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Noviembre de 2016. Mariano Rajoy nombra ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital a Álvaro Nadal. Sorpresa en el sector. Para mal. En su presentación como nuevo inquilino del Ministerio falta su hermano Alberto, que era el hombre al que se le prometió la cartera de Energía tras haberse encargado de la reforma en la legislatura anterior como secretario de Estado.

Pero no fue la única ausencia. Ni un presidente, ni un CEO de las tres grandes eléctricas fue a darle la enhorabuena a Nadal tras recibir la cartera de manos de Luis de Guindos. Nadal no es santo de la devoción de las tres grandes compañías. Saben como se las gasta.

No tardó mucho en ponerse en contra a las eléctricas con la gestión del fallecimiento de la anciana en Reus. Tras la sentencia de la financiación del bono social, Nadal provocó el primer gran distanciamiento. Luego vino el subidón del precio de la electricidad en el mercado y las volvió a señalar.

Ha sido un continuo ataque a las compañías. Unas veces más directo, otras, de forma más indirecta. Ahora ha llegado el turno de qué hacer con el mix eléctrico del futuro. Tomar las riendas de la transición energética y ahí es cuando la batalla entre el Gobierno y las eléctricas se ha recrudecido.

Las eléctricas no están por la labor de continuar con las centrales térmicas donde se quema carbón autóctono. No les salen las cuentas y no quieren invertir dinero para mantenerlas. Mientras, quieren seguir operando en algunas centrales, otras sin embargo las quieren cerrar.

Algo que ha sentado muy mal en el seno del Ministerio. Nadal quiere el carbón. Lo necesita para que no se le dispare el precio de la luz. Ese es su gran objetivo. Que el precio no coja altos vuelos bajo ningún concepto.

Cabe recordar como desde Enel aseguraron el cierre de Andorra y Compostilla y Nadal no tardó en acusar a la compañía italiana que controla el 70% de Endesa de no invertir lo necesario en España y abandonar a su suerte a los españoles que trabajan en las centrales.

Esta semana hemos visto como Gas Natural Fenosa también ha dicho que va a cerrar Anllares y que mantendrá abierta La Robla.

Además, está todo el jaleo de la nuclear. La decisión del CSN de dar el visto bueno a la reapertura de Garoña si se cumplen una serie de requisitos abrió la caja de pandora. O mejor dicho, destapó la caja de los truenos del sector.

Iberdrola que no aguanta más. Endesa tratando de salvar el barco. Y el Gobierno que quiere que todo siga igual. Las compañías exigen al Ministerio que les quite el impuesto a la nuclear (al combustible). Desde que se impuso en 2013 no salen las cuentas de las centrales nucleares.

Le advierten al Gobierno que si no lo hacen, se van a ver en la obligación de no renovar las centrales, algo que a Álvaro Nadal le ha sentado muy mal. Tanto que ahora está buscando una solución para intervenir en el sector y poder hacerse con el control de las plantas tanto nucleares como de carbón que quieran cerrar.

Lo nunca visto. El PP, el padre de la liberalización del sector eléctrico, ahora quiere intervenir en el mercado, solo porque no se le descontrole el precio de la luz. Sabe Nadal que si se cierran algunas térmicas de carbón, el resto no tardarán en hacerlo, y que si no se renuevan las nucleares, el mix eléctrico se rompe en mil pedazos.

Estamos hablando del 40% del mix. Entre carbón y nuclear aproximadamente producen ese porcentaje de la demanda eléctrica del país. Sin ellos serían necesarios muchísimos megavatios de renovables que a día de hoy España no tiene a pesar de querer colocar 6.000 MW de aquí a 2020.

Una lucha de intereses total. Las eléctricas quieren continuar pero con más facilidades para rentabilizar el negocio, y el Gobierno quiere mantenerse como hasta ahora, obteniendo los ingresos necesarios para mantener el sistema eléctrico estable y no en déficit.

Está en juego la reforma de su hermano Alberto, bueno, y la suya también, por eso, Álvaro Nadal no piensa dar su brazo a torcer con las eléctricas y hará todo lo posible para conseguir el apoyo del PSOE para controlar el sector eléctrico.

En otros países donde no hay eléctricas estatales (EEUU o Reino Unido), si una compañía decide cerrar su planta, la cierra. No se interviene en el mercado. Lo que debe hacer el Gobierno es abrir la posibilidad para que haya otras tecnologías que sustituyan a las plantas que cierren. Dar más facilidades para que el mercado funcione solo.

Si ya de por sí el mercado está bastante regulado, ahora el Gobierno quiere tomar el control de la generación. ¿No sería más fácil dejar funcionar al mercado? Si una tecnología cara y contaminante quiere cerrar, pues que cierre. Si alguien quiere abrir una nueva central nuclear, pues que la abra. Allá él y sus cuentas. ¿Por qué esa obcecación por querer tener todo controlado?

Esperan dos años de ardua batalla. Hasta marzo de 2019 el Gobierno tiene tiempo. Ahí es cuando tiene que decidir cuál será el mix eléctrico del futuro. A día de hoy Nadal quiere que se mantenga como está, con un poquito más de renovables para llegar al 20% y cumplir con los objetivos europeos climáticos. El resto que se mantenga.

Sin nuclear y sin carbón en el mix dentro de cinco ó 10 años, el precio se dispararía y sería necesaria mucha energía renovable, esa que tan poco gusta en el Paseo de la Castellana.

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