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Las dos grandes potencias mundiales, Estados Unidos y Rusia, están luchando por conquistar el ‘corazón’ de la Unión Europea. Pero sus intenciones tienen que ver más con la necesidad de exportar gas que con el encanto natural del Viejo Continente.

El crecimiento de la extracción de gas de esquisto posiciona a Estados Unidos como uno de los mayores exportadores de gas natural del mundo, y Donald Trump está haciendo todo lo posible para que uno de sus principales destinos sea Europa, lo que podría poner en duda la posición de Rusia en el mercado europeo.

Las exportaciones rusas a Europa siguen siendo una de las bases de la economía del continente, representando aproximadamente el 41% de la oferta en el primer trimestre de 2017, según la Comisión Europea.

Sin embargo, las sanciones estadounidenses aprobadas hace una semana afectarán a la producción de energía de Rusia, al reducirse posiblemente los suministros a Europa. La legislación concede al presidente de EEUU la capacidad de imponer sanciones a cualquier empresa que colabore en la construcción de gasoductos y oleoductos desde Rusia, ya sea mediante tecnología, financiación o logística. Y esta decisión señala con el dedo directamente a la construcción de dos gasoductos, el Nord Stream 2, un doble gasoducto submarino bajo las aguas del mar Báltico de 1.200 kilómetros de longitud, y Turkstream, una doble tubería de 1.062 kilómetros de longitud que recorrerá el fondo marino del mar Negro.

Las sanciones se producen a medida que aumenta la producción de gas esquisto en Estados Unidos. Tanto es así y tan rápido, que desde 2005 supera las necesidades de consumo del país, y a partir del próximo año, se convertirá en un exportador neto de energía. Trump tenía que intervenir para dar salida a sus excedentes de gas y qué mejor cliente que los países europeos.

Hasta el año pasado, el único medio para exportar gas eran los enlaces por gasoductos a México y Canadá y algunos barcos que salían de Alaska. Pero entonces, la energética Cheniere Energy comenzó a preparar envíos desde una planta de licuefacción de gas natural en el estado sureño de Louisiana. A raíz de ahí, alrededor del 13% de los envíos se han dirigido a Europa y ya están en marcha otros cuatro proyectos en Texas y en Maryland a lo largo de la costa este, convirtiendo a Estados Unidos en el líder mundial en este tipo de construcción, según un informe de Energy Ventures.

Aumento de las exportaciones europeas

Los mercados están redirigiendo las exportaciones de gas estadounidense, muy lejos de donde inicialmente se esperaba que fueran, dicen los analistas, “una gran parte del gas natural estadounidense que hace un año debía haber sido enviado a ultramar en los buques cisterna con destino a Asia” debido a los altos precios en Asia, explicaba Stewart Glickman, analista de CFRA Research, “no llegó a nunca, y la realidad es que esa oportunidad se ha cerrado significativamente”.

Y todo porque últimamente el gas estadounidense ha comenzado a emigrar a Europa donde hay menores costes de tránsito. “Las exportaciones estadounidenses han ido en gran medida hacia la región mediterránea y ahora están empezando cada vez más hacia la región norte y la del Báltico”, ha dicho el analista Ira Joseph, jefe de gas y electricidad de S&P Global Platts.

Incluso durante la visita de Trump a Polonia, en junio pasado, el presidente ofreció el primer envío de gas natural estadounidense a este país de Europa Oriental, alimentado casi en su totalidad por gas ruso. “Creo que es un gran cambio para el mercado”, ha añadido Joseph “porque es un territorio donde se va a ver una competencia más directa entre el gas ruso y el gas estadounidense“.

Será una competencia feroz entre ambos titanes. Clint Oswald, analista de Bernstein Research, ha afirmado que “Gazprom no permitirá una pérdida tan enorme de cuota de mercado, ya ha visto que se le está empujando claramente hacia el este, y es consciente de las amenazas del gas americano”. Además, Gazprom suele firmar contratos a largo plazo, limitando las fluctuaciones de año en año en la cuota de mercado de Rusia, pero aún así, no le gusta ni un poquito los movimientos de Trump.

Michael Schaal, de la consultora Energy Ventures Analysis, va más allá y opina que la aparición de Estados Unidos como exportador da a los países europeos “una alternativa creíble al gas ruso”, lo que significa que “tendrán un mejor control sobre los precios”. Porque no solo afecta a Rusia, el gas de América amplía el panorama competitivo que también incluye a Noruega, Qatar y Argelia.

De esta guerra gasística entre EEUU y Rusia hay un claro vencedor, la Unión Europea, que tiene una oportunidad única para negociar bien y a la baja los precios del combustible del invierno. No hay duda de que a más oferta, los países europeos saldrán beneficiados.

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