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El planeta ha entrado en una era de fenómenos meteorológicos extremos, donde las olas de calor, inundaciones, sequías y tormentas serán cada vez más frecuentes e intensas, según un informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA). Y en los países mediterráneos, entre ellos España, será donde más se sufrirán las consecuencias del cambio climático.

Nuestro país ya está registrando un mayor aumento en las temperaturas máximas y menores niveles de precipitaciones, así como una disminución del caudal de los ríos, el coctel perfecto para la sequía, ya crónica en la mayor parte del país, y especialmente este año, tras la primavera más cálida en medio siglo y los embalses y pantanos a medio gas. La situación varía por comunidades autónomas y es especialmente dura en Andalucía, Navarra, Castilla-La Mancha, Asturias y Castilla y León.

Y una de las consecuencias directas es un mayor estrés hídrico que afecta a la producción hidroeléctrica.

España ha producido un 54% menos de energía hidroeléctrica del 1 de enero al 6 de agosto de 2017 respecto al mismo periodo del año anterior, un total de 11.756 gigawatio/hora (GWh), mientras que la energía calculada –máxima teórica disponible–, representa el 35,7% (7.927 GWh) de la capacidad total, según datos de la Red Eléctrica de España (REE).

La energía hidroeléctrica cuenta con una capacidad instalada de 17.792 MW, de los cuales corresponden a la minihidráulica, la que aprovecha los saltos de ríos, 2.104 MW, según datos de APPA, y “aunque es esta última la más eficiente, 1 MW de minihidráulica genera más electricidad que 1 MW de gran hidráulica, es la primera que sufre las consecuencias de la sequía”, explica Francisco Valverde, analista y experto en el sector eléctrico.

“Espero que diluvie en otoño para que el año hídrico se recupere pronto porque si no, veremos precios de la electricidad entorno a los 50€/MWh por el uso del carbón y de los ciclos combinados”, añade Francisco Valverde, “una de las soluciones posibles sería cambiar las nucleares y las térmicas por renovables, pero de todo tipo, la biomasa es potencia firme y gestionable pero también se debería instalar fotovoltaica con seguimiento o CSP y no tanta eólica y fotovoltaica fija” y concluye “habría que preguntarse en qué momentos del año hay más abundancia de cada recurso natural y si coinciden en el tiempo“.

Pero ¿y si España entrara en un ciclo de sequías constantes, y bajara aún más el agua de la reserva hidroeléctrica? “La previsión para los próximos 30 años es que se reducirá la capacidad hidroeléctrica en nuestro país pero no se anula, aunque estos datos podrían cambiar a medida que se agudicen los efectos del cambio climático”, señala Sara Pizzinato, responsable de Energía de Greenpeace. “por eso tenemos que caminar hacia un escenario 100% renovable pero la obsesión del Gobierno para hacer renovables a coste cero es equivocada porque hay muchas más fuentes renovables, como termoeléctricas hibridadas con biogas, gas o biomasa y sobre todo con más gestión de la demanda” añade Sara Pizzinato.

Además, “no solo es importante realizar un estudio para conocer la situación de las centrales hidráulicas, también hay que saber datos sobre la estacionalidad, la temperatura del agua y la cantidad disponible para la refrigeración de otras centrales eléctricas que necesitan de este recurso cada vez más escaso en España y cómo le afectará el cambio climático a lo largo de las próximas décadas”, concluye la experta.

Según el informe “El cambio climático y la vulnerabilidad de la generación de electricidad al estrés hídrico en la Unión Europea”, la generación térmica requiere grandes cantidades de agua para su enfriamiento y los últimos años cálidos han llevado a reducciones en la generación, se ha generado mucha preocupación sobre la seguridad del suministro en el Viejo Continente.

El informe evalúa los impactos climáticos a nivel de la UE para 1.326 plantas térmicas de manera individual y de 818 cuencas hidrográficas para 2020 y 2030. Entre sus conclusiones destaca que a pesar de los objetivos políticos y la disminución del agua empleada para electricidad, el número de regiones que experimenta cierta reducción en la disponibilidad de energía debido al estrés hídrico aumenta de 47 a 54 cuencas entre 2014 y 2030, y aún así hay previsto la construcción de nuevas centrales en otras cuencas estresadas. La mayoría de estas cuencas vulnerables se encuentran en la región mediterránea. Y entre las soluciones proponen que como en el futuro se aumentará el enfriamiento del agua de mar, esto alivia algunas de las presiones que sufren estas regiones.

En definitiva, que si se cumplen los peores pronósticos, sería necesario realizar un enfoque integrado de las políticas de energía y agua.

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