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Sí, ha sucedido. Donald Trump ha ganado las elecciones presidenciales en EEUU. El candidato republicano ha ganado a Clinton la batalla por la Casa Blanca. Ha roto las encuestas y los pronósticos. Los mercados llevaban varios días apuntando una victoria de Hillary Clinton, pero el empresario ha dado la vuelta al marcador.

EEUU es así. Igual se echa a los brazos del esperanzador Barack Obama como lo hace con el estrafalario empresario. Trump ha vencido a Clinton en la mayoría de los estados. En algunos casos por muy pocos votos, pero Trump se ha llevado estados clave como Ohio y Florida.

Además, la victoria de los republicanos en el Congreso y el Senado refuerza el liderazgo de Trump para poder hacer y deshacer a sus anchas durante los próximos cuatro años.

La victoria de Trump es la victoria de los combustibles fósiles. Sin duda, quien sale mejor parado es el sector petrolero. Tanto las petroleras como la industria del fracking ya se frotan las manos con la victoria de Donald Trump.

En el caso español, empresas como Repsol, Cepsa, Gas Natural Fenosa, Técnicas Reunidas y otras empresas de ingeniería se beneficiarán de la victoria republicana. Trump tiene previsto invertir 50 billones de dólares en la explotación de hidrocarburos.

“Ser totalmente independiente de cualquier necesidad de importar energía de la OPEP o cualquiera de las naciones hostiles a nuestros intereses”, ha dicho en campaña el líder republicano.

Trump pretende impulsar la industria de los combustibles fósiles, ser independiente energéticamente y crear miles de puestos de trabajo en el sector petrolero y de gas natural.

Empresas como Chevron, Exxon Mobil, Koch Industries, etc sonríen ante los resultados electorales. Habrá que ver cómo se comportan en el mercado bursátil.

Lloran las renovables

Mientras que el sector de las renovables se echa a temblar, al igual que el planeta entero porque Trump es uno de los grandes líderes negacionistas del cambio climático.

Empresas como Iberdrola, Gamesa, Acciona, Atlantica Yield y algunos proveedores de fotovoltaica se verán perjudicados con la llegada del nuevo presidente norteamericano. Trump tiene previsto reducir los impuestos, y aunque parezca estimulante, eso hace que se corte la financiación por parte de los bancos de los grandes proyectos de renovables. Los créditos fiscales se pueden reducir drásticamente y con ellos pueden desaparecer muchos grandes proyectos de renovables en el gigante norteamericano.

Las grandes empresas del sector de renovables en EEUU tienen un problema importante. Muchas de ellas están sujetas por los bancos, con grandes cantidades de deuda, y cualquier tipo de resfriado podría poner en jaque a algunas de estas empresas.

Efecto latino

Pero la victoria de Trump no solo afectará a los intereses de estos sectores energéticos. También afectará a una región como Latinoamérica donde las grandes empresas del sector enerrgético español están instaladas desde hace muchos años.

Trump ha generado mucho odio hacia lo latino. Tiene entre ceja y ceja reducir el flujo de inversiones con esta región y eso podría afectar a las economías latinas, con lo que conllevaría menos posición inversora por parte de estos países para desarrollar proyectos energéticos, que necesitan de grandes cantidades de dinero amén de una seguridad jurídica a largo plazo.

Marrakech echa a temblar

Trump tilda el cambio climático de “broma”  y su plan energético también obligaría a Estados Unidos a dar un giro brusco sobre el medio ambiente porque quiere retirarlo del pacto climático global acordado en París en diciembre de 2015.  Trump ha dicho que el cambio climático es un engaño y argumenta que el acuerdo de París costaría a la economía estadounidense varios billones de dólares, lo que la situaría en desventaja frente a sus competidores.

Ahora que se celebra la COP22 en Marrakech, la victoria de Trump ha sentado muy mal en el seno de los que luchan contra el cambio climático. Si EEUU se sale del Acuerdo de París eso podría producir un efecto cadena y otros países decidan también salirse para ser competitivo frente a EEUU.

Toda la presión pasa a China, que tras llegar a un acuerdo con la administración Obama para reducir las emisiones, podría también desbancarse y mirar hacia otro lado. Si esto sucediera, la lucha contra el cambio climático serviría de poco si los dos grandes gigantes de la contaminación mundial no piensan apoyarla.

En definitiva, los combustibles fósiles sonríen, las renovables lloran y el planeta se echa a temblar.

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