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Las centrales térmicas europeas tienen el futuro cada vez más negro. Un nuevo informe del Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero (IEEFA) ha pronosticado que un tercio de las plantas térmicas de carbón de la Unión Europea podría cerrar en 2021.

Las centrales térmicas de la UE se encuentran ahora entre la espada y la pared. Están frente a la perspectiva del cierre si no pueden cumplir con los gastos involucrados en sus costosas renovaciones, con el objetivo de cumplir con los nuevos límites de óxido de azufre (SOx) y óxido de nitrógeno (NOx) en sus emisiones, impuestos desde Bruselas el mes pasado.

Para cumplir con las nuevas normas para el año 2021, las eléctricas o bien invierten en nuevas tecnologías para modernizar las plantas de carbón, restringen las horas de funcionamiento a menos de 1.500 al año o deben cerrar las instalaciones, dijo el IEEFA. No salen las cuentas con este nuevo panorama.

“Estas regulaciones profundizan aún más la penosa situación de las plantas y en muchos casos hacen añicos la frágil economía de la generación de carbón en la UE en comparación con el gas y las energías renovables”, dijo Gerard Wynn, consultor de finanzas de la energía del IEEFA y co-autor del informe.

“El costo del cumplimiento será prohibitivo para muchas de estas instalaciones, teniendo en cuenta las perspectivas del mercado y otros vientos en contra’, agregó.

Eso es lo que le sucede por ejemplo a Enel con las centrales térmicas españolas de Compostilla y Andorra, a las que ya ha pronosticado su cierre para 2020. Endesa, propietaria de las centrales, asegura que las nuevas medidas hacen inviables las plantas y que se trata de una medida puramente financiera.

La descarbonización ya está en marcha en la UE. El sector llevó a cabo un cierre récord de 10 GW de capacidad el año pasado, además de las promesas de los gobiernos de eliminar este combustible fósil.

Para poder cumplir con los objetivos de emisiones del Acuerdo de París, una cuarta parte de la capacidad actual de carbón de la UE necesita cerrar en el año 2020 y toda ella en 2030.

El informe del IEEFA ha analizado cerca de 600 instalaciones de toda la UE que queman carbón, lignito y biomasa.

El análisis destaca que 108 centrales para un total de 56 GW de capacidad eléctrica y un tercio de la capacidad de generación de carbón de la UE, son responsables de la mayoría de las emisiones de SOx y NOx y están al menos un 40% por encima de los límites de la UE.

Compañías eléctricas como las polacas PGE y Tauron, la italiana Enel, Endesa en España, la francesa EDF, CEZ de República Checa, la británica Drax y la griega PPC operan más de la mitad de esas plantas.

Estos operadores tendrán que usar la tecnología de reducción de NOx (desnitrificación) que sumaría entre 2 y 4 euros por megavatio hora (MWh) al coste de la generación, mientras que la reducción de SOx añadiría otros 6-7 euros / MWh.

Si una planta posee ambos problemas de superar los límites de emisiones tanto de NOx como SOx, se puede encontrar con costes de hasta 11 euros MWh, a los que no podrían hacer frente solo con los actuales precios de mercado.

Así que el cierre de carbón es más una cuestión económica que otra cosa (por culpa de sus emisiones claro está). Y si encima lo impone Bruselas, poco se puede hacer.

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