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Josep Borrell lo ha sido casi todo en política. Ministro de Obras Públicas en la última etapa de Felipe González, presidente del Parlamento Europeo entre 2004 y 2007, y en su momento candidato socialista a la presidencia del Gobierno en 1999, vuelve de nuevo a estar en la primera línea del juego político al apoyar la candidatura de Pedro Sánchez en su carrera por recuperar la Secretaría General del PSOE.

Sus conocimientos del sector energético no solo derivan de su experiencia política sino de su formación (ingeniero aeronáutico y economista) y de su paso por empresas del sector, como Cepsa o la polémica Abengoa.

Una de nuestras asignaturas pendientes es el diseño a medio y largo plazo de una política energética clara, ¿hacia dónde debería ir, en su opinión?

Hacia el cumplimiento de los compromisos que tenemos en materia de reducción de emisiones y hacia la estabilización de los precios de la electricidad. No es fácil de resumir cómo se llegaría hasta ahí pero, desde luego, un sistema de fijación de precios basado en el concepto de coste marginal, que implica que la sobrerretribución a las energías de base ya amortizadas debería ser revisada en profundidad. Porque se pretende que el sector eléctrico sea un mercado pero en la práctica no lo es, ya que genera grandes beneficios para determinadas formas de producción.

Pero, ¿por qué no funciona? Porque es un sistema que cuando se diseñó no estaba pensado para el actual mix energético con la irrupción de las renovables. Y no pasa solo en España. Hace poco la primera ministra británica, la conservadora Theresa May, irritada ante los saltos bruscos del precio de la electricidad, dijo que habría que cambiar el sistema radicalmente, y no es sospechosa de ser una roja peligrosa. En realidad en toda Europa existe el sentimiento de que el sistema no funciona bien, y hay que buscarle una alternativa. No digo que no tenga que haber un mercado de la electricidad, por supuesto, pero el mercado actual no funciona adecuadamente y funcionará cada vez peor en la medida en que en el mix energético haya cada vez más un componente de base renovable.

“en España no solo no se compra el excedente sino que se penaliza el autoconsumo. Es un absurdo”

Y en cuanto a cumplir con los objetivos que tenemos de reducción de emisiones, no es ningún secreto, hay que aumentar la producción de energía ‘no-carbonada’ y reducir la ‘carbonada’. Y por supuesto, medidas de eficiencia energética, porque la energía que menos contamina es la que no se produce y no se consume, y en esto tenemos un retraso enorme.

Además, tendríamos que fomentar la generación descentralizada, habría que hacer lo que han hecho en Francia, un país que es el paradigma del centralismo eléctrico, con grandes cuasimonopolios eléctricos, que está pidiendo a la gente que produzca en su casa electricidad, cuanta más mejor, y que le van a comprar todo su excedente, mientras que en España no solo no se compra el excedente sino que se penaliza el autoconsumo. Es un absurdo.

Entonces si el diseño de un plan energético nacional pasa por cumplir con la política energética europea, ¿qué piensa de la Unión Energética Europea?

Josep Borrell, ex ministro socialista y ex presidente del Parlamento Europeo.
Josep Borrell, ex ministro socialista y ex presidente del Parlamento Europeo.

No sé si se están tomando las medidas adecuadas para la buena marcha y desarrollo de la Unión Energética Europea, pero las suficientes no. Es una gran idea lanzada por la Fundación Delors, por Jacques Delors, de hecho yo he participado en la elaboración de los primeros proyectos, y aunque no surge de la Comisión Europea, la hace suya. Y parece evidente que sí tenemos un grave problema común, la seguridad del abastecimiento y además la reducción de emisiones.

Por todo ello, tenemos que tener un mercado de la energía que sea eficiente y que no sea solo un mercado, con capacidad de negociación frente a nuestros suministradores. Por ejemplo, a la hora de negociar con Putin, no se negocia igual de manera individual que yendo todos juntos, pero desgraciadamente nada avanza en Europa al ritmo adecuado.

Parece sensato pensar que si tenemos que reducir las emisiones de CO2 y desarrollar las energías renovables, lo primero que habría que cerrar son las centrales de carbón, pero desde las filas socialistas no está claro el asunto, ¿qué se deben cerrar primero, las centrales térmicas de carbón o las nucleares?

Renunciar completamente a ambas tecnologías en un escenario cada vez más renovable va a ser difícil tal y como están las cosas. Pero la energía nuclear morirá o dejará de desarrollarse de manera automática porque sus costes no serán competitivos. Solo hay que analizar los costes del MWh que van a producir las centrales que está construyendo Areva en el Reino Unido o en Finlandia y compararlos con los de las tecnologías limpias. Mientras que estos costes están subiendo, los de las renovables están bajando. La nuclear debería utilizarse solo como energía de transición.

Respecto a qué tecnología cerrar antes, Alemania ha cerrado primero las nucleares y ha llenado el gap que las nucleares han dejado abierto con carbón, porque había una oferta de carbón barato americano, ya que EEUU estaba sustituyendo el carbón por su gas esquisto. Era la combinación perfecta. Mientras que en Estados Unidos hay una oferta de carbón barato, Alemania puede satisfacer así el hueco de las nucleares. Pero es una solución transitoria, porque su apuesta clara son las renovables. Ha tomado una decisión política transcendental, discutible y que ha costado bastante dinero por el parón nuclear pero deberá utilizar el carbón hasta que consiga el suficiente desarrollo de las renovables, cosa que no ha hecho Francia.

Si lo tomamos como ejemplo, Alemania ha aumentado el consumo de carbón transitoriamente, muy transitoriamente, y los datos indican que el consumo de carbón ha vuelto a bajar a los niveles anteriores a la Energiewende.

Pero entonces, ¿cuál sería la tecnología de respaldo, en la que se debería apoyar la transición energética en España hacia un horizonte más renovable?

El carbón, aunque es más contaminante, pero también el gas natural, porque necesitamos un conjunto de energías que apoyen esa transición ya que de la noche a la mañana no podemos prescindir de ninguna de ellas. Cada país tiene sus soluciones diferentes, depende de sus accesos al gas, de sus recursos de carbón, que algunos las tienen y son importantes, como es el caso de Polonia y en menor medida también España… Habría que hacer encaje de bolillos.

“la sobrerretribución a las energías de base ya amortizadas debería ser revisada en profundidad”

Uno de los problemas de los vaivenes de la política energética española es la falta de un Pacto de Estado, ¿por qué es tan difícil que todos los partidos lleguen a un consenso?

Porque probablemente, cada vez más, la democracia tiende a la tiranía del cortoplacismo. Cada cuatro años hay elecciones, y evidentemente todos los responsables políticos las quieren ganar. El problema surge cuando hay que tomar decisiones que tienen costes que se manifiestan antes de las siguientes elecciones pero se recogen beneficios mucho después. Es complicado ver que tú vas a pagar el coste y el beneficio lo va a obtener el que venga detrás de ti.

En cualquier caso, tendría que haber un Pacto de Estado porque no se puede construir una política energética con miras a corto plazo, por lo que debería haber un consenso más amplio al margen de los plazos electorales. No se puede tomar decisiones en el largo plazo condicionado por sus consecuencias en el corto. Pero no solo pasa en política energética sino también en otros ámbitos.

Por ejemplo, cuando estaba en el Gobierno queríamos hacer un trasvase y teníamos a la oposición enfrentada que decía que no, y al revés, cuando llegaba el otro partido al gobierno decía que quería hacer un trasvase, y los de la oposición decían que del modo que lo querían hacer no. En definitiva, si no lo hemos conseguido en materia de política de gestión del agua, está por ver que se consiga en otras con mayores ambiciones, es decir, en política energética. Y si sirve de consuelo, no ocurre solo en España. Mira por ejemplo en Estados Unidos. Había un acuerdo, un consenso, entorno a las propuestas de Barack Obama, viene Donald Trump y cambia radicalmente el paradigma energético.

Uno de los asuntos que más le ha perseguido en los últimos años es el caso Abengoa en los tribunales, al ser un miembro del Consejo de Administración y estar señalado por su gestión en la empresa, ¿en qué momento del proceso se encuentra?

Josep Borrell.
Josep Borrell. FOTOS: Daniel Santamaría.

Abengoa, entre otras cosas, sufrió las consecuencias de la mala legislación del Partido Popular y de la reforma energética de 2013. Fue una chapuza jurídica, técnica y económica. Y ya estamos viendo las consecuencias, al perder el primer arbitraje internacional en renovables, seguramente vendrán otros después, lo que nos costará a los contribuyentes un montón de dinero mientras vemos arruinados a miles de pequeños inversores y a alguna gran empresa.

Pero volviendo a Abengoa, se dieron circunstancias muy negativas, primero la reducción de los subsidios cuando teníamos ya hechas las inversiones, nos dicen que la rentabilidad no era la inicial, sino una mucho menor, lo que afectó a la compañía en valor presente con más de 1.500 millones de pérdidas en acciones. Segundo, el precio del petróleo cayó a 50 dólares, y a ese precio no vendes ni un litro de bioetanol, justo cuando habíamos hecho una apuesta decidida por este combustible y habíamos invertido mucho dinero en grandes centrales en EEUU, Brasil y en Europa. Todo ello supuso que la mayor parte de ellas se tuvieran que quedar paradas.

Y tercero, Abengoa tenía el 30% de su cifra de negocio en Brasil y este país sufrió una crisis financiera mucho más grave que la española, que cortó la financiación de grandes proyectos que tuvieron que ser abandonados con grandes pérdidas, y por último, se sumó la desconfianza de los mercados que dejaron seca de liquidez a Abengoa. Respecto a mi situación jurídica, estamos esperando a que decidan los tribunales.

Otro de los temas más controvertidos son las llamadas “puertas giratorias”, ¿cuál sería la solución para evitar que se critique este intercambio de altos cargos políticos a puestos de dirección de empresas, sobre todo, energéticas?

Creo que el mundo político no puede ser cortado del mundo de la realidad, si un profesional sabe que si entra en política no podrá volver a ejercer como profesional pues tendrás una clase política de menos calidad. Hay muchísima demagogia al respecto, yo no tengo ningún complejo de culpabilidad, tengo una formación académica y técnica en el mundo energético que me hace perfectamente cualificado para los puestos que he ocupado.

Pero sin duda no todos están igualmente cualificados. Por ejemplo, observa la composición de algunos Consejos de Administración como el de Enagás, o cuántos están trabajando en Telefónica, (porque no hay necesidad de estar en los consejos, la puerta giratoria no es solo el consejo sino cualquier contrato que te dan por tu cara bonita, por el cargo que tuviste). Pues en algunos casos se justifica y en otros no. Que Aznar esté en el Consejo de Administración de Murdoch pues no será por sus conocimientos técnicos…

Hay que ir caso a caso y ver qué aporta cada uno a la empresa que contrata. Por supuesto hay que establecer exigencias temporales pero, en mi caso, yo dejé de ser ministro en el año 1996. Es cierto que hay que pasar una cierta cuarentena, que ya existe aunque se puede hacer más larga pero no infinita, y después habría que valorar y medir si se justifica la presencia de un ex responsable político en un Consejo de Administración. Pero las incompatibilidades para siempre serían una equivocación.

Además, es evidente que haber tenido un puesto de responsabilidad política te da unos conocimientos, unas habilidades y una capacidad de enfrentarse a los problemas que es también útil para la gestión empresarial. En algunos casos se podrá objetivar y en otros será dudoso, pero decir que un ministro nunca más puede estar en un Consejo de Administración, o pueda aconsejar, porque insisto, no solo es estar en un Consejo de Administración, (donde se asume un montón de responsabilidades que pueden llevar hasta procesos judiciales), mientras que si eres consejero áurico estás igual de pagado y no tienes ninguna responsabilidad y ningún tribunal te puede encarcelar.

Se ha convertido en defensor de la ecología económica, ¿cuáles son los argumentos de esta nueva manera de entender la economía?

La economía ecológica es intentar poner la naturaleza en el razonamiento económico clásico y resolver el problema a través de la fijación de un precio. Y la ecología económica es al revés, es poner la economía dentro de la ecología, para dar respuesta al desempleo, para luchar contra los problemas ambientales y para favorecer la salud, el urbanismo, y la movilidad. En definitiva, es una nueva propuesta para que la transformación social y la lucha contra la pobreza y la desigualdad vayan de la mano de un nuevo modelo ecológico que ponga fin a las emisiones y nos lleve a vivir dentro de los límites planetarios.

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