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Fotovoltaicas, eólicas, termosolares… Casi todas las empresas del sector están calentando motores preparando sus ofertas para la segunda subasta de renovables donde se licitarán 3.000 MW. Una subasta que a priori es neutra, es decir, sin cupos por tecnologías, y donde todos pujarán bajo las mismas condiciones, ¿o no?

El sector solar no lo ve tan claro. Las bases aprobadas en Consejo de Ministros abren una duda sobre su ecuanimidad. En principio la subasta utiliza un sistema marginalista en el que todas las tecnologías por igual pujan a la baja hasta completar la bolsa de megavatios en juego. Las ofertas se van ordenando de más barata a más cara, y la última en llenar el cupo es la que marca el precio para el conjunto.

En el caso de que se ofertaran a precio de casación más proyectos que el cupo total de MW y por tanto hubiera un empate, la normativa prioriza sobre aquella tecnología o proyecto que genere más megavatios hora por cada megavatio instalado, conforme al número de horas de funcionamiento, y es ahí donde la eólica se impondría a la fotovoltaica, según explicó Pedro Basagoiti, director de Sistemas de Información de OMIE, durante la Jornada “Las posibilidades de la fotovoltaica en la próxima subasta” que organizó ayer UNEF.

Fuentes del sector fotovoltaico aseguran a este diario que “temen que, con esta condición, si los proyectos eólicos que se presenten en la subasta superan los 3.000 MW, la fotovoltaica se va a quedar fuera”.

“No tenemos la foto final todavía pero tiene cierto sentido que se priorice a la tecnología que favorezca el mayor número de horas de funcionamiento”, señalan fuentes eólicas a este diario, “pero depende mucho de los descuentos que se apliquen finalmente, porque las empresas eólicas necesitan una elevada financiación y la clave es si la retribución va a ser cero, porque ¿cuántas eólicas pueden ir a precio ofertado cero?

Y es que muchos son los que sospechan que ocurra como en la primera subasta, la de enero de 2015, donde se pujó tan a la baja que terminó a precio cero, es decir, sin percibir prima alguna por la producción.

Pero la eólica cuenta con otra desventaja más respecto a la fotovoltaica. Los plazos para poner en marcha sus proyectos. Las empresas tienen la urgencia de hacerlo antes de seis meses, porque si no, pierden las garantías, “y los avales son tan elevados que hay que pensarse muy bien en qué condiciones entras en la subasta y si da tiempo a cumplir los plazos”, añaden las fuentes. Además, antes de la reforma eléctrica, se tardaba seis años en hacer un parque eólico y ahora hay que terminarlo en menos de tres, antes del 1/1/2020, “por lo que también hay que calcular si se llega a tiempo”.

Y aunque se sabe que hay 6.000 MW eólicos de concursos adjudicados, no instalados pero tampoco anulados que esperan su momento, se desconoce en qué etapa del proceso se encuentra, con lo que si no se ha hecho nada hasta ahora, “es imposible que estén operativos a la fecha tope obligada por la normativa”.

Los argumentos de la eólica no terminan de convencer, el sector fotovoltaico no se siente que cuenta con las mismas posiblidades. Y más aún tras escuchar al ministro Nadal decir que la eólica va a tener “grandes oportunidades” en la subasta y que va a haber un enorme éxito por parte de la energía eólica a la hora de participar en esa subasta, porque lo va hacer con capacidad de competencia.

En definitiva, que el resultado de la subasta es una incógnita a día de hoy, que apetito hay tanto en la industria eólica como en la fotovoltaica pero que todos deben apostar lo justo  midiendo bien sus fuerzas. Comienza el juego.

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