La UE debe ser más ambiciosa en los objetivos 2030 contra el cambio climático, según la Fundación Alternativas

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Presentación del informe Sostenibilidad 2016 de la Fundación Alternativas.
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La Fundación Alternativas ha lanzado su IIº Informe sobre sostenibilidad, donde advierte que todos los países del planeta, y especialmente los de la Unión Europea, deben pasar a la acción, sin más demora, para luchar contra el cambio climático, para ser más sostenibles con el planeta y para evitar situaciones catastróficas.

El informe destaca que en 40 años hemos doblado las emisiones de carbono, dentro de unos años habrá más plásticos que peces en los mares, con la desaparición de miles de especies marinas; y si los países no se esfuerzan más, la energía seguirá dependiendo de materias fósiles mientras millones de personas seguirán enfermando y muriendo cada año por contaminación.

El estudio recoge que las medidas de la Unión Europea previas al Acuerdo de París, como antesala de una conciencia ambiental y de lucha contra el calentamiento global, son buenas, pero mejorables. Por ejemplo, en el capítulo de programa de compras públicas verdes, es decir, de introducir criterios de sostenibilidad ambiental en los contratos de licitación y de compra pública de bienes y servicios, se dice que “a pesar de los múltiples beneficios sociales, económicos y ambientales de este tipo de programas y del creciente desarrollo normativo alrededor del mismo que se ha dado en la UE, el avance general es moderado con grandes diferencias entre países. Los países más avanzados en la incorporación de criterios ambientales en sus políticas de compras públicas son Bélgica, Dinamarca, Suecia, Holanda, Finlandia o Austria, que han integrado criterios ambientales en el 40-60% de los contratos de media”.

Para España, el estudio dice que “la evolución de las emisiones de gases de invernadero en los últimos 25 años ha sido positiva en Europa pero muy negativa en España. Actualmente Europa está en vías de alcanzar el objetivo del 20% de reducción de emisiones para 2020. En 2014 las emisiones europeas fueron ya un 24% inferiores a los niveles de 1990, y parece que las emisiones disminuirán aún más hasta 2020″.

Sin embargo, “España las ha aumentado un 15% desde 1990. De los 10 países europeos más emisores en 1990, España es el único que ha aumentado sus emisiones mientras que el resto las ha reducido en un 25% de media”.

En España más de las tres cuartas partes de las emisiones totales de GEI se producen en el uso y procesado de la energía. En ellos se incluye, el transporte, responsable del 25% de las emisiones nacionales, la generación de electricidad -que suele estar ya por detrás del transporte- en 2015 alcanzó el 26%; el consumo de energía primaria en la industria (12%) y el sector Residencial, Comercial e Institucional (8%). Las emisiones de los procesos industriales representan alrededor de un 10%, la agricultura otro 10% y la gestión de residuos un 4% del total de las emisiones -aunque es el sector que más ha crecido sus emisiones desde 1990-.

Pero no todo es negativo. Según el estudio, la aplicación del comercio de derechos de emisión junto con la implementación de políticas de apoyo a las renovables, a través de las primas al régimen especial, ha tenido un impacto positivo en la reducción de emisiones de CO2 en el sector eléctrico. De hecho, las energías renovables hasta ahora han sido el principal factor de reducción real de emisiones de gases de efecto invernadero en nuestro país.

La introducción de nueva potencia renovable ha disminuido las emisiones de CO2 por KWh producido un 37% entre 2007-2016 según datos de Red Eléctrica de España. Mientras que las emisiones totales del sector eléctrico disminuyeron algo más (un 43%), por el efecto de la contracción de la demanda.

En la presentación del informe, Cristina Narbona, recién nombraba presidenta del PSOE, ha apoyado el informe y ha recalcado que “con más ciencia y más democracia será posible la lucha contra el cambio climático, porque se crearán ciudadanos más exigentes con sus dirigentes y las empresas”, y además, “deberíamos cambiar el rumbo de la economía, que no puede prescindir de la ecología, es necesaria una transición económica hacia la ecología, es decir, que no se mida solo el PIB de un país sino el crecimiento de otras variables como los desequilibrios sociales, los medioambientales, la corrupción y la credibilidad de las instituciones democráticas, etc”.

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