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El Grupo industrial Cristian Lay ya es ‘propietario‘ en la práctica de GES (Global Energy Services) y a precio de saldo. Se ha hecho con el control de la gestión de la compañía tras haber comprado la deuda a la banca, unos 20 millones de euros, y convertirse en su principal acreedor. Y es que, sin ser legalmente el propietario, tendrá capacidad de influencia en las decisiones de la compañía.

Después de negociar durante meses con los principales bancos acreedores una quita del 85% de la deuda, el grupo extremeño de bisutería ha pagado lo que quedaba, unos 20 millones de euros.

La deuda de GES con proveedores ascendía a 15 millones de euros y la circulante estaba entorno a los 23 millones de euros pero a estas cifras había que sumar unos 100 millones de euros de los avales concedidos por los bancos para que GES pudiera conseguir nuevos proyectos (60 millones de BBVA, 24 millones del Banco Sabadell, 10 millones del Santander y nueve millones de Bankinter).

Cristian Lay sabía muy bien lo que quería cuando impuso, entre sus condiciones para comprar GES, que la compañía entrara en concurso de acreedores. La ley concursal prioriza saldar la deuda de las empresas con sus acreedores, y de esta manera se asegura que si el negocio no prospera, de alguna manera recupere parte o el total de su inversión.

La operación finalizará cuando Cristian Lay convierta la deuda en acciones y se quede con la compañía.

Finalmente, todas las condiciones para que Cristian Lay comprara GES se han cumplido “la negociación de la deuda con la banca, el mantenimiento de varios parques eólicos, gracias a la aquiescencia de Gamesa”, señalan fuentes cercanas a la compañía, “y ahora que ha comprado por un precio simbólico seis filiales en el extranjero, solo falta una más, la negociación del ERE y del ERTE en periodo concursal, es decir, adelgazar al máximo lo que queda de compañía”.

Según los sindicatos, Gamesa ya ha informado de que da por terminado el proceso de traslado de GES a las nuevas contratas que, en general han iniciado su actividad el 2 de enero de 2017, además de una reducción no traumática muy importante de plantilla: “Por ejemplo, los trabajadores que voluntariamente se han ido a otras compañías de las oficinas de Enekuri (Vizcaya) han conseguido adelgazar la plantilla de 203 a 153”, señalan.

Ahora el futuro inmediato del negocio de GES es algo incierto. En el caso de las oficinas centrales, “aunque todos los departamentos están entrando en todas las ofertas posibles, hasta que no se resuelva el futuro de la compañía, existen serias dificultades de mantener la actividad“, añaden, “en el caso de montaje de parques eólicos en el extranjero, hay trabajo para dos meses más, después es una incógnita hasta que no se resuelva el concurso de acreedores, y en el mantenimiento eólico en España la mayoría de las plantillas han pasado a las nuevas contratas, excepto en aquellas zonas donde GES ha renovado contrato con Gamesa, Portugal, Galicia y Aragón durante dos años más, que mantendrán sus condiciones laborales”.

Mientras tanto, el grupo industrial Cristian Lay se mantiene en silencio. Su manera de actuar ya es conocida de antes. Su fórmula de esperar a que la adquisición esté en los juzgados en situación próxima a la insolvencia y se convierta en una ganga ya la aplicó en 2014 cuando compró dos fábricas de química y reciclaje en subasta a La Seda de Barcelona.

Sin embargo, las consecuencias son más que positivas. En el caso de estas antiguas plantas químicas de La Seda de Barcelona, ahora Iqoxe y PlastiVerd, en 2015 volvieron a funcionar a toda máquina e incrementaron la cifra de negocio en un 9,5%, hasta 265 millones de euros. Una buena muestra de lo que se podría esperar de GES en el futuro.

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