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El Gobierno de Angela Merkel ha negociado con Bruselas una serie de cambios en la Ley de Energías Renovables que dan un giro importante en su actual modelo de instalación de este tipo de tecnologías.

La principal novedad es que Alemania hará competir a la eólica terrestre y a la fotovoltaica en las subastas de renovables que se iniciarán a partir de 2018. Según lo acordado con Bruselas, las subastas serán de 400 MW anuales. Una capacidad bastante inferior a lo que están acostumbrados.

El ministro de Energía, Sigmar Gabriel y la comisaria de Competencia Margrethe Vestager llegaron a un acuerdo tras duras discusiones en varias normativas germanas. Se trata de la nueva Ley de Energías Renovables, la Ley de producción combinada de calor y energía (CHP) y la Ley del Mercado Eléctrico. El objetivo no era otro que respetaran las normas europeas de ayudas estatales.

Así, por ejemplo, los autoconsumidores alemanes no tendrán que pagar en sus facturas lo destinado a ayudas de energías renovables, así como la gran industria electrointensiva tampoco pagará la partida de ayudas a la cogeneración. Estas últimas ya no pagan tampoco las ayudas a las renovables para no encarecer su factura.

Además, Alemania también ha pactado realizar subastas de 50 MW para proyectos que son especialmente útiles para el sistema eléctrico. En este caso, se tratan de proyectos de almacenamiento de energía.

Si la subasta de renovables queda repartida, es decir la eólica y la fotovoltaica ganan los megavatios a partes iguales, el sistema no lo resentirá, e incluso se beneficiaría ya que el último informe del Instituto Fraunhofer señala que la eólica y la solar fotovoltaica se complementan.

“Esta combinación reduce la necesidad de capacidad de almacenamiento”, dice el informe.

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