Los caminos de Slim, Trump y la CFE se cruzan en dos gasoductos de la frontera de México con EEUU

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El empresario mexicano, Carlos Slim, y el presidente de EEUU, Donald Trump.
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Los caminos de Donald Trump, Carlos Slim y la Comisión Federal de Electricidad (CFE) se cruzan en la frontera de México con Estados Unidos, en la zona donde el presidente asegura que construirá un muro que pagará su vecino del sur.

Esos caminos se cruzan en dos gasoductos con un valor combinado de 1.400 millones de dólares que proveerán de gas natural de Texas a la CFE, en uno de los proyectos del Gobierno mexicano para reducir los costes de la energía, principalmente a las empresas.

En enero de 2015 el consorcio conformado por la mexicana Carso, de Carlos Slim, y Energy Transfer Partners con sede en Dallas se adjudicó los contratos para desarrollar los gasoductos ‘Comanche Trail’ y ‘Trans-Pecos’, que conectan desde Waha, Texas, con la frontera mexicana y ahí se conectan con los gasoductos del lado mexicano llamados ‘San Isidro-Samalayuca’ y ‘Ojinaga – El Encino’.

La conexión con Trump se cierra porque el presidente ejecutivo de Energy Transfer Partners, Kelcy Warren, donó más de 100.000 dólares a la campaña de Trump. Y no sólo eso, el ahora presidente tenía en 2015 un millón de dólares en acciones de la compañía, de acuerdo con sus declaración como candidato federal de ese año. Incluso en mayo pasado poseía 50.000 dólares, de acuerdo con la más reciente divulgación. El portavoz de Trump asegura que el presidente vendió todas sus acciones el año pasado.

Además, el elegido por Trump para ser secretario de Energía, el exgobernador de Texas Rick Perry, fue miembro del directorio de Energy Transfer hasta finales de diciembre; él dice que está vendiendo sus acciones en la compañía y se comprometió a no participar en aquellas cuestiones que puedan afectarle durante al menos dos años.

En octubre, el gobierno de Estados Unidos presentó una demanda para detener la construcción del gasoducto ‘Comanche’ para dar a agencias federales tiempo para evaluar su impacto en los canales de riego y en una sección de la valla fronteriza. Un juez ordenó un alto el 8 de noviembre, el día de la elección en la que triunfó Trump.

Trump dijo durante su campaña que Slim, accionista mayoritario en el New York Times y un donante de la Fundación Clinton, estaba trabajando junto con la campaña de Hillary Clinton para ayudar a generarle cobertura negativa. En ese momento, un portavoz de Slim dijo que el multimillonario nunca había conocido a Trump y no estaba interesado en la política estadounidense.

El 17 de diciembre, Slim se reunió Trump para una cena en el complejo de Florida llamado Mar-a-Lago. Dos días después, el consorcio llegó a un acuerdo que permitió la reanudación de la construcción del gasoducto ‘Comanche’ a cambio de pagar 5,4 millones de dólares para proteger los canales de riego. El gobierno de Estados Unidos determinó que no había “ningún daño inmediato” a la valla fronteriza, según un portavoz de la Oficina del Fiscal Federal para el Distrito Oeste de Texas.

A través de un portavoz, Slim no quiso hacer comentarios. Y la portavoz de Energy Transfer Partners, Vicki Granado, dijo: “Esperamos completar estos proyectos a corto plazo”.

Las tuberías ofrecen un claro ejemplo de cómo los intereses de Trump, y las de sus seguidores, a veces entran en conflicto con sus promesas políticas. “Plantea muchas ironías en términos de la política de Estados Unidos en este momento”, dice Patrick Schaefer, director ejecutivo del Hunt Institute for Global Competitiveness de la Universidad de Texas.

“Uno de los principales consumidores de energía de Texas es México, que utiliza luego el gas natural barato para bajar el costo de los bienes que se envían al mercado estadounidense a un precio mucho más competitivo”.

El gas natural barato de Estados Unidos es clave para reducir los costos de electricidad de México, por lo que sus fábricas pueden competir mejor con Asia.

Trump ha advertido a los fabricantes estadounidenses que habrá sanciones a quienes lleven la producción a otros países, incluyendo amenazas a los fabricantes de automóviles General Motors y Toyota con un impuesto si se siguen produciendo vehículos vendidos en los Estados Unidos en México.

El CEO de Ford, Mark Fields, anunció el 3 de enero que cancelaban sus planes de construir una planta de 1.600 millones de dólares en México, y en su lugar invertir en una planta estadounidense.

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