiciosa en el futuro para evitar un desastre climático. Un colega sugirió la siguiente metáfora.  Imagina un banco ofreciendo una hipoteca sin pago inicial, con cinco años sin intereses, intereses mínimos en los años 5 a 10 y luego enormes pagos al final.  Además, los compromisos de mitigación en el Acuerdo de Paris no son vinculantes; en nuestro metáfora, eso significaría que el banco daría la hipoteca sin ningún aval ni garantía de recuperación del dinero.  Si un país grande, como los EEUU, no cumple con su compromiso, el acuerdo puede derrumbarse.

Implicaciones

En primer lugar, ya que el acuerdo no es suficientemente ambicioso y no es vinculante, es esencial buscar solventar esto.  Dentro del acuerdo, la única herramienta para motivar el cumplimiento y la ambición es “nombrar y avergonzar”.  Como mínimo, esto requiere un seguimiento y verificación muy cuidadoso del rendimiento de cuentas cada cinco años.  Y aún así, no creo que sea lo suficiente. Una idea a explorar es la creación de “clubes de carbono” que aglutinen a los mayores emisores de GEI dispuestos a obtener resultados más ambiciosos.

David Robinson, director del estudio 'El efecto tijera'.
David Robinson, director del estudio ‘El efecto tijera’.

Segundo, el cumplir con los objetivos señalados por el acuerdo requerirá un enorme transformación en la mayoría de las economías.  Por ejemplo, con las tecnologías actuales que son económicamente viables, el objetivo europeo de bajar las emisiones de GEI de 80-95% antes del 2050 implica la casi completa descarbonización del sector eléctrico, la electrificación masiva (sustituyendo las energías fósiles) en el transporte, la industria y uso doméstico, así como enormes mejores en la eficiencia energética.  La importancia y el coste de esta transformación en los próximos 35 años requiere un acuerdo político muy amplio a nivel europeo y en cada estado miembro.

En tercer lugar, es importante conseguir estos objetivos al coste mínimo.  Aunque los gobiernos tendrán un papel fundamental, el enfoque debería estar en el uso de mecanismos competitivos para promover la innovación y minimizar el coste. La mayoría de economistas están a favor de introducir un precio de carbono que de una señal a largo plazo predecible y creíble.  Pero la credibilidad de los precios de carbono establecidos por los gobiernos es baja, sobre todo en la UE.  Otros mecanismos pueden ser necesarios, sobre todo aquellos que favorezcan la competencia entre tecnologías bajas en carbono.

En cuarto lugar, no debemos esperar que los gobiernos nacionales solucionen este problema. Es más, pueden entorpecer el proceso.  Hay ya otros actores que están jugando papeles muy importantes, como los gobiernos sub-nacionales (provincias, regiones, ciudades) y el sector privado.  Este último esta presionando cada vez más para la introducción de precios de carbono; las industrias están reduciendo sus emisiones de GEI y las entidades financieras están desviando sus inversiones hacia negocios menos contaminantes.

En quinto lugar, es urgente acelerar la investigación y la innovación para desarrollar energías baratas y bajas en carbono. Esto es sobre todo crítico en las mas grandes economías emergentes, en particular la China y la India, las que de otro modo seguirán dependiendo de combustibles fósiles abundantes y baratos, en particular el carbón.

Finalmente, el acuerdo ofrece a España un desafío importante y una gran oportunidad. El desafío es desarrollar una estrategia de clima y energía a largo plazo con el más amplio apoyo político posible, a nivel nacional, regional y local.  La oportunidad es la de liderar el mundo en el desarrollo y la integración de las energías renovables ya que España ha sido país pionero en este tema.

David Robinson es socio fundador de DR Associates y miembro del Consejo Editorial del Periódico de la Energía.

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